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Mucha socialdemocracia por reconstruir

Mucha socialdemocracia por reconstruir

lunes 26 de diciembre de 2011, 08:56h
Parece mentira que a algunos socialistas les sea difícil identificar los errores políticos que condujeron a la más abultada derrota electoral del PSOE. ¡Pero si tienen dos documentos que son perfectos indicadores al respecto! Este falso debate que se ha montado, subrepticio, ramplón, personalista, que reflejan ambos documentos, es la mejor muestra de las causas del desastre. En realidad, ambos panfletos representan dos medias verdades que, lamentablemente, lejos de componer una verdad entera, constituyen la peor de las falsedades.

En efecto, el documento "Mucho PSOE por hacer" hace veladas críticas sobre la incapacidad de gestión de la crisis económica y sobre la falta de democracia interna. A lo que la nota "Yo sí estuve allí" responde con una idea sencilla: "No sería decoroso que quien estuvo allí de manera evidente, y cabe decir entusiasta, aspirase ahora a sugerir lo contrario"; que remata de forma lapidaria: "Se dice que la derrota es huérfana y la victoria tiene mil padres. Esta derrota es tan amplia como colectiva".

Ambos documentos contienen verdades parciales, pero el drama es que ninguno de ellos se pregunta cuales son las causas profundas de la incapacidad de prever la dimensión de la crisis o de la falta de debate interno; como tampoco queda claro por qué pareciera que algunos cuadros gubernamentales socialistas no quieren hacerse cargo del costo de la derrota.

Las causas de todo este cuadro poco edificante es muy sencilla: ninguno de los dos documentos está dispuesto a realizar un balance a fondo de lo que ha supuesto la experiencia zapaterista para la socialdemocracia en España. Y no es que no existan algunos intentos al respecto: varios libros ya han aparecido y algunos socialdemócratas de hueso colorado (tipo Joaquín Leguina) no se han subordinado al silencio precisamente.

El primer documento se pierde en una visión orgánica, como si lo importante fuera la reconstrucción del PSOE y no de la socialdemocracia española; lo que obviamente le impide una discusión a fondo de carácter programático. Y desde luego, sus firmantes no explican que fue lo que hicieron cuando, durante la legislatura 2004-2008, se construyó un cesarismo interno que destruyó toda posibilidad de debate programático. Su aceptación actual de que no ha habido suficiente debate interno es bastante hipócrita (y, claro, en este punto tienen razón los del segundo documento).

Pero los firmantes de la nota "Yo sí estuve allí" reflejan de forma vergonzosa la herencia del zapaterismo en su más pura esencia. ¿Errores? ¿Pero quién no los comete? ¿Para qué mencionarlos por su nombre? Lo que si hay que destacar de inmediato son los logros.

Los firmantes aseguran que fue para ellos "un honor participar en los avances históricos en materia de derechos, de libertades, pero también de bienestar social, que se lograron en la primera legislatura. Y que asumimos plenamente el ejercicio de responsabilidad que caracterizó la segunda." Cabría preguntarles si los maravillosos avances en derechos no se hicieron únicamente a partir de elevar a la categoría de fundamentales derechos de minorías, independientemente de si existieran o no derechos mayoritarios. La idea de la necesaria armonización de derechos de sentido divergente es algo al zapaterismo siempre le resultó extraña (la primera vez que cayeron en la cuenta de tal armonización fue al final, con la ley Sinde). La falta de sentido de Estado fue dramática en esa primer legislatura, donde como ya dijo Leguina, el zapaterismo siempre prefirió pactar con el diablo (sectorial, autonomico, de cualquier tipo) antes de hacerlo con la oposición de derechas. Y los avances en bienestar social ¿no se hicieron acaso sobre la base de la burbuja inmobiliaria? Esa misma que hoy se acepta que fue un error no pinchar. En realidad, el lanzamiento hacia el éxito del zapaterismo se hizo sobre la base de sustituir el programa socialdemócrata por el del partido radical italiano. Todo ello adobado con unas dosis de cortoplacismo impresionante.

Así que silencio sobre los errores de fondo y panegírico sobre lo que consideran logros. ¡Sabia manera de realizar un balance! En el fondo, esta forma de proceder deshonesta intelectualmente no es otra cosa que la natural prolongación de la ausencia de debate interno que caracterizó la etapa zapaterista. Igual que el tono personalista que rezuma todo el escrito.

¿Pero es que nadie les aclarará a estos escuderos el espectáculo que están dando? En realidad, a la vista de ambos panfletos, uno tiene la sensación de que el nivel de calidad política e intelectual de los equipos de Rodríguez Zapatero es bastante mediocre. Con lo cual comienza a afianzarse la sospecha de que podría ser cierta esa acusación que se le hace de no haberse rodeado de gente con densidad suficiente (como les sucede frecuentemente a los íntimamente inseguros). Por otra parte, con gente de este calado ¿a quién puede extrañarle que no hayan previsto la dimensión de la crisis y su posterior gestión? ¿O que no hayan tenido el coraje de plantársele al cesarismo reinante?

Definitivamente, tienen razón los socialdemócratas que opinan que, sin necesidad de caer en la autoflagelación, el debate en el  próximo Congreso continuará siendo un paso en falso sin discutir a fondo la experiencia del zapaterismo y su divergencia con el programa socialdemócrata. O al menos sin discutir en serio que significa ser socialdemócrata en el siglo XXI. Que, desde luego, no significa radicalizarse "para conectar con el ciudadano", siguiendo la moda (de la adulación al ciudadano) de hablar de democracia participativa y cosas por el estilo. Lo que los ciudadanos podrían valorar es un saneamiento de la cultura política, serio y responsable, que es algo muy diferente. Lo dicho: queda mucha socialdemocracia por reconstruir. Y no está claro que el próximo Congreso del PSOE sea capaz siquiera de plantearse esa necesaria tarea
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