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Europa somos todos

Europa somos todos

Sin pensárselo dos veces, muchos articulistas han desatado una vez más su crítica feroz contra la Unión Europea al hilo de las movilizaciones por la democracia que desde principios de año sacuden a diversos países árabes, empezando por Túnez y Egipto.

La sentencia parece estar dictada y no atiende a muchas razones: la UE no ha hecho nada en pro del avance del estado de derecho en esos países y hoy debería ponerse al frente de la demanda internacional para la salida del poder –si es que no se han ido aún- de los autócratas, sin más matices.

Algunos van incluso un poco más allá y afirman que son los Estados Unidos quienes verdaderamente se están pronunciando con claridad en estos momentos tan convulsos como esperanzadores. Tanto, que la UE debería aprender de Washington de una vez por todas.

Con la legitimidad de haberme reunido como eurodiputado y portavoz socialista en la Asamblea Parlamentaria Euromediterránea con la oposición democrática tunecina y egipcia en sus países y fuera de ellos cuando poco se informaba en Occidente de sus planteamientos, me gustaría hacer algunos apuntes a la citada crítica feroz.

  • Primero: Europa somos todos. Los que acusan hoy a la UE de no haber dicho nada a lo largo de décadas, deberían preguntarse a sí mismos qué han dicho los medios de comunicación europeos y sus comentaristas. El resultado es sencillo: poco o nada.
  • Segundo: Europa debe defender y defiende la democracia y los derechos humanos en todo el Mundo. Lo lleva haciendo mucho tiempo: con declaraciones y con hechos, como, por ejemplo, los programas de promoción del estado de derecho, la sociedad civil o la lucha contra las desigualdades sociales en el marco del Proceso Euromediterráneo iniciado Barcelona.
  • Tercero: Europa no puede ni debe imponer cómo ha de ser el futuro de un país, algo que únicamente corresponde decidir a sus ciudadanos. ¡Vayamos ahora a convertirnos en nuevas metrópolis coloniales cuando la herencia del imperialismo europeo pesa y pesará mucho tiempo como una losa sobre el porvenir del mundo árabe!
  • Cuarto: si uno comprueba lo que dicen el Departamento de Estado norteamericano y la UE, la diferencia es prácticamente inexistente. Algo lógico porque se comparten análisis, valores, intereses y objetivos. Y eso es bueno, porque lo ilógico sería una carrera para ver quien la dice más fuerte.
  • Quinto: la mejor manera de ayudar a que la democracia termine haciéndose realidad es actuar con inteligencia, abriendo y manteniendo cuantos canales de comunicación sirvan para conseguir transiciones pacíficas y ordenadas.
  • Sexto: la UE debe apostar por la democracia y los derechos humanos con tanta fuerza como dejar meridianamente claro que no pueden ser sus interlocutores quienes tienen como objetivo explícito o implícito la implantación de regímenes medievales basados en el fundamentalismo religioso y, en consecuencia, contrarios a las libertades fundamentales.
España está jugando el mismo papel que siempre ha sido útil para el conjunto del Mediterráneo. Y, sobre todo, debe estar preparada para volcar toda su experiencia en las transiciones que siguen a la caída de regímenes autoritarios. La nuestra hacia la democracia –ahora, a veces, tan injustamente denostada- ha servido de ejemplo en muchos casos y puede seguir haciéndolo.


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