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Una prima con demasiado riesgo

Una prima con demasiado riesgo

Llevo varios días casi enclaustrado en un pequeño pueblo de la Andalucía más profunda, en plena campiña jiennense, rodeado del tópico mar de olivos que le dan un carácter único y grandioso al paisaje y una tranquilidad en cierto modo excesiva. Es un pueblo con título de ciudad con mucha historia, con un pasado glorioso, plagado de figuras señeras, un presente bastante anodino y un futuro muy, muy negro, anclado por la nefasta política agraria de la Unión Europea. Y el obsesivo monocultivo del olivar. Visto desde fuera no es sino otro más de los enclaves que, allende Despeñaperros, llaman el “granero de votos” del PSOE, es decir, un lugar donde, un año tras otro, los socialistas se perpetúan en el gobierno municipal del Ayuntamiento como la única opción posible gracias al puñado de votos que conllevan las subvenciones públicas, un excesivo y omnipresente recuerdo de la guerra civil y la atonía por el posible cambio que ya han iniciados otros pueblos cercanos. Dios me libre de criticar la opción adoptada por la mayoría de mis convecinos que son muy dueños de hacer lo que les venga en gana y a quien, como dice el dicho, Dios se la dé, San Pedro se la bendiga, pero sí me preocupa la falta de ilusión que detecto entre buena parte de mis paisanos, comenzando por los propios jóvenes deseosos de emigrar en busca de un futuro más predecible que el del campo que les rodea. El fantasma de la emigración de los años sesenta, con la vista puesta en Alemania, Suiza o Cataluña, vuelve a sobrevolar el campo andaluz como si no hubiese pasado el tiempo de la autarquía y la dictadura franquista. El estado del bienestar, tan pregonado por algunas fuerzas políticas de perenne mando en plaza, se está derrumbando como un castillo de naipes por el excesivo gasto que ninguna economía puede soportar por demasiado tiempo sin acabar cayendo en la quiebra. Estos días críticos de agosto, todos los medios de comunicación nos bombardean diariamente con la prima de riesgo, el diferencial de la deuda y el bono alemán. Los mercados financieros españoles tiemblan con caídas espectaculares de las bolsas y la posible intervención de la UE. Todos estamos muy preocupados sabiendo lo caro que nos puede costar, en el futuro estos movimientos macroeconómicos y especulativos, aunque a la gran mayoría de los españoles toda esta parafernalia económica les suene a cuanto chino y a esperpento valleinclanesco. Con medio país de vacaciones en la playa o en el pueblo, con cinco millones de españoles apuntados a las listas del paro, con continuos expedientes de regulación de empleo en las grandes empresas, con millones de jóvenes lampando por encontrar un trabajo aunque sea de camarero en el chiringuito, con miles y miles de autónomos temblando con la amenaza de Zapatero de subir de nuevo el IVA y rezando por aguantar para no tener que echar el cierre al negocio, ¿creen que alguien se preocupa demasiado si la prima de riesgo española alcanza los 500 puntos básicos respecto al bono alemán? Que le vayan dando por donde amargan los pepinos a la prima de riesgo y a los políticos de uno y otro signo que se limitan a sobrevivir en el poder esperando mejores tiempos mientras los currantes seguimos pagando sus necedades. Tal y como están las cosas, me parece a mí que  esto no lo arregla ni Rato y Aznar y vamos a estar pagando deuda durante varias generaciones. Como me comentaba alguien hace unos días, en torno a una caña de Cruzcampo y un plato de aceitunas aliñadas, "¿Prima de riesgo?, pa riesgo, riesgo, el de mi prima que está separada, en el paro, pagando una hipoteca  de seiscientos euros al mes y la van a desahuciar, y se acaba de quedar embarazada de un inmigrante marroquí sin papeles que tiene tres mujeres en Marraquech y una docena de chiquillos. Eso sí que es una auténtica prima de riesgo y no lo de la deuda española
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