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No fueron con el cuchillo entre los dientes

No fueron con el cuchillo entre los dientes

Indudablemente estas cosas ocurrían hace treinta años. Quizás entonces el rey no tenía todavía consolidado su puesto de trabajo y como dice DEIA en su portada, Juan Carlos interrumpió sus vacaciones de forma inesperada para ponerse a trabajar.

Quizás había mayor sensibilidad y cuestionamiento hacia una monarquía llegada de la mano del dictador y quizás por esta razón el rey tenía que meter horas extras y no como ahora que nadie sabe donde está cuando nace su segunda nieta, se va de cacería cada dos por tres a hacer de las suyas o se instala en Mallorca con toda su numerosa familia a pasarse dos meses de vacaciones y a estrenar su nuevo yate BRIBON (¡vaya nombrecito!), en aguas alicantinas. Este si es todo un escándalo y no la caricatura de El Jueves. Hace treinta años no lo hubiera hecho.

Pero tampoco los senadores hacen cosas hoy como las que se expresaban  hace treinta años porque el grito a favor de una Amnistía total no era cosa de las Gestoras sino de toda la sociedad vasca.  Habíamos ido a las elecciones del 15 de junio con esa meta en nuestro programa. De ahí que los senadores vascos, junto al peculiar senador catalán Mosen Xirinachs, permanecieran de pie en petición de una amnistía total  en una de las primeras sesiones del Senado.

Y es que aquella máquina parlamentaria comenzaba a funcionar. Pocos se conocían y se quería oir lo que planteaban los distintos grupos parlamentarios y las distintas personalidades en liza. Durante cuarenta años, en el Congreso solo se le había aplaudido al dictador y escuchado aquellos ridículos y gesticulantes discursos del presidente de aquellas Cortes Orgánicas del carlista vasco Esteban Bilbao y, en el Senado, cámara abolida por la República, en aquel hemiciclo había funcionado el Consejo General del Movimiento, una amalgama de militares, carlistas, falangistas y fascistas de distinto pelo que funcionaba como único partido sustentador y aplaudidor  del régimen. Hablar pues en aquellas  tribunas en las que habían perorado Aguirre, Irujo, Monzón, Azaña, Leizaola, Prieto y demás figuras  en tiempos de la República, constituía todo un reto para aquellos nuevos políticos que llegaban del “norte” con su mensaje.

En efecto, tal y como estaba planteado el orden del día en la sesión de Cortes del miércoles, los distintos grupos parlamentarios debían exponer ante la cámara las propuestas presentadas a la mesa provisional, en las sesiones preliminares. Pero poco antes de comenzar el parlamento, los partidos mayoritarios decidieron, que en lugar de lo anteriormente dicho, los grupos parlamentarios hicieran su correspondiente declaración programática.

Tal y como estaban constituidos, formalmente, los grupos parlamentarios, las minorías vasca y catalana componían uno solo cuyo portavoz era Roca Junyent, lo cual equivalía al silencio de los vascos. Pero, por primera vez, quedó constancia del pacto contraído por UCD y el PSOE con las minorías vascas y catalana según el cual ambas podrían constituirse en grupos con voz y representatividad propia, en base, no a la normativa general de 15 diputados, sino a ser representativos de un ámbito geográfico y político específico en el que hubieran obtenido más de 250.000 votos o el 20 por cien de los censados.

Hay que recordar que en aquel momento las cárceles estaban repletas, el euskera en trance de desaparición, ETA seguía actuando a pesar de la muerte del dictador, las infraestructuras estaban destrozadas, no existía el Concierto Económico para Gipuzkoa y Bizkaia, la autonomía seguía abolida y el Gobierno Vasco estaba en el exilio. Por esta razón, Arzalluz habló de todas estas cosas para terminar diciendo:

“He dicho que la razón de nuestra presencia en estas cámaras es fundamentalmente la recuperación de nuestra personalidad política”.

“No nos mueve ninguna ansia de protagonismo. El que ésta autonomía o ésta reivindicación de derechos sea labor nuestra exclusiva no nos importa en absoluto. Todos los partidos prácticamente, por supuesto los que se han presentado en Euzkadi, han proclamado su voluntad autonómica y fuimos a las elecciones en coalición por luchar conjuntamente por esta autonomía”.

“No nos interesa el protagonismo, lo que nos interesa es que efectivamente vuelva a producirse este autogobierno, esta restructuración del pueblo vasco porque sólo entonces junto con la recuperación de los derechos históricos y los actuales de otros pueblos del Estado, podremos llegar a la formación de un estado armónicamente integrado. No queremos privilegios, sino nuestro derecho”.

“No venimos con el puñal en la mano, ni venimos a rascar en el pasado, venimos de cara al futuro, a construir un nuevo país en el que valga la pena vivir y en el que todos podamos vivir. Otra preocupación en este sentido es abrir cauces de expresión. Nos hallamos aquí hombres con un respaldo popular pero presentados ante el pueblo a través de una serie de partidos políticos. Hay otros muchos partidos políticos que no están presentes a través de sus representantes en el hemiciclo y hay todavía partidos políticos que viven en la ilegalidad y que incluso se da la paradoja de que hombres pertenecientes a partidos políticos que todavía no pueden tener vida legal, sin embargo tienen vida parlamentaria y están sentados entre nosotros. Estas paradojas, estas incongruencias deben terminar”.

Lo mismo se hizo en el Senado. Le tocó hablar a Mitxel Unzueta que lo hacía como portavoz de un Grupo Parlamentario  heterogéneo ya que el PNV, ESEI y el PSOE habían acudido conjuntamente a las elecciones formando parte del Frente Autonómico. La importancia que se le daba a que Nabarra no quedara excluida del futuro estatuto vasco hizo que Unzueta destacara especialmente este hecho en su primera intervención.

Dijo así:

“Por ello y por otras profundas razones afectivas nos preocupa Nabarra".

“Nabarra, madre de Vasconia, ha estado presente en nuestra historia. Es por ello que nos resulta difícil de creer que un futuro autonómico pueda estar de espaldas a sus hermanas”.

“Algunos preocupados por el cambio inexorable, argumentan con la Ley Paccionada, a la que interpretan como incompatible con un poder autonómico intervasco, olvidando que tal disposición supuso una poda sistemática del árbol foral”.

“A este escrúpulo hemos de contestar que nadie pretende privar a Nabarra de cuanto considere parte esencial de su estructura secular”.

“Hemos de contestar, que como vascos, lo que a todos nos interesa es el Fuero, entendido como fórmula que recoge la aspiración a un poder propio; la fórmula política que en él subyace”.

Treinta años después se sigue reivindicando el cumplimiento íntegro del estatuto de Autonomía, ETA sigue existiendo, y el PSOE, en Nabarra, presumiblemente votará a la derecha.

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