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Abogado y criminólogo
Abogado y criminólogo

El caso Marta del Castillo y la sensación de impunidad

viernes 20 de enero de 2012, 18:33h
Desde que el viernes se hizo pública la sentencia sobre el caso Marta del Castillo han sido diferentes los medios de comunicación que han solicitado mi parecer sobre la misma, habida cuenta de la dilatada experiencia que tenemos en acusaciones particulares de similares características, tales como el caso Alcaser, Wanninkhof, el caso Carabantes u otros similares.

Existen varias cuestiones tanto en la sentencia como en hechos concomitantes que suceden al hilo de la misma que me llaman poderosamente la atención: primero, por algún medio de comunicación se solicita el parecer de los nuevos responsables de la policía y el Ministerio del Interior, quienes se apresuran a considerar el éxito de la investigación policial del caso de Marta. Bien, lo primero que hay que valorar es si se puede llamar éxito a concurrir a un proceso sin las pruebas necesarias para condenar a los que llegan a sede judicial con la condición de imputados.

No se puede negar que la policía, individualmente considerada en todos y cada uno de los agentes que intervienen en la investigación, ha desarrollado una labor abnegada y en algunos casos incluso heroica, llegando a remover toneladas de basura en pleno verano o dragando el río Guadalquivir a conciencia; pero desgraciadamente no se ha traducido en ningún resultado palpable que sirviera al Ministerio Público o a las acusaciones particulares para desarrollar un acervo probatorio mínimo que justificara una condena en la línea que venía siendo solicitada por los escritos de acusación. Debemos de concluir que hay que diferenciar esfuerzo y éxito y si bien no se deben escatimar elogios al primero, sin duda hay que huir de la segunda calificación.

Segundo. Sorprende la reprimenda que la sala hace a la familia, plasmada por escrito en una sentencia, a la que sus redactores, los Sres. Magistrados saben que se le va a dar un eco exacerbado en los medios de comunicación, por acudir a dichos medios a cuestionar el éxito o la idoneidad de las resoluciones que han emitido los jueces.

Pues bien, volvemos a ver cómo por los poderes públicos se vuelve a preferir a los justiciables mansurrones y callados, aquellos que no dan guerra ni ponen en entredicho las resoluciones judiciales. Es innegable el derecho de las familias a usar los medios de comunicación para mostrar su no asentimiento a las mencionadas resoluciones, y el de la ciudadanía en general a poder escuchar dichas reclamaciones a través de medios libres que recojan el sentir y la opinión de unos padres que lo único que buscan es justicia para tan abominables crímenes.

Tercero. Llena también de estupor el resultado final de la sentencia, donde las pruebas biológicas brillan por su casi ausencia y donde el peso de la misma hace recaer casi exclusivamente en las declaraciones inculpatorias todo el peso de la condena. Este particular requeriría un análisis extenso, dado que un medio de comunicación no es precisamente el mejor de los foros, por la brevedad que exige, pero me va a permitir unos apuntes rápidos.

Así, y según recoge la sentencia, las pruebas que sirven para emitir la misma se basan en el interrogatorio de los acusados, declaraciones testificales, periciales (básicamente biológicas) y documental, si bien todas ellas pivotan sobre la declaración del acusado Miguel Carcaño, quien confiesa la muerte de Marta del Castillo, a la sazón menor de edad, dando seis versiones diferentes, lo mismo que hacen el resto de los imputados, quienes versionan en sus declaraciones hechos diferentes sobre dicha noche. Pues bien no puede sino llenar de estupor al grueso de la población, no versada en derecho, cómo Miguel Carcaño, dando seis versiones diferentes (lo que indica claramente que miente, si la verdad solo puede ser una), es condenado, dándole por ello credibilidad en alguna de sus declaraciones, mientras que dicha credibilidad es desechada a los hora de condenar al resto de los acusados.
Otra cuestión grave es cómo al no condenar el hecho de no decir dónde se halla el cuerpo de la menor, pueda facilitar en el futuro dicho comportamiento criminal.

En definitiva, casos como los de Marta del Castillo nos hacen reflexionar sobre cómo unos criminales pueden burlarse de un sistema judicial, a su capricho, imprimiendo a la sociedad una sensación de impunidad de los delitos más graves.
 
José María Garzón es abogado y criminólogo
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