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Nuclear, no

   Quienes voten en las próximas elecciones o en las siguientes al Partido Popular deben saber que está nítidamente a favor de las centrales nucleares, cual en los últimos días y con escasa sensibilidad y pertinencia se ha encargado de recordar, y quienes voten al PSOE, también, a menos que, pues éste último gobierna, convoque un referéndum para que los ciudadanos decidan si los supuestos beneficios económicos de la energía nuclear les compensa, a ellos, a sus hijos y a la naturaleza, de sus evidentes peligros. Por último, hay otros "quienes", los que aconsejan que la gente no se forme una opinión sobre el particular ni se debata nada "en caliente". A estos acaso sea inútil recordarles que los que están calientes, calientes y arrojando radiación a la atmósfera, son las plantas nucleares japonesas, alguna de las cuales arde, literalmente, por los cuatro costados.    Pero si el Partido Popular miente cuando dice que la opción por lo nuclear es cosa de los "científicos", pues es obvio que se trata de una decisión política, o económica, que tanto da, también lo hace el presidente Rodríguez Zapatero cuando asevera que la cuestión hay que situarla en el terreno de la racionalidad, y no en el ideológico. En realidad, no es que mienta, sino que la perogrullada es de tal calibre que parece mentira: es precisamente la razón la que dictaría prescindir de una santa vez de ese tipo de generación de energía que, como estamos viendo, puede devenir en incontrolable y letal. Hasta el comisario europeo de energía o Ángela Merkel, tan poco sospechosos de izquierdismo anti-nuclear, le han visto las orejas al lobo, y por un simple prurito de supervivencia, el primero ha calificado de apocalíptico lo que ocurre en Japón, y la segunda ha ordenado el cierre, de una tacada, de siete plantas nucleares en suelo alemán.    Aquí no sólo se ve que las eléctricas mandan mucho, sino también que hay una porción de gente que, rebasando su opinión personal, está dispuesta a defender sus intereses, que no son, desde luego, los de la humanidad. "Aquí eso no puede pasar", dicen. ¿Por qué no aquí o en cualquier otro sitio de esta Tierra cuyas entrañas buscan permanentemente su acomodo? ¿Por qué no de nuevo un terremoto y un tsunami como los que destruyeron Lisboa y sacudieron la Península en 1755? En frío y en caliente: Nuclear, no. - Lea también: Dos reactores más necesitan bombeo de agua en Fukushima
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