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¿Y el modelo de España?

miércoles 09 de noviembre de 2011, 19:35h
Es normal que, desde Cataluña, me inquiete que el tema territorial no apareciera en el debate Rubalcaba-Rajoy. Sólo mencionaron las diputaciones, uno para cargárselas y el otro para defender su bondad. Pero los entes provinciales no son la esencia de la España organizada en comunidades autónomas. Como tantos otros temas que afectan a la vida diaria de los ciudadanos, el debate sobre qué concepto de España tienen los dos candidatos principales a la Moncloa se quedó en el desván. O en sus programas ocultos.

Seguramente no hacía falta debatir esta cuestión porque probablemente el concepto que ambos tengan de España sea prácticamente idéntico. Y si no hay discrepancia no hay confrontación. Socialistas y populares, a fin de cuentas, han coincidido desde la transición en el modelo territorial, que consideran cerrado excepto para recortarlo.

La verdad es que me habría gustado conocer la opinión de ambos contendientes sobre la España centralista y radial en que todo pasa por Madrid o sobre la España en red, con las 17 comunidades autónomas interconectadas,  que con tanto ardor se nos ha querido vender como guinda electoral con motivo de la aceptación europea del Corredor Mediterráneo.

O sobre la gestión centralizada de los aeropuertos por AENA. O cómo actuarán el día en que Cataluña presente formalmente una propuesta de pacto fiscal lindante con el concierto económico. O sobre la solidaridad interterritorial. O sobre la convocatoria de un referéndum soberanista que debería autorizar previamente el Gobierno. O sobre el nuevo escenario vasco. O sobre el reparto de subsidios europeos a las zonas más desfavorecidas. O sobre la política neofaraónica de sembrar España de líneas y estaciones de AVE o de aeropuertos provinciales que luego acaban cerrando... Habría valido la pena que Rubalcaba y Rajoy dirimieran sobre todo esto. Y sobre más cosas, claro -energía, política hidráulica, inmigración, etc.- He oído hoy a alguien que decía que sólo se habló de mercados, que el debate se configuró de acuerdo con lo que dictan los banqueros y los poderosos. Algo de eso hay, ciertamente. Mucha macroeconomía y poco a ras de suelo.

La vertebración de España, el reconocimiento de su pluralidad cultural, lingüística y de carácter, los límites de la solidaridad interterritorial no podían dejarse al margen de un debate que debía acabar de convencer a los indecisos. Por eso me preocupa la nula sensibilidad en dar respuesta a estas cuestiones que, por otra parte, ocupan páginas y páginas de la prensa editada en Madrid a lo largo de todo el año.

Claro que después de comprobar que no hubo ni una sola mención a los indignados en sus múltiples expresiones, que han llenado calles y plazas de España en los últimos meses en busca de una respuesta distinta a la crisis, ¿para qué iban a hablar de modelo de Estado? Y es que, ya lo digo, en el fondo, uno y otro piensan lo mismo: Madrid y la periferia.

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