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Lo que realmente se juega el PSOE

Lo que realmente se juega el PSOE

lunes 09 de enero de 2012, 07:56h
Tengo que admitir que siento un poco de alivio cuando compruebo que no somos únicamente un grupúsculo de agoreros los que observamos con preocupación la profunda crisis del PSOE. No creo ser tan pesimista como Joaquín Leguina, cuando afirma que todo lo que queda en el PSOE es que "el último que pague la luz". Pero si soy de los convencidos de que en el PSOE hace tiempo que los zapateristas están jugando con fuego. Porque lo que está en juego con la crisis del PSOE no es ni más ni menos que el futuro de la socialdemocracia española. Este domingo, el editorial de El País lo dice con claridad: "el PSOE atraviesa no solo una de sus más graves crisis sino que incluso ve peligrar su propia existencia como organización que vertebre de forma creíble la alternativa progresista en España." No creo que sea posible decirlo con mayor gravedad.

Pues bien, el Comité Federal del PSOE sigue empeñado en su fuga hacia delante: ha rechazado la propuesta de retrasar el Congreso que planteara Carmeli con el apoyo de muchos representantes socialistas y se ha jugado por un debate nominalista entre zapateristas, principalmente Rubalcaba y Chacón. Incluso el propio Zapatero ha intervenido para solicitar que de autocriticas sólo las justas y que también hay que defender su gestión. En pocas palabras, con un Comité Federal compuesto mayoritariamente por oblatos zapateristas ciertamente era difícil esperar otra cosa.

Así están las cosas, pues. Con un Congreso a la carrera (faltan tres semanas para su apertura) y una Ponencia preparada por la Ejecutiva saliente, lo que busca el zapaterismo es recortar el debate y el juego de opciones a como dé lugar. Todos los progresistas saben que si el zapaterismo tuviera la alta calidad moral que dice tener, la tan cacareada neutralidad del caso exigía que la preparación del Congreso estuviera hecha por una gestora neutral y no por la Ejecutiva saliente de Zapatero. De todas formas, sigo pensando que Leguina se pone muy pesimista cuando afirma que "si el Comité Federal se traga sin rechistar la propuesta de ZP podemos estar ya en el camino que conduce a la desaparición del partido." Ante todo, el Comité Federal no lo ha hecho sin rechistar, pero en definitiva es cierto que se lo ha tragado, como no podía ser de otra forma, dado el control que el zapaterismo ha tenido en los órganos partidarios.

Es decir, las preguntas fundamentales siguen vigentes: ¿Cuánto tiempo le llevará al PSOE desprenderse del zapaterismo y su trenza controladora? Y si le costara demasiado tiempo ¿se va a producir su desaparición como representante creíble del progresismo español, a que alude el editorial de El País?

De modo que, una vez que se tiene claro cual el juego real en el PSOE, el cálculo de fondo tiene que referirse a los factores que propiciarían un desprendimiento del zapaterismo por parte del PSOE lo más rápido posible, para evitar en el mediano plazo que los temores sobre el agravamiento de la crisis del PSOE no se traduzcan en una cruda evidencia.

Tras esa ducha de realidad, la pregunta que se plantea es ¿Quién resulta el mal menor: Rubalcaba o Chacón? Según Armario, autor de "El PSOE en llamas", ambos si estarían dispuestos a enterrar a Zapatero, pero la cuestión es: ¿también al zapaterismo, del que fueron parte? En principio, pareciera que Chacón estaría más por la labor que Rubalcaba, pero con alguien que ni siquiera tiene seguro su nombre de pila, se plantea el riesgo de que se trate de una nueva fuga hacia delante, mucho más mediática que otra cosa. Como por otra parte, parece claro que Pérez Rubalcaba tiene bastante más apoyo interno que su oponente, todo parece indicar que el PSOE tendrá que arar con los bueyes rubalcabianos que surjan de este flamante 38 Congreso.

Alguna gente dice que los apoyos a Rubalcaba son de dos tipos: los que le ven como un Secretario General a largo plazo y lo que sólo le visualizan como un candidato de transición. En cualquier caso, parece que resulta imprescindible no confundir lo táctico con lo estratégico: es posible que Rubalcaba tenga más apoyo dentro del partido, pero no hay que olvidar que desde fuera se prefiere con diferencia una persona para liderar el PSOE que no haya sido parte del equipo de Zapatero. Dicho de otra forma, que parece extraordinariamente difícil que "la batalla por su supervivencia política y por el proyecto de la izquierda en España" (como dice el editorial mencionado) pueda ser resuelta por el PSOE sin superar definitivamente la experiencia del zapaterismo.  Y, desde luego, cuanto más tarde en lograrlo el riesgo apuntado será mayor.
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