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Aprobado raso en economía, suspenso en comunicación

Aprobado raso en economía, suspenso en comunicación

viernes 13 de enero de 2012, 07:59h
El nuevo Gobierno ya ha dado las primeras pruebas de su gestión y las notas no son muy altas. Ha conseguido convalidar en el Congreso el Real Decreto Ley sobre el paquete presupuestario y fiscal para corregir el déficit público que emitió a fines de diciembre y lo ha hecho con el apoyo de CIU. Un innegable paso adelante en su perspectiva. Y ha comenzado a hablar de la otra parte que se necesita para superar la crisis económica: las medidas de incentivación de la producción y el empleo. El problema es que las coloca para el segundo trimestre, algo excesivamente distante en el tiempo.

Es decir, en la dura brega económica, el Gobierno de Rajoy avanza pese a todo. Por ello la opinión pública le otorga un aprobado raspado, pero le prueba. O al menos no aparece otra alternativa seria; claro, que no sea simplemente la de decir que ha mentido en la campaña porque ahora sube los impuestos y toda esa alharaca. Esas acusaciones son política con p pequeña. Nadie con dos dedos de frente puede estar en contra de aumentar los ingresos públicos y, además, la opción de aumentar el IRPF es, en realidad, una de las menos malas.  El diario El País asegura en su editorial del lunes que el Gobierno va a subir también el IVA, y que por tanto toda esta discusión está de más. Veremos si acierta.

Pero donde el gobierno está suspendiendo su gestión es en la política declaratoria. Sus argumentos son poco creíbles y encima la debilidad comunicativa de Rajoy se hace más evidente. Ante todo, esa argumentación de que la transmisión de poderes fue excelente y ahora se enteran de que hay una deuda mayor de la esperada, queda bien para sus votantes más convencidos, pero en la opinión pública menos fanática ese argumento no cuela. Esa estrategia de comunicación sólo tiene un resultado poco edificante: contribuye a dividir el país (entre los partidarios más cercanos, que, desde luego, entran en ira contra el Gobierno saliente, y el resto de la opinión pública, que empieza a notar la debilidad argumental del nuevo Gobierno).

Por otra parte, la relación de Rajoy con los medios de comunicación es como la de los viejos líderes comunistas: sólo concede entrevistas grabadas a la agencia estatal de noticias. Claro, muchos comunicadores dicen que menos da una piedra: siempre es mejor que Rajoy diga algo a la agencia EFE que se mantenga en el mutismo. Pero esa estrategia de comunicación política es la que algunos líderes emplean cuando están contra las cuerdas. ¡Pero, diantres, Rajoy está comenzando su gestión gubernamental!

¿Será posible que al fin y al cabo el tema de la comunicación se convierta en el talón de Aquiles del nuevo Gobierno? Tengo que admitir que, al comienzo, no le he dado mucha importancia a este tema, por cuanto Rajoy nunca me pareció un líder precisamente mediático. Pero ahora el asunto comienza a ser preocupante. Incluso algún comentarista ya ha empezado a resucitar aquella cantinela de que Rajoy no es precisamente inteligente ni preparado. Mi juicio sigue siendo que no hay que confundir el líder carismático con el líder orgánico. Rajoy se mueve como pez en el agua en los grupos y las reuniones de gestión, aunque estos sean de alta política. Pero si no es capaz de superar los problemas de comunicación con la opinión pública masiva, comenzará a cargar un pesado lastre que puede laminar sus acciones de Gobierno, incluso si éstas no son tan improcedentes, de acuerdo a su perspectiva. Esperemos que el equipo de comunicación del PP, incluyendo a Moragas (que debe estar sudando la gota gorda), pueda mejorar las deficitarias capacidades comunicativas del líder orgánico (sí, ese señor de Pontevedra); porque tendría narices que perdieran la opinión pública, y con ello por supuesto la calle y que aquí se armara un tanate por problemas de comunicación, que, al final, nos impidiera remontar la crisis económica. 
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