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Obama no avala utopías

Obama no avala utopías

Me tocó moderar esta semana, en una universidad de verano, una mesa redonda con presidentes y expresidentes de varias autonomías. Al extremeño Guillermo Fernández Vara, a mi juicio uno de los más sólidos valores con que cuenta el PSOE, por mucho que haya perdido el gobierno de su Comunidad, le preguntaron si cree en un gran pacto entre socialistas y PP tras las elecciones. “Nadie ha escrito que tenga que ser después de las elecciones”, respondió Vara. Y tenía razón: ese pacto, imprescindible, por el que tanto suspiran tantos, no tendría por qué aguardar al resultado de los comicios, sean cuando sean. Imagine usted este escenario utópico: Rubalcaba anuncia que, sea cual fuere el resultado de las elecciones, se compromete a un pacto de amplio espectro con el ganador, para ayudarle a sacar adelante reformas en profundidad que sirvan para mejorar el estado económico, político y moral de la nación. O imagine usted que quien da este primer paso es Mariano Rajoy. Y que la otra parte acepta. Es más: puestos a ser utópicos, imagine que Zapatero tercia y dice que, a la vista de cómo anda el patio, y de que todo el mundo parece querer un adelanto electoral, quiere pactar con Rajoy la fecha de las elecciones, a cambio de que el líder del PP se comprometa a respetar los tiempos de las reformas urgentes ya en trámite. Siga imaginando usted el efecto que este anuncio bilateral hubiese tenido sobre el ahora decrépito ánimo moral de la nación. Y, puestos a imaginar, piense en cómo hubiesen subido las acciones de la marca España en, por ejemplo, la pasada ‘cumbre’ de líderes europeos: nuestro país hubiese sido puesto como ejemplo por todos y para todos. Ya sé, ya sé que los dirigentes políticos encontrarían decenas de motivos para no hacer tales anuncios y para ridiculizar a los insensatos (somos muchos, que conste) a quienes se nos ocurre sugerirlos. Ya sé, ya sé que hoy por hoy lo que prima es lanzarse munición a la cara, trajes contra faisanes, y no llegar a un acuerdo ni siquiera para renovar al director de Radiotelevisión Española, y no digamos ya nada de los miembros del Tribunal Constitucional o del Defensor del Pueblo. Ya sé, ya sé, que todas las esperanzas se cifran en la batalla preelectoral, en lo que los asesores de Obama digan o no sobre el color de las corbatas o sobre el acaparamiento de mensajes en las redes sociales. Y es que los que asesoraron a Obama y que ahora vienen en auxilio del sucesor de Zapatero, lo mismo que los que deciden que Rajoy está mejor sin corbata y con la barba entrecana, no entienden de utopías ni de anhelos ciudadanos: ellos también vuelan bajo, muy bajo. Pero le aseguro a usted que la nueva era llama con tanta fuerza que no quedará otro remedio que llegar a ese gran pacto al que mucho antes había llegado, por poner un caso, esa admirada Alemania cuya legislación en todos los órdenes queremos ahora copiar. En fin: como decía aquella pancarta de mayo del 68, ahora adoptada por esos jóvenes del 15-M que marchan nuevamente, indignados con el espectáculo político, sobre Madrid: “seamos realistas, pidamos lo imposible”.
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