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Rubalcaba: los malos consejos

miércoles 21 de septiembre de 2011, 08:51h
            El candidato a la presidencia del gobierno por el partido socialista, viene desarrollado una actividad frenética para que, sin caer en las convocatorias de masas o mítines multitudinarias, vayan calando sus mensajes entre un electorado hostil o indiferente. Esta continua labor de pedagogía política sobre todo un proyecto tiene riesgos indudables, por mucha que sea la prudencia y conocimientos del candidato, porque en un foro abierto cada día en distintos escenarios se plantean cuestiones, no solo distintas, sino con diferencias notables de planteamiento. Sirva como ejemplo para todos los casos la cuestión de los trasvases de agua entre cuencas distintas, o la gestión de las cuencas hidrográficas que abarcan más de una comunidad autónoma.

            Hasta el momento Rubalcaba ha salido relativamente airoso de la prueba, aunque con la puñalada trapera de la reforma de la Constitución en el corazón de su programa, que ha asumido con entereza pese a constituir uno de los mayores  errores políticos de Rodríguez Zapatero. Sencillamente, era innecesaria y representa la rendición incondicional a los mercados manejados por la derecha. Le queda como consuelo al candidato del PSOE el que resta muy poco tiempo para que el todavía presidente y algunos de sus ministros y ministras vuelvan a meter la pata, torciendo la orientación oportuna de una campaña de información que tiene que recuperar la credibilidad para un proyecto político a base de seriedad, coherencia de las propuestas y rescate de los postulados de la socialdemocracia.

            Al margen de algunos gestos de dudoso beneficio electoral, como la propuesta de supresión de las diputaciones provinciales que poco después enmendó en alguna medida, y que levantó ronchas en las provincias sin capitalidad autonómica, Perez Rubalcaba ha insistido en planes creíbles y en modo alguno populistas, como se le acusa desde otras formaciones políticas. Viene poniendo el acento en las claves sobre las que se asienta el sistema de bienestar general, como son la educación, la sanidad y la asistencia social, ha prometido la reforma del sistema tributario que estos años pasados se ha modificado para beneficiar a las rentas más altas disminuyendo el peso de los impuestos personales en el conjunto de recaudación; ha conseguido reponer el impuesto sobre el Patrimonio que, al igual que el de Sucesiones y Donaciones transferido a las Comunidades Autónomas, grava el hecho objetivo de haber levantado un capital con la contribución  directa o indirecta de la sociedad. Lo de la doble tributación que alegan quienes se oponen a estos tributos, es un sutileza que no prevalece ante la justicia tributaria.

            Pero Alfredo Perez Rubalcaba no siempre acierta. Su apuesta por aplicar la doctrina de los nacionalistas catalanes sobre las facultades del Tribunal Constitucional en los textos aprobados por referéndum es peligrosa para orden constitucional establecido en la Constitución vigente, que fue aprobada mediante referéndum y sin embargo interpretada continuamente para velar por la constitucionalidad "de leyes y disposiciones normativas con fuerza de ley" como dice el artículo 161 del texto constitucional. No sé quién le habrá aconsejado, pero su apuesta recuerda a la arriesgada promesa de Rodríguez Zapatero de no modificar en las Cortes Generales el texto del Estatut que se acordase en el Parlament de Catalunya. Hay consejos bienintencionados que pueden resultar explosivos. Como hay también compañías peligrosas, más aun en un proceso electoral al que parecen concurrir algunas personas nada gratas al electorado. Pérez Rubalcaba está haciendo la campaña posible para recuperar el electorado desafecto. Posee valores nada comunes en política, pero debe cuidarse de no atender malos consejos.
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