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Ayudennos a no ser identitarios

Estaremos de acuerdo en considerar que uno de los pilares del programa político del presidente catalán, José Montilla, es huir de las querellas identitarias. El segundo pilar es centrar la gestión de gobierno en los aspectos sociales. A priori, en estas dos líneas coincidirían la mayoría de los ciudadanos de Cataluña y espero que la mayoría de los conciudadanos españoles.

El problema se presenta cuando se intenta fijar la frontera entre lo identitario y lo social, como si la separación fuese clarísima. Yo he estado pensándolo, y no es tan fácil como parece. Me explicaré: en el cinturón industrial de Barcelona uno de los problemas más gordos es el desbarajuste del servicio de trenes de cercanías. Las obras del AVE han puesto sobre la mesa un problema que se iba trampeando y que en román paladino es que el ferrocarril, ahora propiedad de Adif y para todos, aún Renfe, falla más que una escopeta de feria.

Lo dijo mi admirado Vilariño: lo que ha de hacer el gobierno es arreglar el problema porque la ciudadanía va de cabreo en cabreo. Los responsables, con el presidente del gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero en primer término, han coincidido en pedir perdón a los ciudadanos por los problemas del transporte ferroviario. También han dicho que reforzarán los servicios de atención al público, para que no se queden atrapados en medio de un túnel sin saber que hacer, y finalmente, ojo al dato!, que adelantarán una inversión, creo recordar de 48 millones de euros para dotar mejor la red de la zona.

Analicemos el tema: los trenes no fallan porqué si o por molestar a los catalanes. Lo puedo desmentir rotundamente. Los trenes fallan porque coinciden las obras del AVE y porque desde hace unos cuantos años se invierte en esta zona menos de lo que es necesario, por no decir nada. Lo reconocen ahora desde el Ministerio de Fomento.

Una parte de la solución se llama, pues, dinero...¿Y quien tiene ese dinero? En teoría los propietarios del ferrocarril e indirectamente el ministerio de Fomento. Si se tiene en cuenta que el área de Barcelona es una de las que no es deficitaria y, potencialmente, podría incrementar sus beneficios, ¿a qué se debe la anemia inversora? Si hay una respuesta que sea lógica estaría bien que quien debe hacerlo la haga pública, porque, lo que ha anunciado el presidente del gobierno es que se adelantan inversiones, no que se destine ningún dinero extra a estas líneas de tren, o lo que es lo mismo, que dentro de un tiempo el problema se puede volver a presentar.

Si ante un problema como el de cercanías, quien debe actuar, porque tiene todas las competencias, da una respuesta racional, se desactiva cualquier reflejo victimista. Ante una no repuesta o una dilación inexplicable, en Cataluña la reacción es pensar si lo que pasa es una maldición divina o si en otras partes sí que la inversión es suficiente. Y ante una demanda siempre aparece la oferta, es decir los estudios económicos, que aquí la afición a los números es legendaria. Si aparecen trabajos firmados por economistas y/o catedráticos que afirman que a igualdad de demanda y de situación económica, la opción del sector público opta por unos territorios y no da respuesta a otros, tenemos a punto la querella que fácilmente puede dar munición a las posiciones identitárias de todo signo.

Se sabe que en Cataluña existe la voluntad gubernamental de intentar solucionar los problemas con cierta racionalidad. Me da que sería importante que desde el gobierno central, que ha de ser de todos, por lo menos se entre en el diálogo y se mire de buscar una solución, que si no es inmediata pueda ser suficiente ahora y buena en el plazo pactado. En caso contrario aparecen los fantasmas de siempre ..y se reclama la transferencia del servicio,.. y se responde a ello que se quiere cuartear España, y la réplica es que además de la titularidad hace falta el dinero, y se pone en marcha de nuevo la espiral...

Y todo pasa en un país en el que finalmente todo se sabe y en el que se dan contradicciones que al ciudadano que pierde una hora más de la cuenta en ir desde su localidad al trabajo en Barcelona le suenan inexplicables, como que Adif, esa compañía de mayoría pública que no invierte lo suficiente en su propio país y en una línea con beneficios, presente una oferta mil millonaria (en euros) para intentar gestionar la inmensa red ferroviaria de China, y este ciudadano piensa que le toman el pelo. Si en ese momento alguien la sopla alguna proclama, el malestar está servido.

La consecuencia sería pedir que todo el mundo ponga lo que corresponda de su parte y que, por tanto, nos ayuden a no ser indentitarios.
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