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Los efectos (a derecha e izquierda) del voto reactivo

Los efectos (a derecha e izquierda) del voto reactivo

sábado 29 de octubre de 2011, 10:40h
Conforme se va acercado el 20-N crece mi temor de que el resultado electoral sea simplemente una reacción primaria al malestar general y en particular al generado por la crisis económica. Y en las condiciones actuales del país eso significa dos cosas no tan infrecuentes: por un lado, un corrimiento del voto de centro hacia quienes son vistos como más capaces de activar de nuevo la circulación del dinero y más firmes partidarios del orden, y, del otro lado, como producto de la ira y la irritación, el incremento del apoyo a los sectores radicales y de la izquierda más roja (y/o verde) posible. Como digo, ambos elementos suelen ser frecuentes como reacción ante las graves crisis económicas.

Este carácter reactivo es la base de la respuesta a la pregunta final que se hace el artículo de la revista "Temas para el Debate" de la Fundación Sistema, que presenta el resultado de su encuesta sobre tendencias electorales, que tanta polvareda está levantando por cuanto se hace desde las filas del PSOE y reconoce la previsible victoria rotunda del PP sin paliativos. La tesis central del artículo es que se va a producir un giro electoral a la derecha sin que se haya producido un giro ideológico del electorado en el mismo sentido. Por eso concluye preguntándose: "el posible triunfo electoral del 20 de noviembre de un partido de neta imagen conservadora, como el PP, en un país como España en el que la mayoría de la población se considera de centro-izquierda y de izquierda moderada, en el que se demanda un papel económico más activo del Estado, en el que existe una sensibilización notable por la problemática de las desigualdades y en el que, incluso, una mayoría de la población confiesa que en estos momentos le gustaría que ganara las elecciones un partido como el PSOE. Por lo tanto, si el PSOE no logra capitalizar electoralmente todas estas potencialidades, habrá que analizar muy a fondo ¿por qué?"

En buena medida la respuesta refiere a una agudización de la tendencia al voto reactivo tan frecuente en el electorado español. Como se ha repetido, en España no se ganan las elecciones sino que, sobre todo, se pierden. Así le sucedió al PP en el 2004 y le sucede ahora al PSOE. En términos de cauce electoral, eso significa para el PSOE la pérdida de casi dos millones de votos, que se dispersan en distintas direcciones: cerca de la mitad emigra hacia el PP (en buena medida sin gran convicción, sino más bien como voto de castigo al Gobierno) y la otra mitad se va a la abstención y hacia las formaciones menores (desde IU a UPyD).

En cuanto al PP ya comentamos en estas páginas que su ganancia en términos de intención de voto tiene dos pilares. Por un lado, la galvanización de su voto tradicional, que ha tenido lugar desde el rencor cultural de la legislatura anterior al confirmado descrédito del Gobierno PSOE en el manejo de la crisis económica. Por otro lado, la inclinación del voto más centrista hacia el necesario cambio del Gobierno desacreditado y la relativa esperanza de que los conservadores movilicen la economía y pongan orden en el país. Pero supongo que los expertos que acompañan a Rajoy le advertirán de que los votos nuevos que le apoyan lo hacen desde posiciones más progresistas que la imagen que tienen del PP. Se trata de un voto que no aceptará fácilmente recortes salvajes, por ejemplo.

El efecto en el extremo opuesto es más complejo. El malestar que provoca la crisis produce la movilización de las minorías activas, pero eso no se traduce en una dirección única en el plano electoral. Por eso, en la España de hoy, el esperado ascenso de Izquierda Unida no aparece en las encuestas. Por un lado, porque en los espacios nacionalistas tiene sus propias expresiones (algo que significará el  fuerte ascenso de Bildu, por ejemplo); por otro, porque la sensibilidad verde crece y no se asocia fácilmente con la roja (como sucede en Madrid), pero, sobre todo, porque las minorías activas también desconfían de la izquierda más tradicional. Y, a la vista del programa electoral de IU, tienen razones para hacerlo. Es difícil imaginar un oportunismo ideológico más patente. Parece como si Izquierda Unida no tuviera imaginación propia y hubiera tratado abiertamente de obtener los réditos políticos del movimiento 15-M. Así, el resultado es el programa más demagógico que he conocido de Izquierda Unida, incluyendo sus orígenes como PCE. En todo caso, no tengo dudas de que si se sumaran todas las expresiones de izquierda radical, incluyendo el nacionalismo también radical, ese conjunto mostrará un incremento apreciable en las próximas elecciones.

Por eso hay que insistir en que el previsible Gobierno del PP va a navegar en medio de un temporal, con imprevisibles cambios de viento. Incluso si obtiene la mayoría absoluta, su apoyo sociopolítico puede sufrir desgarrones considerables. Sólo si logra mejorar apreciablemente la situación económica podrá ir consolidando el apoyo electoral que va a recibir en términos sociopolíticos. En caso contrario, sufrirá una caída de apoyo popular demasiado rápida, que tendría efectos internos inevitablemente.  
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