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El consabido mesianismo rancio aparece entre los 'indignados'

El consabido mesianismo rancio aparece entre los 'indignados'

Este inmenso e inútil 'happening' que está siendo la campaña de los autodenominados 'indignados' prosigue con nuevas entregas de la película que ya habíamos visto otras veces. Ahora van a dejar la acampada de la plaza de Catalunya, se supone, pues la mayoría así lo ha decidido. Lo que pasa es que como todo el tinglado parece haber sido organizado por una tal Bernarda -y no vamos a decir con qué parte de su cuerpo: entienda el lector por dónde van los tiros- tampoco es segura la desocupación. Pues hay quien se resiste a la misma y, con los preceptos conocidos desde el principio, que ya no se sabe si la individualidad se integra en la colectividad o viceversa, pues tampoco hay autoridad moral para decir que no decida seguir apalancándose. Pero el caso es que hay algunos que ya parecen buscarse el hueco mediático para cuando toda la 'movida' quede en el olvido y pretenden lanzar frases para la historia, a la vez que erigirse en líderes. Como uno que ha instado a los aún resistentes a que sigan la consigna mayoritaria, pues "la plaza la tomamos todos, la tomó el pueblo, y ahora hemos decidido asambleariamente irnos. Quedarse sería robarle la plaza al pueblo". Francamente, era mucho mejor esa perorata final de Gerard Depardieu en Novecento, aunque sus receptores no entendieran nada, que ésta de quien -y no diremos su nombre: si quiere publicidad, que se la pague- se piensa que hoy ya ha pasado a los anales de la fraseología revolucionaria cuando su mensaje está más visto que el tebeo. Ah, y eso de que "la plaza la tomamos todos", a lo sumo 600. La ciudad tiene más de un 1.600.000 habitantes y la mayoría aún no es consciente de haber tomado nada.
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