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¿Cambio de rumbo?

Soplan por aquí vientos del norte que presagian un cambio de clima. No se pronostican fuertes tormentas políticas: más bien, una brisa tal vez imperceptible, pero que, al final, confirmarían un tiempo quizás distinto.

No se trata, en verdad, de aventurarse en pronósticos meteorológicos, ni siquiera políticos, pero algo distinto parece sentirse en el ambiente en esta parte austral del mundo. Tal vez no sea realista esperar un cambio brusco de timón en la política económica de Kirchner, mucho menos antes de la finalización de su mandato, en diciembre de 2007.

Sin embargo, hay cosas que ya se perciben y que implican un viraje en ciertas áreas de la gestión, como la política exterior: tal es el caso de la enrarecida relación con Venezuela, que sin duda traerá un cambio, positivo, en el vínculo con Washington, como es seguro que la nieve trae el frío, para seguir con las analogías climáticas.

Hace varias semanas que se nota un enfriamiento -sigamos con el termómetro- en la línea Caracas-Buenos Aires, cuyos presidentes siempre hicieron gala de una ostentosa amistad. La gota -no la única- que rebalsó el vaso fue el episodio en que se vio envuelto el desplazado subsecretario de Tierras para el Hábitat Social, Luis D' Elía, un ex dirigente piquetero con fuertes vínculos políticos con el chavismo.

D'Elía, quien está procesado por el copamiento de una comisaría de Buenos Aires y se vio envuelto en una polémica cando irrumpió en un campo de un presunto ambientalista americano y cortó la alambrada para habilitar un camino, hizo una jugada más que tememaria cuando desoyó una orden del propio Kirchner y concurrió a la embajada de Irán a testimoniar su apoyo.

Contrarió así el aval gubernamental al pedido de captura que realizó la Justicia argentina de un ex presidente y otros ocho ex funcionarios de ese país -además de un libanés- involucrados en el atentado a la AMIA, ocurrido en 1994, con el saldo de 85 muertos.

Como era de prever, el ex piquetero salió como rata por tirante del gobierno, pero eso sería sólo una anécdota comparada con un dato que se conoció poco después: según se supo, dos días antes de su polémica actitud, D' Elía estuvo con el embajador venezolano Roger Capella, un diplomático que suele tener fuertes vínculos con organizaciones sociales y de izquierda nativas.

Capella ahora está en Caracas y ya se ha anunciado que no volverá a su puesto en Buenos Aires: igual suerte podría correr la actual embajadora argentina Alicia Castro, otra activa militante de la causa bolivariana. Sus respectivos reemplazantes, según se presume, tendrán un perfil muy distinto.

D' Elía se fue del gobierno -al que había llegado de la mano del secretario de la Presidencia, Oscar Parrilli, y del ministro de Planificación, Julio de Vido- ratificando su apoyo al presidente, pero no dejó de disparar con munición gruesa contra la causa AMIA, avalando la posición iraní en cuanto a que los informes que sirvieron de base a la acusación contra Irán del fiscal Alberto Nisman y el juez Rodolfo Canicoba Corral fueron elaborados por el Mossad y la CIA.

El ex piquetero denunció una 'fuerte intromisión' norteamericana en la relación entre Argentina y Venezuela, algo que a la luz de los primeros resultados no parece muy descabellado. Y aquí está el quid de la cuestión: Venezuela e Irán, como se sabe, son países aliados, tanto en lo político como en materia comercial. Chávez dio su respaldo al desarrollo nuclear del presidente Mamad Ahmadinejad, lo que ya podría haberlo colocado en el 'eje del mal' de Bush si no fuera por el abastecimiento energético que el líder bolivariano le garantiza a Washington.

Kirchner ha dejado trascender su enojo con Chávez, y se lo ha expresado telefónicamente, a punto tal que apenas le ha deseado 'suerte' al caudillo bolivariano ante las inminentes elecciones del próximo domingo en el país caribeño.

Ni Caracas, ni Buenos Aires moverán sus piezas antes de ese acto electoral, que volverá a ratificar 'la revolución bolivariana', pero es posible aguardar novedades no bien se confirme el nuevo triunfo de Chavez en tierras del máximo libertador sudamericano.

Para ciertos sectores (el ala izquierdista del gobierno), los cambios van más allá de la relación con Caracas, en los que se asigna una participación importante a la senadora y primera dama Cristina Fernández de Kirchner. No por casualidad, según esa visión, el portavoz de la Casa Blanca, Tony Snow, se desvivió en elogios hacia Argentina y en especial su Justicia, paradójicamente conocida por su alto nivel de corrupción.

Uno de los artífices de este cambio sería el jefe de Gabinete, Alberto Fernández (vendría a ser el ala derechista de la administración K), a quien se le habría asignado la tarea de acercar a Kirchner a los demócratas norteamericanos, casi seguro los futuros inquilinos de la Casa Blanca a partir de 2008.

La idea sería superar los roces con la administración republicana, el más recordado, en Mar del Plata, cuando Argentina y Brasil bloquearon en la Cumbre de las Américas el ingreso en pleno del continente al ALCA, el área de libre comercio que quiere Washington para la región.

Seguramente que el mejoramiento de las relaciones no conllevará el retorno a las políticas ortodoxas de los 90, y menos el abandono del MERCOSUR para morir en brazos de la potencia del norte.

Pero son sabidos los vínculos del actual partido de oposición en Estados Unidos con el poder financiero. Y entonces, la pregunta que se hacen algunos, cae de madura: ¿Será que Kirchner, cuando estuvo en setiembre en Wall Street, habrá ido a hacer algo más que simplemente tocar la campanita?

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