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El desconcierto se extiende

El desconcierto se extiende

miércoles 11 de abril de 2012, 14:07h
Como en tiempos ya casi remotos durante la censura de prensa durante el franquismo, y salvando las siderales diferencias, hay que empezar afirmando que eran y siguen siendo necesarias reformas de gran calado en la economía española que nos llevarán a un estado de bienestar más reducido, más condicionado y más restringido de beneficiarios. Aclarado esto y también que todos esperábamos un conjunto compacto y coordinado de medidas económicas restrictivas que implantasen una cierta seguridad donde antes se dio bastante confusión e incertidumbre, se sabía ya de recortes drásticos porque incluso sin crisis económica hubiera sido ineludible revisar a la baja algunas prestaciones sociales introducidas durante los últimos años por el gobierno central y algunos autonómicos, al igual que moderar el faraonismo de algunas obras públicas. Como ejemplo, la construcción o proyecto de autovías con intensidades medias diarias de circulación de dos o tres millares de vehículos y con proyecciones quiméricas de aumento. Y lo verdaderamente curioso es que nadie pensaba en el crecimiento indefinido de la economía; pero nadie, ni los poderes políticos ni los financieros parecía que lo tuvieran en cuenta.

            Con el cambio de gobierno se marcaron unos objetivos de déficit que  solamente pueden alcanzarse reduciendo el gasto y aumentando ingresos mediante incremento de impuestos y tasas. Estos últimos tienen un techo real porque pueden comprometer la inversión y el consumo, pero no así la reducción del gasto de las administraciones, porque pueden disminuir tanto las inversiones como la prestación de servicios o. Y aquí es donde cunde el desconcierto, especialmente cuando se abordan las políticas a seguir en sanidad y educación.

            A nadie debería parecerle mal que se hiciera un análisis estricto respecto a la eficacia y aprovechamiento de recursos en ambos servicios públicos, porque todos sabemos que existen dispendios incontrolados y medios mal utilizados. Pero lo que sí parece mal es que el ministro de Economía De Guindos anticipe una fórmula de copago o exclusión de las rentas altas de la sanidad gratuita universal y sea desmentido inmediatamente; o que el ministro Wert se haya salido por la tangente en cuanto le han preguntado por la reducción de los programas de cooperación territorial, escapándose a Nueva Zelanda con la enseñanza del inglés; o que Esperanza Aguirre niegue la subida de los transportes madrileños horas antes de hacerse efectivos y se abone a recentralizar el Estado, siendo rechazada su propuesta por el mismo Rajoy. Son muchos más los ejemplos que podrían nutrir este capítulo de confusión, del que no están ausentes la Comunidades Autónomas.

            Lo anómalo de este panorama está en que todos creíamos que el nuevo gobierno, conocedor del déficit total del Estado meses antes del traspaso de poderes, puesto que  consideramos que hay suficientes inteligencias en su seno, traería elaborado un programa racional y estricto de reformas y recortes de gastos, pero por lo que se va viendo más parece que se está improvisando al dictado de Europa y de los mercados. Y como en esto de las amistades internacionales somos bastante escépticos, porque nuestras dificultades pueden beneficiar a otros países, hay que poner en cuarentena tanta profusión de consejos externos y seguir la hoja de ruta. De seguir así no se recuperá la confianza interna ni  la externa.
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