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Contra el juego sucio

Contra el juego sucio

sábado 03 de marzo de 2012, 12:05h
Estaba escribiendo esta nota cuando me enteré del golpe de efecto de Rajoy, informando en una rueda de prensa posterior al encuentro de líderes europeos sobre el objetivo de déficit que el Gobierno español se establece a sí mismo para el 2012 (un 5,8 %). Me dieron ganas de escribir sobre los pros y los contras de tal muletazo. Pero he decidido no hacerlo, entre otras razones porque la decisión de Rajoy hace más evidente la posibilidad de aunar voluntades para lograr (cuanto antes, por favor) alguna suerte de política de Estado para enfrentar la crisis económica.

Sin embargo, una condición previa para favorecer esa política de Estado es que las principales fuerzas políticas del país dejen de jugar sucio. Ya está bien de ese jueguito irresponsable que se traen PP y PSOE de utilizar personajes de segunda o tercera fila para enlodar la imagen del contrario. La acusación última realizada mediante esta vía por parte del PP acerca de que el PSOE está impulsando las movilizaciones callejeras, incluyendo las violentas, es una falsedad injuriosa que no dignifica la política española. Pero la ristra de acusaciones gratuitas que lleva el PSOE, también utilizando este método de hacerlo mediante segundones/as, resulta la otra cara de la misma moneda.

No, el PSOE no está apoyando las manifestaciones violentas, ni tiene una estrategia de incendiar la calle para recuperar la imagen perdida. Lo que sí es cierto es que la presión social le supone un balón de oxigeno para recuperar fuerzas. Pero entre lo uno y lo otro hay una distancia apreciable, y no saber distinguir ambas cosas es simple falta de juicio o mala fe. Como tampoco es cierto que Rajoy este gozando de la crisis para impulsar sus acciones de derecha franquista, como algunos personajillos del PSOE pretenden.

Espero que no seamos muy pocos los que percibamos este navajeo de bajo nivel y reclamemos alto y claro que ya vale de política rastrera en el país. No sólo porque este juego es poco edificante, sino porque no contribuye para nada a la construcción del clima que necesitamos para poder remar todos en la misma dirección.

Ya sé que es cierto que en España se mantiene la vieja costumbre de crecer a base de enlodar la imagen del contrario. Hace siglos que llevamos practicando este juego de la mediocridad, que en el fondo hace que la gente tenga que elegir al menos malo. Claro, metidos en esta dinámica ¿Cómo va a ser posible que la cultura política española acepte de una vez que hay situaciones para privilegiar el disenso y otras para favorecer el consenso?

Propongo una acción contra este juego sucio: cada vez que veamos a segundones/as tirando veneno insidioso, llenemos las redes sociales de mensajes de repudio colectivo, sin que nos importe las preferencias políticas de cada uno. Veamos si así las principales fuerzas políticas dejan de tirarse tierra a los ojos y somos capaces de dignificar la vida política española.
 
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