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Huelgas de policías

Huelgas de policías

lunes 13 de febrero de 2012, 10:30h
En el estado de Bahía en Brasil, una huelga de la policía ha dejado a buena parte de los ciudadanos a merced de las bandas de delincuentes. En nueve días, 146 personas han perdido la vida y tras los saqueos y tiroteos en las calles muchos ciudadanos están en estado de pánico, por lo que el gobierno nacional ha decidido trasladar temporalmente miles de soldados a la región con el fin de restablecer el orden. Las reivindicaciones de los policías no parecen excesivas: mejores salarios, un plan de carrera, subsidio por accidentes y, en general, mejores condiciones de trabajo.

Nada especial que no sea aplicable a cualquiera de los países democráticos. La diferencia, no obstante, tiene que ver más con la existencia de cuerpos policiales profesionalizados y cuyos episodios de corrupción son pequeños y controlados .Un régimen disciplinario eficaz es el requisito imprescindible para que las policías de los países democráticos tengan el comportamiento que merecen los países democráticos. Durante la legislatura 2008-12, una nueva ley disciplinaria de la policía nacional fue aprobada en España por unanimidad de todos los partidos del arco parlamentario.

Episodios similares han tenido lugar en otros países en los últimos años .En Ecuador, la policía protagonizó un golpe de estado y fue el antecedente de su práctica disolución y cambio radical. En el origen, reivindicaciones reformistas, pero la formula de plantear las reivindicaciones no pudo ser más violenta.

En México, la corrupción generalizada de los cuerpos policiales, dependientes en su mayoría de los estados federados, ha llevado al presidente Calderón a desplegar  miles de soldados en los estados en los que existe mayor violencia de los narcotraficantes. Los muertos se cuentan por millares y la desconfianza hacia la policía por parte de la población es total.

A la hora de analizar este fenómeno, que con una frecuencia insólita viene a sustituir en nuestro tiempo a las grandes movilizaciones obreras de la sociedad industrial, conviene destacar que se trata de colectivos muy numerosos, muy horizontales (muchos efectivos con el mismo salario e idénticas obligaciones) muy corporativos (con conciencia de su condición especial y con orgullo de pertenencia) y finalmente, conscientes de su poder de movilización. Colectivos similares como bomberos o policías municipales en España, son objeto con mucha frecuencia de la atención de los medios de comunicación.

El fenómeno tiene que ver por una parte con el alto grado de afiliación sindical en determinados colectivos del sector público y con la conciencia social de la necesidad de su existencia. La natural simpatía con que la sociedad puede ver reivindicaciones salariales o de estatus de determinados colectivos, puede tornarse un arma de doble filo que, como en los casos referidos, puede hacer bascular a la opinión pública en sentido contrario al deseado por quienes enarbolan demandas razonables.

El derecho de huelga para estos colectivos no existe en la mayoría de los países del mundo, a excepción de algunos como Portugal y Bélgica. La sociedad ve con absoluta prevención, más allá de la simpatía razonable por una reivindicación salarial o de equiparación con otros colectivos, la posibilidad de un conflicto profundo de esta naturaleza. En España, los policías y guardias civiles tienen prohibido el ejercicio del derecho de huelga y en el caso de los guardias civiles, por ser una institución de naturaleza militar, también las manifestaciones en su condición de tales.

Esta situación puede no restarles un ápice al peso de la demanda reivindicativa de equiparación con otras policías existentes en el Estado español. Este hecho, motivó dos manifestaciones multitudinarias de la Policía Nacional durante 2008 y 2009, que no lograron su objetivo, pero que  consiguieron el establecimiento de una conciencia social de injusticia respecto del trato salarial de ertzainas y mossos de esquadra por una parte y policía nacional por otra.

Más de dos años después de aquellas movilizaciones, la crisis económica ha impedido avances o acercamientos en las retribuciones de los diversos tipos de miembros de las fuerzas del orden, pero persiste la conciencia de que una mayor igualdad retributiva debe ser buscada por los responsables. Es una decisión estratégica que debe ser objeto de reflexión. Las modificaciones de la jornada laboral, por su parte, suponen básicamente el incremento de los turnos, lo que al final, se traduce en un menor número de efectivos en servicio.

 Las condiciones de trabajo de nuestros policías son en general, bastante razonables, si se les compara con otros países de nuestro entorno, pero su grado de afiliación sindical (un 97 por ciento de los policías españoles pertenecen a un sindicato) les coloca en una situación de contrapoder cuya administración o gerencia es especialmente delicada. El proyecto de ley de personal de policía, que se quedó en el Senado como consecuencia del adelanto electoral, intentaba mejorar esta situación y plasmaba acuerdos con las organizaciones sindicales en materia de carrera profesional.
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