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El peligroso silencio de la esfinge

El peligroso silencio de la esfinge

No hay más que ver cómo concluye la semana: con un alcalde de Bildu –esa coalición que dijo que los Reyes son “seres” que no representan a la ciudad—tomando posesión en San Sebastián; con casi cuatro mil socialistas abandonando, con sus pertenencias en cajas de cartón, sus despachos municipales. Y, por último pero no lo último, con lo que parece ser una importante tormenta interna en el Consejo de Ministros a cuenta de una extraña reforma de la negociación colectiva, que pone fin –en teoría, claro, que no en la práctica—a la reforma laboral. “Ya nada es lo que era”, me comentaba este sábado, entre irónico y entristecido, un miembro representativo del PSOE que, rara avis, estrenaba despacho oficial. Sí, nada es lo que era: la constitución de nuevas corporaciones municipales amenizada con la presencia de miembros del colectivo ’Indignados’ a la puerta; extraños compañeros de cama para constituir ayuntamientos; la muchachada de Bildu del otro lado del mostrador, es decir, del que tiene poder, en tantos ayuntamientos…y la constatación de que el Gobierno de Zapatero hace lo que tantos socialistas en tantas localidades: se bate en retirada. Lo menos que se puede decir es que esta ha sido una semana muy mala para quienes aún tienen las riendas de este país llamado España. Un país en el que, por cierto, se extiende el griterío pidiendo unas elecciones anticipadas. No falta quien diga –no puedo constatarlo—que Zapatero está a punto de dar su brazo a torcer y ya hasta se habla de finales de noviembre –no el 20, claro, por obvias razones ‘históricas’--, en lugar de marzo, para esta marcha a las urnas. Me parece que, también en esto, es urgente ya una comparecencia de Zapatero –no podemos esperar hasta el debate sobre el estado de la nación—para explicar qué quiere hacer con un Gobierno que no estuvo a la altura en la ‘crisis del pepino’, que carece de representatividad internacional. Y que, para colmo, anda a la greña a la hora de reformar la normativa laboral, como impone la salud del mercado de trabajo y, sobre todo, como impone la Unión Europea, representada por el rostro entre severo y maternal de Angela Merkel; sí, a la greña, como lo demuestra una reforma híbrida, criticada por todos y que deberá ser necesariamente enmendada a fondo a su paso por el Congreso. Creo que por primera vez en mi vida he visto filtraciones completas de una sesión del Consejo de Ministros, detallando el enfrentamiento entre el presidente, el vicepresidente y el ministro de Trabajo a cuenta de las ‘cesiones’ obligadas a la patronal, es decir, a la UE, en esta difícilmente comprensible reforma laboral en la que estamos embarcados.  Sí, Zapatero, que sigue siendo el presidente del Gobierno aunque a algunos les cueste creerlo, tiene que dar muchas explicaciones: si va o no a cambiar a un ministro del Interior que es absolutamente incompatible con otras funciones y que, tal vez por eso, él, que ha sido un magnífico titular de este Departamento, permitió la carga policial del pasado jueves contra los del 15-M en Valencia; si la reforma aprobada el viernes por el Consejo es un mero acto cosmético para llevárselo a la señora Merkel el próximo día 23 en el Consejo Europeo que daría a España unas palmaditas por el trabajo realizado…Y sí, nos tiene que decir ya si, como empieza a pensar todo el mundo, va a adelantar las elecciones. No se puede prolongar la inseguridad jurídica, ya bastante acentuada con las idas y vueltas sobre la aplicación de los ERE, como más reciente ejemplo, también a esto: y es que hay muchas decisiones, económicas y no solo, pendientes de cuándo se celebren los comicios. Es más: salvo por el trasiego en los despachos municipales y por la trashumancia de los manifestantes de la indignación, yo diría que se percibe un estancamiento en el país. Una cierta galvana, peligrosísima, a la espera de acontecimientos. En casi cuatro décadas como cronista político, pocas veces había visto un panorama moral así, tan desencantado. Las cosas no pueden seguir como están ni siquiera hasta que se celebre ese debate sobre el estado de la nación en el que ZP debería aprovechar para anunciar sus planes, y tal vez para acelerarlos. El silencio de la esfinge, como si todo siguiera siendo igual y la nación no estuviese pidiendo a gritos cambios en profundidad, es, acaso, lo más nocivo en estos momentos. [email protected] Lea también: Im-presentable: ¿Podrán ir los Reyes a San Sebastián? Exclusivo: ¿Y el secreto de los Consejos de Ministros?
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