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Las casi lágrimas de Barreda

Las casi lágrimas de Barreda

El presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, casi llora en su toma de posesión. Ante unas ochocientas personas, en el claustro de San Pedro en Toledo, con Pérez Rubalcaba y Manuel Marín acompañándole en el estrado, Barreda dedicó casi todo su discurso, o lo más importante de él, a hablar de su mujer, Clementina de Valdeón, dirigente socialista y con la que empezó a salir cuando tenía diecisiete años. Todo el mundo sabe que son una pareja especialmente unida y se les ve con frecuencia juntos en los actos institucionales. La verdad es que Barreda, considerado un hombre sencillo y afable, puso un nudo en la garganta de quienes allí estaban con su infrecuente discurso, exento de toda grandilocuencia.

También Manuel Marín fue aplaudido cuando apeló al consenso en temas fundamentales, como política exterior, la lucha contra el terrorismo o la seguridad. El presidente del Congreso fue el único que se acordó de la representante de la oposición, Dolores de Cospedal, que, muy educadamente, asistía al acto.

Rubalcaba, en su parlamento, salió del paso como pudo y desapareció raudo, por si los periodistas le asediaban a preguntas indeseadas, que ahora mismo son casi todas para él.

Y, por supuesto, por allá andaba también José Bono, muy contento, se supone, con la sentencia judicial exculpando a los dos policías que llevaron a declarar a dos militantes del PP tras los zarandeos al entonces ministro de Defensa en una manifestación de los víctimas del terrorismo.

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