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La Unión de Guardias Civiles exige que las sanciones se adapten a los salarios

Multas de tráfico según el bolsillo del infractor

Multas de tráfico según el bolsillo del infractor

Nos sorprende pero no es una iniciativa ‘a la española’. De hecho se trata de imitar el modelo de los países Bálticos, donde las multas de tráfico ya se adecuan a los sueldos que cobran los que abusan de las normativas de las señales de tráfico.
Las diferencias entre un mileurista y un empresario con grandes beneficios también van sobre ruedas. A menudo, las multas de velocidad –tal y como denuncia la Unión de Guardias Civiles- se imponen a viajeros que viajan en coches lujosos y para los que una multa de 350 euros “no es nada”, según ha declarado un portavoz de la Unión a El Correo Gallego. En lo que ya se considera una innovadora propuesta, la Guardia Civil se vuelve ‘solidaria’ con los infractores y pide que "si se bajan los sueldos, que se adapten las multas a los nuevos salarios". En este sentido, reclama un estudio sobre el número de sanciones de tráfico y el nivel de los salarios a raíz de los recortes provocados por la crisis económica, puesto que consideran que quienes más reinciden son quienes deben ser castigados con mayor dureza. Otra de las denuncias de esta Unión de la Guardia Civil es el repunte de la severidad impuesta por el “afán recaudatorio del Ministerio de Interior” en las multas por exceso de velocidad. “Antes poníamos las multas cuando se superaba en 20 km por hora la velocidad permitida, ahora el tope se sitúa en 11 kilómetros por encima de la velocidad permitida”. Por último, también se critica la anulación de las notificaciones a los conductores que cometen una sanción en carretera. “Antes los agentes estábamos obligados a notificar el 70% de las sanciones: de cada 100 denuncias, en 70 tenías que parar al infractor y avisarlo de que acababa de ser multado", por contraste, desde este verano los agentes han recibido órdenes explícitas para que “no notifiquemos al momento las sanciones, en ninguno de los casos”. En definitiva, los Guardias Civiles tienen cada vez menos control sobre el tráfico, lo que insinúan que favorece una mayor recaudación por parte de la DGT. Los ingenieros civiles de Tráfico son ahora los encargados de elegir los puntos exactos de colocación de los radares, tarea anteriormente realizada por la Guardia Civil que defiende conocer mejor la carretera. Culminan con una reivindicación clara: "por una mayor presencia policial en la carretera, más corazón que máquinas".
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