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Los nuevos paradigmas de la industria energética

Los nuevos paradigmas de la industria energética

miércoles 07 de diciembre de 2011, 09:55h
Ante todo, recordemos cuáles son las principales condiciones de contorno del problema. Como es bien sabido, la demanda energética va a seguir creciendo a buen ritmo en las próximas décadas, a pesar de la crisis económica y financiera global. Se estima que el consumo energético global crecerá un 40% entre 2009 y 2035, y que en ese último año, los combustibles fósiles seguirán representando un 75% del total.

Es decir, nuestra primera responsabilidad pasa por seguir produciendo hidrocarburos para satisfacer la demanda, con garantía de suministro, y a precios competitivos. Pero ello no es ni mucho menos suficiente. Debemos marcarnos, además, dos objetivos igual de importantes.

Por una parte, luchar contra las inaceptables desigualdades que tienen lugar en materia de acceso a la energía. Los fríos datos del incremento previsto en el consumo de energía ocultan otras realidades que quizá nos pueden pasar desapercibidas instalados en nuestro confortable mundo.  A día de hoy, 1.300 millones de personas no tienen acceso a electricidad y 2.700 millones no disponen de combustibles domésticos modernos. Es indiscutible que garantizar el acceso a la energía es un requisito imprescindible para poder alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio; sin energía no hay agua potable, ni condiciones adecuadas de salud e higiene, ni conservación de los alimentos, etc.

Se están haciendo esfuerzos sin duda en este sentido, pero no son suficientes. Con la inversión prevista para este fin, con un promedio anual de 14.000 millones de dólares, en 2030 sólo habremos conseguido reducir en 300 millones el número de personas sin acceso a la electricidad. Proporcionar acceso universal a la energía exigiría multiplicar por cuatro la inversión prevista, y hacer de ello una prioridad tanto para la industria como para los poderes públicos.

Y, en segundo lugar, es necesario proporcionar esta energía de la manera más sostenible posible, de un modo compatible con la estabilidad climática del planeta. Tal y como se ha puesto de manifiesto en la reciente reunión del G20 en Cannes, es preciso orientar el desarrollo hacia un crecimiento verde que utilice con la máxima eficiencia los recursos naturales como el agua, el territorio, y la energía.

Es decir, tenemos que seguir produciendo energía, pero con carácter cada vez más sostenible e inteligente. No renunciamos a seguir produciendo hidrocarburos, pero lo hacemos teniendo presente que es necesario reorientar nuestra estrategia hacia un nuevo paradigma de crecimiento más sostenible. Permítanme expresarles cuáles son, en mi opinión, algunos elementos básicos de esa reorientación estratégica.


Los nuevos paradigmas de la industria energética

Me gustaría abordar este punto haciéndoles notar que nuestra industria está viviendo, o ha vivido ya, cambios de paradigma que no hemos sido capaces de anticipar. En no pocas ocasiones, la velocidad del cambio tecnológico y sus consecuencias nos han tomado en gran medida por sorpresa. El debate sobre el peak-oil, por ejemplo, ha perdido en los últimos tres años una gran parte de su actualidad. La posibilidad de que se agoten los recursos explotables en condiciones comercialmente viables ha dejado de ser una preocupación a corto o medio plazo. Y ello es así porque la tecnología ha puesto a nuestro alcance unas cantidades muy abundantes de nuevos recursos que nos permiten asegurar la disponibilidad de hidrocarburos siempre que se cuente con la estabilidad regulatoria y geopolítica que permita que tengan lugar los ingentes flujos de inversión necesarios. Y siempre que se aborden adecuadamente los desafíos ambientales y de seguridad asociados con la explotación de estos recursos.

Esto nos da una gran oportunidad de tener recursos disponibles, no solo para satisfacer la demanda creciente de hidrocarburos, sino también para contribuir con el objetivo de que la energía este al alcance de una mayor proporción de la población mundial.


¿Dónde se encuentran esos nuevos recursos? Señalaré tres dominios de importante desarrollo en el sector en los últimos años y que son también especialmente relevantes para Repsol: las aguas profundas y ultraprofundas, los recursos no convencionales, y las zonas árticas.

En relación a las aguas profundas, el progreso tecnológico de la última década, dando acceso a profundidades y láminas de agua impensadas en décadas anteriores, ha sido vertiginoso, alcanzándose logros que hasta hace poco parecían imposibles. También en este ámbito, la realidad ha puesto de manifiesto que la capacidad tecnológica de nuestra industria ha sido mayor que la capacidad de previsión, de anticipación.

Es innecesario decir que la apuesta por las aguas profundas tiene que venir acompañada por las más exigentes prácticas de protección ambiental y de seguridad. Con esa premisa, Repsol va a mantener y reforzar su apuesta exploratoria en el offshore de Brasil, en el Golfo de México, en aguas de EEUU y de Cuba, y en África Occidental. Además, somos muy conscientes de que, en ocasiones, los proyectos de aguas profundas pueden requerir tomar en consideración los legítimos intereses de países vecinos. 

Es el caso del pozo que perforaremos próximamente en aguas de Cuba. Sobre este punto, quisiera reiterar hoy la disposición que ha venido mostrando nuestra compañía para trabajar no sólo con el Gobierno de Cuba, sino también con el de los Estados Unidos, para asegurar la plicación de los más exigentes estándares de seguridad y de coordinación ante una posible emergencia.

Creo que una trascendencia aún mayor tendrán los recursos no convencionales. Se trata de una nueva realidad que ha pulverizado en muy pocos años la visión que hasta ahora teníamos de nuestra industria. ¿Quién imaginó hace una década que Estados Unidos podría convertirse en un exportador de gas, y que recursos gigantescos iban a empezar a aparecer en muchos puntos del planeta? Los recursos recuperables de shale gas superan ya las reservas probadas de gas natural convencional, y sin duda seguirán aumentando. ¿No les parece llamativo que algo tan profundamente transformador del escenario energético haya ocurrido en tan poco tiempo, tomándonos a casi todos por sorpresa?

Y una transformación similar está comenzando ya en el sector del petróleo ante la magnitud de los descubrimientos de shale oil que están teniendo lugar. El shale oil es un factor nuevo que no sólo afectará a la disponibilidad de recursos, sino también al propio funcionamiento del mercado, por ejemplo en lo que tiene que ver con la relaciónd e precios entre el Brent y el WTI.

Consecuentemente con lo anterior, Repsol apuesta por los recursos no convencionales. Ya en nuestro programa de desarrollo exploratorio lanzado el pasado año nos marcábamos el objetivo de ser una actor relevante en la exploración y producción de hidrocarburos no convencionales, tanto petróleo como gas. Hoy, podemos afirmar que es un objetivo a nuestro alcance y en el que ya estamos mostrando los primeros resultados. 

En el pasado mes de noviembre, hemos anunciado en Argentina el mayor descubrimiento de la historia de nuestra compañía. Está en el reservorio Vaca Muerta de la provincia de Neuquén, donde en un área de 430 km2 hay un volumen de recursos recuperables de 927 millones de barriles equivalentes de petróleo de hidrocarburos no convencionales.

La formación Vaca Muerta, tiene una superficie de 30000 km2 donde Repsol tiene 12000 km2 netos. En consecuencia, el potencial de los recursos aún por descubrir es sencillamente colosal y más si se tiene en cuenta que esta es solo una de las nueve áreas con potencial de no convencionales en el país.

De hecho, la AIE ha situado a la Argentina en uno de sus últimos informes como el tercer país, después de USA y China, en potencial de hidrocarburos no convencionales.

Uno de los aspectos a los que se debe dedicar mayor atención en el desarrollo de los hidrocarburos no convencionales es el de la prevención del impacto medioambiental de las operaciones. En nuestro caso, siendo Argentina un país productor de hidrocarburos muy maduro, tenemos una dilatada experiencia en el manejo de cantidades muy importantes de agua de formación durante muchos años. Esta experiencia nos permite asegurar un tratamiento e inyección del agua de un modo responsable y amigable con el medio ambiente.

Y, por concluir este apartado de nuevos dominios exploratorios, quisiera señalar que tanto Alaska como Rusia son dos territorios con un enorme potencial de recursos aún por descubrir, y Repsol quiere estar presente en ellos cada vez con mayor ambición. Este año hemos dado ya pasos relevantes, como los acuerdos con socios locales para iniciar un programa exploratorio en el North Slope de Alaska, y la puesta en marcha de una Joint Venture con la compañía rusa Alliance para desarrollar operaciones de exploración y producción de petróleo en ese país.  Al ser las operaciones en estos dos países onshore, se minimiza el impacto de cualquier emergencia; no obstante, la protección del suelo, de las aguas superficiales y subterráneas y de la biodiversidad representa para nosotros un aspecto especialmente crítico y prioritarios en este tipo de entornos. 

Nuevas energías, nuevas ideas, nuevas actitudes

Como he expuesto, Repsol aspira a seguir ocupando un papel destacado en el negocio de los hidrocarburos, en particular en aquellas actividades con un mayor contenido tecnológico e innovador. Tenemos claro que hay recursos abundantes esperando ser descubiertos y puestos en producción, siempre con unos estándares de la máxima exigencia en materia ambiental y de seguridad.

Pero ello no puede hacer que nos sintamos confortables y satisfechos: no debemos conformarnos con ello. Como he dicho, es imperativo avanzar hacia un modelo energético con una menor intensidad en carbono. Está en juego la estabilidad climática del planeta, y es nuestra obligación ser parte de la solución.

Ello forma parte de un cambio de mentalidad de mayor alcance. Estamos en un escenario global en el que centenares de millones de personas se incorporan a las clases medias en los países llamados emergentes (por cierto, deberemos ir cambiando la terminología, porque yo diría que, en términos generales, ya están bien emergidos). Centenares de millones de personas que aspiran legítimamente a mejorar sus condiciones de bienestar y prosperidad. Y, para que ello sea posible en el marco de los recursos limitados que puede ofrecer nuestro planeta, necesitamos un modelo de producción y consumo que convierta la eficiencia y la frugalidad en la máxima prioridad. En eso consiste el crecimiento verde al que tenemos que aspirar.

Por ello, creo que las empresas energéticas como Repsol debemos asumir un papel más activo en el desarrollo de las nuevas energías, incluyendo las renovables. Nuevas energías significa nuevas ideas y nuevas actitudes. Las energías utilizadas hasta ahora, como las de origen fósil, deberán coexistir con las nuevas energías, en un equilibrio complementario, que no me cabe duda de que evolucionará a gran velocidad. Creo que en este nuevo escenario es mejor dejar a un lado los axiomas inamovibles y sustituirlos por imaginación y capacidad de innovación.

En Repsol hemos comenzado a tomar posiciones en energía solar, en eólica offshore, en el impulso a los biocombustibles basados en algas, y en el desarrollo de sistemas de abastecimientos de vehículos eléctricos. Esta actividad aún no tiene un peso muy relevante en nuestro negocio, pero les aseguro que ya está produciendo un saludable cambio de mentalidad en nuestra organización.

Es tanto un estímulo como una responsabilidad. Nos anima a seguir viendo el futuro como un territorio que sólo podemos explorar armados de tecnología, talento, imaginación y voluntad de acompañar responsablemente a la sociedad global en sus desafíos. Es una experiencia muy satisfactoria poder hacerlo también con numerosos socios aquí presentes, representantes de una industria que, sin duda, sabrá hacer frente a los nuevos desafíos globales, cada vez más complejos, que tenemos ante nosotros.
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