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Fernando Jáuregui

Urge una crisis de Gobierno para la recta final

Urge una crisis de Gobierno para la recta final

Absortos como estaba (están) en su propia crisis interna, los responsables socialistas descuidan algunos aspectos relacionados directamente con la gobernación de los ciudadanos. Resulta difícil no percibir las ausencias, totales o parciales, de algunos titulares de ministerios en momentos clave. Como no queda más remedio que escuchar las quejas de algunos colectivos que se sienten, real o ficticiamente, ‘abandonados’ por sus ministros. No hablo solamente de algún colectivo de policías, que ha aprovechado el ‘ascenso’ de Pérez Rubalcaba a la cabecera de la candidatura socialista para criticar el ‘abandono’ en el que susurran que se sienten. Ni hablo apenas, desde luego, de algunos sectores militares, a quienes ha gustado más bien poco, dicen en voz baja, el trayecto de ida y vuelta de Carme Chacón por el mundo envenenado de las primarias internas en el PSOE. Entiendo que esas quejas, esas en concreto, puedan estar fomentadas desde ámbitos de la oposición política, y que podrían ser lamentos interesados, aunque me parece que no del todo injustificados. Pero ¿qué decir de la ausencia palpable de la ministra de Sanidad, Leire Pajín, ante la ‘crisis del pepino’? ¿Cómo es posible que aún no se haya creado un gabinete de crisis en el que intervengan Sanidad, Agricultura -la titular de este Departamento, Rosa Aguilar, sí ha dado pronta respuesta a los ‘excesos verbales’ alemanes- y Exteriores, al menos? Y ¿dónde están el vicepresidente tercero, o el ministro de Fomento, tan ocupados ambos con la recta final de las elecciones que hay días en los que muchos funcionarios aseguran que ni se les ve por el despacho ministerial? Son, me parece, evidentes las disfunciones de un Ejecutivo que necesita más coordinación, menos preocupaciones partidistas y más afán en el cierre de algunas reformas que van urgiendo. Y conste que hay notables y meritorias excepciones a esta evidencia: ahí están la vicepresidenta económica, o el ministro de Trabajo, o el de Justicia, por poner apenas tres ejemplos, que sí nos dan la sensación de estar, con plena dedicación, en el tajo que les corresponde. Comprendo que las ansiedades derivadas de una (pre)campaña electoral en principio tan larga como la que se nos echa encima -yo sigo pensando que va a ser difícil agotar la Legislatura- fuercen a dedicar mucha atención y muchas horas a temas como la preparación de esa importante conferencia política que el PSOE celebrará en otoño, o a recorrer las federaciones tratando de motivar a la militancia. Y entiendo asimismo que el vicepresidente primero no tenga que abandonar este cargo para, al tiempo, dedicarse a esta campaña; pero carece de sentido que acumule, a su vez, la enorme carga que conlleva el Ministerio de Interior, que hasta ahora ha desempeñado, a mi juicio, con acierto. Y lo mismo digo de otros altos ejecutivos del PSOE con funciones ministeriales. Urge, entiendo, una remodelación profunda de este Gobierno con el que me parece que Zapatero no debería intentar agotar la Legislatura: ha llegado la hora de los técnicos para culminar las asignaturas pendientes. Y los políticos puros, a preparar el futuro, no a gestionar el presente.
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