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¡Menudo Verano!

   Hay cosas que se repiten cada verano. Por ejemplo, el frío que pasamos el común de los mortales a cuenta del aire acondicionado. De repente aquí en nuestro país, un empresario primero y la ministra de Medio Ambiente después, se han caído del guindo, siguiendo la estela de los japoneses, y han decidido que los edificios se acondicionen a 24 grados. ¡Ya era hora! La pena es que esta decisión no sea adoptada en hoteles, restaurantes, grandes almacenes, y, si me apuran, en casa de los amigos.

   Yo he tenido dos pleuritis en mi vida, las dos en agosto y como consecuencia del aire acondicionado. Por eso desde hace años en verano voy cargada a todas partes con un jersey o una chaqueta que me pongo en cuando entró a cualquier lugar, ya sea a un restaurante, al Palacio de las Cortes, o a la panadería de mi barrio. Pero no soy la única, si ustedes se fijan, en los últimos años era, es, habitual ver en las ciudades a cientos de mujeres con la rebequita en la mano dirigiéndose a su lugar de trabajo.

   Ahora, por obra y gracia de la ministra Cristina Narbona, en la Administración, los señores podrán ir sin chaqueta y las señoras sin rebeca. Y todo por ahorrar energía. Claro que me pregunto porqué a nadie se le ha ocurrido antes aplicar el sentido común con esto del aire acondicionado. ¿Es normal estar en manga corta con catorce grados? ¿Verdad que no? Pues si no es normal no entiendo porqué en cuanto arrecian los primeros calores el personal coloca el termostato a catorce grados.

   Y si con las recomendaciones de la ministra Narbona lo mismo nos libramos de un constipado, no estaría de más que el nuevo titular de Sanidad, el profesor Bernat Soria, nos libre de morir envenenados. Y es que éste es el verano de la pasta de dientes, y no sé ustedes, pero ahora yo cada vez que compro un dentífrico busco la letra pequeña para saber donde ha sido elaborado, y empiezo a desechar aquellos que no lo han sido a la vuelta de la esquina.

   Alguien, no sé si algún ministro, todos los presidentes autonómicos o incluso el presidente del Gobierno nos deben una explicación a los ciudadanos de cómo es posible que se hayan colado en España miles de tubos dentífricos con una sustancia nociva para la salud, puro veneno. Hasta el momento, los consejeros autonómicos echan la culpa al Gobierno central y el Gobierno central a las autonomías. En fin, que nadie tiene la culpa, pero los sufridos ciudadanos no podemos ni lavarnos los dientes tranquilos.

   No sé ustedes, pero cuando compro algo siempre confío en que haya pasado por todos los controles de seguridad. Es como cuando subes a un avión y confías en el perfecto estado de salud física y mental del piloto porque supones que alguien lo habrá comprobado. Que lavarse los dientes se haya convertido en un deporte de riesgo, maldita la gracia. Y que leamos la letra pequeña del tubo dentífrico desechando los que vienen de países lejanos, peor aún.

   Por último, no sé a que ministro le corresponde esto que voy a decir, pero es una vergüenza el espectáculo que verano tras verano se sucede en ciudades y carreteras con cientos de perros abandonados. Los desaprensivos que abandonan a sus perros deberían de pagar caro por ello. Abandonar a un animal lo único que demuestra es que quién lo hace no tiene sensibilidad, valor ni calidad humana. El grado de civilización de una sociedad también se mide por cómo se trata a los animales, y me temo que la nuestra apenas supere el cero patatero.

¡Que cosas pasan en verano!

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