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Empate técnico pero no político

Empate técnico pero no político

jueves 29 de marzo de 2012, 17:58h
Ya sabíamos que había muchas posibilidades de que esta huelga general tuviera como resultado un empate entre las fuerzas contendientes. Y así parece que ha sucedido. Por un lado, la derecha esperaba un sonoro fracaso de la convocatoria que supusiera un acta de defunción de los sindicatos como agente social relevante. No se han cumplido sus expectativas. La huelga dista de ser el éxito que los sindicatos pretenden, pero ha tenido el suficiente impacto como mostrar que Comisiones y UGT siguen siendo parte de las fuerzas vivas del país. Y por otro lado, el seguimiento de la huelga tampoco ha sido el esperado por los sindicatos, lo que permite al gobierno mantener su decisión de seguir adelante con la reforma laboral.
Es decir, empate técnico. El resultado de la huelga no satisface ni a unos ni a otros. Pero si se pone en contexto y, sobre todo, en perspectiva, todo parece indicar que los partidarios de combatir las medidas del Gobierno mediante el aumento de la presión social obtienen una ligera ventaja. Porque es indudable que el camino del aumento de la protesta callejera queda abierto. Cosa que no hubiera sucedido si la huelga hubiera sido un claro fracaso. Dicho de otra forma, la molestia social que siempre provoca un ajuste duro sí tiene posibilidades de continuar creciendo en las calles. Y el Gobierno sabe que tanto Bruselas como los mercados ya están preocupados por esta posibilidad, que podría incrementar las probabilidades de una helenización del conflicto social de España.

Importa subrayar que los dirigentes sindicales se encuentran entre la espada y la pared. Por una parte, tienen que atender las presiones de quienes les plantean "ni un paso atrás" en las condiciones laborales adquiridas hasta el momento. Pero ellos saben muy bien que eso es completamente imposible: resulta inevitable la lógica interna que tiene la reforma laboral del PP en cuanto a la necesidad de incrementar la rentabilidad de las empresas, sobre todo las pequeñas y medianas, por diversas vías, pero que no pueden excluir una reducción del coste del factor trabajo. Brevemente, que para la recuperación económica es imposible evitar dar algunos pasos atrás respecto de las condiciones contractuales previamente existentes. En el fondo, la cuestión no es si hay que dar o no algunos pasos atrás, sino cuantos.

Por eso, la única solución seria que les queda es la de la negociación. Y afortunadamente, eso es lo que están proponiendo los líderes sindicales: un acuerdo nacional sobre producción y empleo. Es decir, consideran que en la búsqueda del consenso nacional será posible dar menos pasos atrás en las condiciones laborales que los que plantea hoy la reforma unilateral del Gobierno. Y muy probablemente tienen razón. Pero para lograr eso se necesita de algunos factores que hoy no están a la vista.

El primero refiere a la correlación interna de fuerzas en los propios sindicatos. Si tal correlación se inclina hacia los partidarios del "ni un paso atrás", las posibilidades de los líderes sindicales de negociar el ajuste duro desaparecen. El segundo factor guarda relación con el empecinamiento del Gobierno de considerar que, como tiene buena posición institucional, en el legislativo y en los ejecutivos nacional y autonómicos, puede seguir la reforma laboral sin concesiones, sin importarle cuanto aumente la presión social. Ya hemos mostrado recientemente que esa posición refleja una falta de visión sociopolítica, pero sobre todo una irresponsabilidad con respecto al país.

Y el tercer factor, pero no menos importante, alude a la dificultad de traducción política que tiene el planteamiento sindical de un pacto nacional por la producción y el empleo. Es decir, no hay una sólida fuerza socialdemócrata en el país capaz de hacer esa propuesta desde la oposición política y el parlamento. Como ya vimos, cuando los periodistas preguntan al PSOE por qué no proponen un pacto nacional, similar en espíritu a los de la Moncloa, sus representantes y portavoces se ponen rápidamente a marear la perdiz. No, el PSOE carece hoy de la fortaleza para orientar la corriente social, por eso prefiere dejarse arrastrar por la corriente, aprovechando la molestia social que provoca el ajuste económico para recobrar fuerzas. De esta forma, la propuesta sindical de pacto nacional no tiene hoy la traducción política (socialdemócrata) que el país necesita.

No, definitivamente no pinta bien el panorama nacional. Los principales actores sociales y políticos no son capaces de plantarle cara al destino. La izquierda y los sindicatos por debilidades propias. Y el Gobierno, aunque parezca mentira, por la misma causa. Rajoy repite que no le faltarán arrestos para seguir con el ajuste duro por más manifestaciones y huelgas que se le hagan. Pero debe saber que seguir con su autismo sociopolítico, sin ver que su desplante tampoco es bueno para el país, también es otro tipo de falta de coraje. Rajoy tiene que buscar el justo límite para recuperar la rentabilidad empresarial sin zaherir ni un pelo más de lo necesario al factor trabajo. Claro, eso le obliga a volverse hacia la dirigencia empresarial y plantearle en serio cuanto está dispuesta a poner para permitir el necesario consenso social. Ya el Rey se reunió con los empresarios, para pedirles apoyo. El paso siguiente tiene que darlo Rajoy, tomándose en serio la necesidad de empujar a los agentes sociales a una reedición de los pactos de la Moncloa. Eso sí sería una muestra efectiva de verdadero coraje político.
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