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Guerra en ‘Empresa Familiar Castilla y León’

Guerra en ‘Empresa Familiar Castilla y León’

La Asociación Empresa Familiar de Castilla y León vive un lío de lo más rocambolesco sobrevenido como consecuencia de otro follón señero: el de Galletas Gullón, la empresa palentina de Aguilar de Campoo. Por si a algún lector de El Topillo se le ha olvidado recordamos ese cisco. En octubre de 2009 el Consejo de Administración de la galletera despidió por “deslealtad a la compañía”, entre otras lindezas, a José Miguel Martínez Gabaldón. A partir de ahí se preparó un follón que ni Falcon Crest. Fue nombrado entonces Director General de la empresa Félix Gullón, el hijo menor de María Teresa Rodríguez Sainz-Rozas, pero la entonces presidenta y principal accionista siguió apoyando a Gabaldón en contra de sus hijos, excepción hecha de su hija Lourdes Gullón, que se puso del lado de su madre.     Después de una larga serie de hechos que podrían ser el guión de una serie televisiva, la cosa terminó dándose la vuelta. El juzgado número 2 de Palencia condenó a Galletas Gullón a readmitir a su exdirector general e indemnizarle con 8.239.832 euros (una cifra que no ganamos algunos todos los días) por considerar el despido improcedente. Después vino el famoso Consejo Extraordinario de Administración dentro del Mercedes en que María Teresa, Gabaldón y Lourdes (con más del 80% del accionariado) disolvieron el consejo gobernante y trasquilaron a Félix como máximo ejecutivo, quedando entronizado de nuevo Gabaldón al frente de la empresa.       Se preguntarán ¿Qué tiene que ver todo esto con la Asociación Empresa Familiar de Castilla y León? Pues que Félix Gullón, en su tiempo de máximo ejecutivo de la galletera, pidió durante su mandato ser admitido en dicho club selecto de empresarios, donde existe la capacidad de veto de sus asociados ante la llegada de otros. Félix pidió el ingreso porque el posible vetador, o vetadores, iba, o iban, a dar el visto bueno a su ingreso. El tema estaba ya muy avanzado, prácticamente aprobado por los órganos competentes de Empresa Familiar de Castilla y León, cuando se produjo el cambio de cromos de Félix por Gabaldón. Es ahí cuando se produce el problema porque en Empresa Familiar alguien no quiere ni verlo.      Pero como la clave no son las personas, sino las empresas a quienes representan esas personas, el follón se empezó a servir. El bueno de Ginés Clemente, el presidente actual (cambian cada dos años) de Empresa Familiar de Castilla y León, y la Ejecutiva entera, están dándole vueltas y más vueltas al problema. En este club está parte de lo más granado de los empresarios de esta tierra, como los anteriores presidentes José Vega (Incosa), Carlos Tejedor (Dibaq), Sebastián Arias (Indal) o el galletero Juan Manuel González Serna, por citar a algunos. El objetivo central de este club selecto y selectivo es la búsqueda de formas de gestión que favorezcan la continuidad de la empresa familiar. De momento bastante tienen con solucionar el problema Gabaldón y Galletas Gullón, una empresa que, no obstante, y a pesar de los pesares, va como un cañón.
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