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Reapareció en Valencia, fue volteado espectacularmente por el quinto toro, se jugó la vida y cortó un trofeo

El 'mesías' de la Fiesta, José Tomás, dicta una nueva lección de valor y torería

El 'mesías' de la Fiesta, José Tomás, dicta una nueva lección de valor y torería

El presidente del festejo fue duramente abroncado por no darle la segunda oreja que le abría la Puerta Grande

José Tomás sigue siendo José Tomás. No es una perogrullada. Si alguien tenía alguna duda tras estar al borde de la muerte hace 15 meses por una tremebunda cogida en México, el de Galapagar ya se ha encargado de despejarla en su gloriosa reaparición de este sábado en Valencia. Su derroche de testosterona, y pureza, tras ser volteado espectacularmente por su segundo, rayaron la heroicidad y le pusieron de nuevo en el altar de esta religión compulsiva que es la Fiesta.Los espectadores teníamos ahogado el corazón por el miedo mientras el 'mesías', que sigue siéndolo, continuaba fiel a sí mismo jugándose la vida en una faena con altibajos estéticos pero plena de valor y ética. Arturo Saldívar, también muy entregado y con el mejor lote, cortó un trofeo de cada enemigo y salió a hombros y Víctor Puerto, que se lució con la belleza de su capote, fue ovacionado. Se lidió un encierro de El Pilar, bien presentado pero justísimo de fuerza y de casta y con máxima nobleza. La depauperada Fiesta está de enhorabuena: su indiscutible sumo sacerdote vuelve a oficiar. Amén.
La tragedia pudo llegar de nuevo para José Tomás cuando inició su labor al quinto de la tarde, al que citó desde distancia kilométrica y con el que no rectificó terrenos por ese valor inhumano que le caracteriza cuando el burel, Duilcero de nombre, se olvidó de la flámula y fue a por el coletudo. El 'mesías' voló, se estrelló contra el suelo y allí le buscó el bicorne sin acertarle sin que nadie se explique aún porqué. Había sensación de grave percance y el público, con una especie de aguja clavada en el esófago, maldecía. Pero el de Galapagar, visiblemente disminuido, se deshizo de las asistencias y volvió casi roto el cuerpo pero con el ánimo a tope. El clamor fue unánime,las ovaciones restallaban y la gente se abrazaba, incluso con aquellos que no conocían. José Tomás no se inmutó, no se traicionó. Fiel a su estilo, intentó la máxima pureza: con distancia al bicho, el cite con el medio pecho, la pañosa 'planchá' por delante, cargando la suerte, sometiendo su embestida con los pitones rozándole los alamares y quedando colocado para ligar el siguiente pase.. Manoletinas escalofriantes y gaoneras de infarto Hubo altibajos artísticos, sí, porque 'Dulcero', noble como todos sus hermanos, derrotaba y a veces se quedaba a mitad de recorrido, pero José Tomás insistió cada vez con más verdad y autenticidad por ambos pitones mientras la emoción y el miedo dominaba al público. Se adornó con alguna trinchera y concluyó junto a tablas con escalofriantes manoletinas antes de enterrar la tizona, que quedó algo desprendida. Y llegó el clamor, la petición efusiva de trofeos, la concesión de sólo uno. Quizás reglamertaria en la forma pero no en el fondo, máxime en un coso tan torerista donde se han regalado a otras figuras con corriditas de peor presencia y con bajonazos horrorosos. Oreja de más o de menos, qué más da. La lección, incluyendo unas gaoneras de infarto en el segundo tercio, estaba explicada: torería a tope, ética máxima y estética amplia. Como con su primero, al que extrajo momentos cumbre en redondos, menos lucidos al natural, donde el animal se resistía y que finalmente se tragó con otro derroche de valor del 'mesías'. Pero el bicorne fue a menos y la estocada trasera y tendida limitó el premio a una fuerte ovación. La lección iba a venir después. Saldívar: dos grandes espadazos El mexicano Arrturo Saldívar aprovechó su oportunidad en esta especie de nueva 'corrida del milenio'.y también con las armas tomasistas de la quietud y el desprecio a la vida -aunque con lógica menor carga de clasicismo-, más su acierto con el estoque con dos magníficos espadazos hasta las péndolas, echó en su esportón una oreja de cada bicorne y salió a hombros. Víctor Puerto hizo lo más artístico con el percal, al recibir al que abrió plaza con verónicas suaves, mandonas y cargadas de quilates artísticos, que abrochó con sendas medias barroquísimas y belmontinas. Comenzó la faena, brindada a José Tomás, de hinojos a base de redondos con temple y ligazón. Pero las fuerzas del toro se fueron acabando y la faena también. El cuarto, el más ofensivo de cara, era a la par el más inválido, y el manchego cumplió. En resumen, Vañencia 23-J, día importante para la Fiesta por la reaparición del 'mesías' de siempre, que justificó tanta expectación y se subió de nuevo. a la cima de los altares táuricos. Ahora hay que verlo con más toro que el de Valencia, aunque haya sido el encierro de mayor trapío de toda la Feria, a diferencia de lo que mataron el resto de figuras. Pero esas son otras historia. Valencia, 23-J y olé. Lea también: Las luces y sombras del sumo sacerdote del toreo. Por E.Martínez Vídeos: El regreso de José Tomás en Valencia José Tomás, corneado en México Todos, con José Tomás
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