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Crítica de la película

'War Horse (Caballo de batalla)': A caballo entre E.T. y el soldado Ryan

'War Horse (Caballo de batalla)': A caballo entre E.T. y el soldado Ryan

jueves 09 de febrero de 2012, 10:28h
Lo que ha querido hacer Steven Spielberg con 'War Horse' es mezclar al mago del cine infantil tipo 'E.T.' y al mago del cine bélico de 'Salvar al soldado Ryan', el resultado se queda a medias y no alcanza el nivel de esas dos grandes películas, aun así en sus dos horas y media de duración este 'Caballo de batalla' contiene grandes momentos de cine. Momentos que confirman la teoría de que por las venas del realizador no corre sangre sino celuloide.
La película comienza en la campiña inglesa, con una historia de superación en la que un chaval se encariña con un caballo. Esta primera parte tiene un tono que recuerda al cine de John Ford, pasado eso sí por el tamiz más sensiblero del director de 'El Imperio del Sol'. Aun así hay grandes momentos. Peter Mullan y Emily Watson están perfectos como los padres del chaval, aunque éste, interpretado por el joven Jeremy Irvine, no alcance su nivel. El comienzo de la I Guerra Mundial dará paso a la parte central de la historia.

El caballo y el chico se separan al comienzo del conflicto y la historia seguirá las peripecias del caballo. Como si se tratará del rifle de 'Winchester 73', seguiremos la historia del animal y como va pasando de unas manos a otras, primero un oficial de caballería inglés, luego un joven soldado alemán, una niña francesa y su abuelo, un caballerizo alemán y un soldado británico. El ritmo es ágil y la guerra permite a Spielberg lucirse en varios pasajes y, a la vez, enviar un mensaje antibelicista. La carga de caballería y el encuentro en 'tierra de nadie' entre el soldado británcio y el alemán deberían pasar a engrosar la enorme lista de grandes momentos del cine 'spielbergiano'.

La película llegará a su lógica conclusión final con el reencuentro de chico, ahora convertido en soldado, y animal, haciendo de la misma una historia circular. Es aquí dónde surgirá el debate, ¿emocionante o sensiblera? Puede que un poco de ambas, algo que también pasa con las diversas historias de la parte central, pero desde luego es coherente con su mirada 'peterpanesca' de la vida. Esto se puede ver perfectamente en la escena en la que el caballo queda atrapado entre las trincheras de uno y otro bando, Spielberg la resuelve brillantemente juntando a dos enemigos para ayudar al equino y con ello poniendo en evidencia lo absurdo del conflicto. En cambio, en una situación similar, el maestro español Berlanga dejaba morir a su vaquilla ante la mirada de dos bandos cainitas. Dos miradas igual de válidas pero totalmente diferentes.

La prueba evidente de la maestría con la que está rodada la película es que sus  dos horas y media de duración se pasan voladas, aunque tenga algunos baches. Al final Spielberg volverá a buscar las lágrimas, algunos se emocionarán de verdad y otros las verán como lágrimas de cocodrilo pero ninguno podrá dudar de que ha visto a un maestro en acción.

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