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¿Estamos locos o qué?

¿Es doña Letizia, o es Cata?

¿Es doña Letizia, o es Cata?

Lo malo de generar altas expectativas con algo (o alguien) es que se corre el riesgo de que ese algo decepcione. Es más, sucede muy a menudo. Tanto se afanó Telecinco en promocionar la serie que cuenta la historia de amor de los príncipes que la decepción ha ido en consonancia con su anuncio a bombo y platillo.

Del argumento decir que provoca náuseas. Al margen de que el príncipe, efectivamente, se enamoró de Letizia y parece que ella de él, los diálogos no pueden ser más de besugos. Parecen sacados de una tvmovie para adolescentes norteamericanos (Patito Feo tiene mejores guionistas).

Los parecidos: salvo el evidente de Letizia con Amaia Salamanca (olé a los de maquillaje) el resto; rey, reina, infantas, consortes e incluso el propio príncipe se parecen lo que un huevo a una castaña. O sea nada. Y ya lo peor: las interpretaciones.

Amaia Salamanca no logra deshacerse de Cata, la sempiterna novia del Duque. Nunca me ha gustado como actriz (esto es muy discutible ya que es una opinión) Me parece que es un cuerpo bonito (demasiado flaca, diría yo) con unos ojazos que quitan el hipo y unas tetas (con perdón) que en la serie de los macarras narcotraficantes enseñaba todo el tiempo en forma de escote de mesonera medieval, pero de actriz que convenza, na de na. En Sin tetas no hay paraíso se la comía la actriz que interpretaba a Jessica y en esta serie no se la come nadie porque hasta los grandes, Marisa Paredes y Juanjo Puigcorbé parecen estar haciendo el canelo en un lugar que no es para ellos ni por asomo (maldita crisis).

El acento exagerado de gangoso del rey me parece ridículo, irreverente y que no viene a cuento. La imagen que se trasmite en la serie de nuestro jefe de Estado es de un tipo ocioso que juega al padel y que, además se pone muñequeras de la bandera de España (de coña) La imagen de la Reina, idem del lienzo, una señora aburrida que se entretiene cuidando a sus perritos y que más que griega parece francesa (por el acento absurdo que le han puesto).

Las infantas: A Elena la ponen ya de morros con su marido al que, por cierto, lo visten como si fuera un gilipichis de Serrano de los años setenta todo el día con el móvil en la mano y con cara de memo (hombre pues no) De la infanta Cristina lo único que han calcado es sus formas de andar un tanto marimachos pero, por lo demás, tampoco mucho parecido.

Y ¿qué me dicen de las conversaciones entre ellos? De traca. Desde Sonrisas y Lágrimas no había visto nada más cursi. Al menos los Von Trap cantaban…

Y ya la traca final el retrato pretendido que hacen del príncipe. Quiero creer que los guionistas, por falta de fuentes fidedignas, dejaron volar su imaginación y retrataron lo que ellos piensan que es un heredero hoy día. Y en ese retrato han dejado ver claramente su inspiración en los hermanos Grimm. Si ese es el príncipe por Dios quiero una república ya. No me puedo creer que un heredero cambie sus planes y organice de un día para otro un viaje a Bagdag porque su novia se va allí a currar una semana. Si esto es así, que Dios nos pille (bien) confesados.

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