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Platón y el respeto mutuo, según Rubalcaba

Platón y el respeto mutuo, según Rubalcaba

viernes 30 de diciembre de 2011, 08:42h
El señor Alfredo Rubalcaba, al que he reconocido y reconozco sus méritos, ha acabado insultando la inteligencia de todos y en particular la de los socialdemócratas españoles, con su presentación del pasado jueves como candidato a la Secretaría General del PSOE. ¿Creerá acaso que habla para gente corta de entendederas? ¿O es que se ha contagiado de la enfermedad del zapaterismo, de creerse con el liderazgo moral para hacer luego lo que se le ocurra?

Don Alfredo se presenta ahora como el adalid de la tolerancia y el respeto. Pero eso sí, descalifica de entrada a la mitad de sus partidarios que quieren evitar un Congreso nominalista y defienden la necesidad de un debate de ideas primero para luego elegir las personas. Y lo hace pasándose un pelín: "Yo también he leído a Platón, pero hace mucho tiempo que lo tengo superado". Y por si acaso faltaba algo del estilo político zapaterista, quiere ahora un Congreso muy leve pero promete una supermaravillosa conferencia ideológica con todos los partidos socialistas europeos para la primavera del 2013. Claro, no es extraño que el auditorio, lleno de socialistas ávidos de un espacio serio de reflexión (algo que no hubo nunca bajo el liderazgo de Zapatero), le aplaudieron espontáneamente. Pero no se sorprenda, estimado, la mayoría de ellos puede recapacitar con posterioridad.

Realmente, señor Rubalcaba, ha mostrado usted poco respeto por las ideas y las propuestas ajenas, así que tampoco usaré paños calientes. Ante todo, permítame que le diga que está confundiendo lo táctico con lo estratégico. Algo por lo demás nada extraño en una persona cuyos atestados son mucho más los de un avezado fontanero que los de un gran productor de reflexiones conceptuales. Pero si la vida le está colocando ante la responsabilidad de liderar en vez de seguir en la fontanería política, creo que sería recomendable que adquiriera usted más altura de miras.

Mire estimado, la pérdida de confianza de los ciudadanos en el PSOE liderado por Zapatero y POR USTED (espero que no lo olvide) no es precisamente de tamaño menor. Por eso hay mucho socialdemócrata (con o sin carnet) que espera que el partido que los representa se tome un momento de reflexión profunda, no sólo para hacer autocrítica (que también) sino para encarar de una vez las graves interrogantes que presenta el tiempo en que vivimos.

He señalado en mi nota anterior que la experiencia zapaterista se generó precisamente en medio de una crisis conceptual de la socialdemocracia europea y española. Es cierto que Bono, la alternativa en el Congreso del 2000, tampoco representaba un diagnóstico del cambio de los tiempos y la consiguiente respuesta.

Pero, como dice Joaquín Leguina, era mucho más probable que surgiera del entorno de Bono, que de la fuga hacia delante que supuso el zapaterismo. En esta perspectiva, coincido plenamente con Leguina cuando repite machaconamente que el PSOE se equivocó cuando eligió a Zapatero como la gran renovación socialdemócrata, porque lo que Zapatero hizo fue salirse por la tangente y en vez de enfrentar la grave encrucijada socialdemócrata, impulsar programas de otras corrientes ideológicas. Pero lo que Leguina no agrega es que esta equivocación del PSOE (al elegir a Zapatero) tuvo su principal causa en el impasse político e intelectual del felipismo.

Cierto, no era precisamente algo que le ocurriera exclusivamente a la socialdemocracia española. Daniel Innerarity, en un brillante artículo ("La era de los Límites", El País, 29/12/11) señala acertadamente que las incertidumbres y los límites son característicos de nuestro tiempo. Y no por casualidad, comienza con la anécdota que le contó Beck sobre la dificultad del líder de la socialdemocracia alemana, Scharping, de encender un cigarro "porque era incapaz de saber de dónde venía el viento y protegerse de él". Esto tenía lugar a comienzos de los años noventa, pero es evidente que conforme nos adentramos en el siglo XXI lo único que resulta más claro es precisamente la dimensión de los límites y las incertidumbres. (Gracias, Daniel).

Bien, pues no creo que seguir pateando la crisis conceptual para adelante sea lo que se espera del PSOE, tras la monumental derrota política. Nadie está pensando en que ahora la socialdemocracia se paralice hasta resolver su crisis de ideas. Pero que se necesita un espacio de reflexión sólo un eterno fontanero puede dejar de verlo. ¿Cómo hacerlo sin dejar de realizar la labor de oposición que también se espera del PSOE?

Pues afortunadamente hay gente en ese partido que no se apunta a un debate descafeinado entre Rubalcaba y Chacón. Más de una treintena de responsables socialistas han escrito al Comité Federal proponiendo que se atrase el Congreso previsto para febrero, como mínimo a junio. Así se conseguiría "un tiempo suficiente y garantías para el debate", evitando con ello proceder a "un debate nominalista". Por otra parte, como la mayoría de los firmantes son andaluces, también quieren que el esfuerzo del partido se concentre de verdad en las elecciones andaluzas.

Por tanto, creo que es evidente cual es la encrucijada: por un lado, un Congreso a la carrera para elegir candidato, que no entre en profundidades por supuesto; por otro lado, un Congreso que permita pensar con algo de tiempo las causas del desastre. Claro, que el riesgo que tiene la segunda opción es que surja con fuerza la idea de que la experiencia zapaterista fue una fuga hacia delante, es decir, que se haga una crítica en serio de su proyecto político. ¿O es que a esto se refería usted, don Alfredo, cuando aludió a Platón? Porque si fuera así, no sólo es una muestra de irrespeto, sino que un burdo intento por guardar la suciedad debajo de la alfombra. Una tentación propia de un buen fontanero, desde luego.
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