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A Rubalcaba le encargan 'un milagro laico'

A Rubalcaba le encargan "un milagro laico"

Con toda seguridad, los rostros más observados durante la sesión del Comité federal de este sábado eran los de Zapatero, Rubalcaba y Carme  Chacón. El primero, porque hacía un discurso de explicación, justificación y disculpas por los resultados electorales del día 22, que a él mismo le invitan a retirarse “cuanto antes”, aunque sin forzar los calendarios. Zapatero tenía fácil la sucesión en Pérez Rubalcaba, por razón de la oportuna retirada de “la mujer triste”, tristísimo, que participaba también en el comité, Carme Chacón, y que apenas recibió algunos elogios a su responsabilidad por saberse retirar y esperar a tiempos más oportunos. Chacón es la indudable perdedora del momento, tras anunciar que se iba sin haber anunciado antes que participaba en ese juego y en esa carrera electoral. En cuanto a Rubalcaba, es el personaje del momento, en quien confluyen muchas esperanzas del partido, y muchos recelos de sus opositores. Javier Arenas, en la primera descalificación total del candidato, lo definía como “lo contrario al cambio” que parecen haber solicitado los electores. Es cierto que Rubalcaba llega a ese liderazgo progresivo –primero, candidato, y ya le llegará, probablemente más adelante, la secretaría general- en un momento que conoce bien, después de una de las derrotas más dolorosas que haya tenido que encajar el PSOE en mucho tiempo, y con muchas dudas sobre si podrá remontar esos niveles a los que le redujeron la crisis, sus soluciones y sus casi cinco millones de parados. ¿Será posible remontar este partido dificilísimo, cuando ya Rajoy y el PP empiezan a cantar victoria y reclaman para sí el palacio presidencial y los sillones delanteros de Congreso y Senado? Esa es la muy difícil tarea de Rubalcaba, para la que ya ha venido preparándose en los últimos meses, como número dos de Zapatero. Pero nadie duda de que Rubalcaba, que ya roza los 60 años, y que tiene tras de sí una trayectoria de esforzado superviviente, tendrá, al fin, su gran oportunidad o su final, como aspirante a la presidencia del Gobierno después de más de dos décadas de obtener su primera cartera en un Ejecutivo. Conseguir llegar a la Moncloa, nadie lo duda, es un reto mayúsculo. Pero en su partido, y Rodríguez Zapatero confían en que "diez meses sean suficientes" para sacar al PSOE del fondo de un abismo de derrota al que le condujo la derrota electoral del día 22. ¿Con qué cuenta, y qué puede faltarle a Rubalcaba, para esta tarea hercúlea que le fue encomendada este sábado, y que ha aceptado con ilusión? Tiene, de antemano, su propia experiencia personal, que habrá de ser de gran utilidad. ¿Se imaginan un cara a cara  de Rubalcaba con Rajoy “a calzón quitado”? Pues eso, habremos de verlo. Tiene su propia ilusión y capacidad de esfuerzo, y tendrá el apoyo de la militancia socialista, que ha quedado, en estas elecciones de mayo, desilusionada y confusa. Y sobre todo, deseosa y necesitada de recuperarse. Un viejo partido de más de cien años no puede verse, como se ha llegado a ver en las últimas semanas, poco menos que en trance de extinción por culpa de un traspiés electoral. Eso sí, tienen que, por lo menos, empezar a cambiar alunas cosas, y sobre todo, la tendencia relativa a la destrucción-creación de empleo.¿Hay fórmulas y procedimientos para cambiar esa dolorosa tendencia que hemos venido padeciendo en los tres últimos años, y que han conducido desde el siete al veinte por ciento de parados? Rubalcaba tendría que, tal vez hacer algún fichaje de un “sabio” que dé confianza y fórmulas magistrales. Luego, algunas “reformas sobre reformas”, como la del  mercado laboral o la negociación colectiva, que demuestren que hay firme voluntad de que todo empieza a cambiar con la mayor urgencia.  Tampoco estaría mal que Rubalcaba y su equipo se aproximen a los “indignados del 15-M” y tomen de ellos alguna propuesta de reforma que bien pudiera incorporarse a la revisión que se haga del programa electoral del PSOE. No hay duda de que hay en ese grupo de los indignados una fuerza, y algunas ideas, que valdría la pena aprovechar para que no toda esa exhibición de fuerza quede en nada. Y finalmente, en estos diez meses frenéticos, Rubalcaba podría empezar a comprobar que ETA, por virtud de la legalización de Bildu, ha empezado a desaparecer, o ha desaparecido totalmente, después de medio siglo de violencias de todo género. El núcleo vasco de los Patxi López, Ares, Sancristóbal, Jesús Eguiguren, podría aportar esa magnífica baza electoral. Y por supuesto, a Rubalcaba corresponderá un debate permanente y a cara de perro con los populares, que han llegado a creer que la victoria ya estaba en su balcón de Génova, de manera irremediablemente. Rubalcaba es un experto en pelear hasta el último momento y doblar el brazo al adversario en los minutos finales. Es lógico que desde el Partido Popular se haya valorado con dureza su nombramiento. Precisamente demuestra que no les gusta nada  la elección, que era la peor de las posibles. Han recurrido al "dedazo", para poder comparar el caso con la designación de Rajoy por Aznar, para calificar su encumbramiento. ¿Cómo ilusionar a los militantes y en definitiva, al electorado tras el revés de las municipales? Rubalcaba aseguró: "no vamos para obtener derrotas dignas sino victorias democráticas". Y también: "voy a presentarme porque soy consciente de que el partido me lo ha dado todo [...] Lo voy a hacer por mis ideas, que son las que he tenido toda mi vida; por la gente que nos mira, nos escucha y que está esperando que le demos razones para volver y, tercero, por los militantes que defienden nuestras ideas en los sitios más difíciles". No hay duda de que puede haber comenzado un tiempo nuevo. Así lo esperan los militantes socialistas y así lo temen los militantes populares. Pero a veces hay “milagros laicos”
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