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Crítica de la película

'Madrid, 1987': La rodilla de María

'Madrid, 1987': La rodilla de María

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viernes 13 de abril de 2012, 13:30h
'Madrid, 1987' es una obra personal de su guionista y director, David Trueba, que ha recurrido a un tono muy nouvelle vague, principalmente al de Eric Rohmer con referencias claras como 'Mi noche con Maud' y 'La rodilla de Clara', para hablar de las cosas que más le interesan. Y es que si algo se hace en la película es hablar. Dos personajes, un escenario, cero vestuario y un guión milimetrado, eso sí, en ocasiones denso e, incluso, pedante. No es una película para todos, pero desde luego es la película que quería hacer su autor.
No es ninguna casualidad el título de la película de David Trueba, así es como comienza la escritura de su guión, situándonos en el espacio y el tiempo. Madrid, 1987, una época en la que la generación que había hecho la transición se empezaba a dar de bruces con la realidad, el ingreso en la OTAN, la pérdida de valores significada en el auge de personajes como Gil y Gil o Mario Conde, todo eso está en la cínica actitud, mirando siempre por encima del hombro del personaje de José Sacristán, un renombrado artículista/escritor que se parapeta bajo una supuesta sabiduría que le hace creer que lo sabe todo. Por el otro lado, una joven estudiante de periodista con hambre de saber, de conocer y de vivir que no es la lolita ingenua que se imagina el gurú de las letras. No extraña, como decía, que David Trueba haya titulado su película así porque toda ella descansa en su guión. Un guión muy bien calculado que encierra desnudos a sus dos personajes en un cuarto de baño pero que en realidad los irá desnudando de verdad, interiormente, poco a poco hasta que al final se muestren sin sus respectivas capas protectoras, mucho más difíciles de dejar caer que una pudorosa toalla.

La película es espartana por planteamiento, en un 90% es una única localización y dos actores, sin música, hablando sin parar. Curioso que en una película así, en la que se dice que la música siempre está mal, que es "como las señales de tráfico" que te dice qué tienes que sentir, termine recurriendo a una canción para el final de su metraje. Eso sí, el duelo interpretativo es de altura. José Sacristán está enorme, como era de esperar, pero en María Valverde el director ha encontrado a una actriz capaz de aguantar el envite. Su personaje es el más fuerte de los dos a pesar de ser el más callado y las simpatías del guionista y director están con ella. 

A pesar de la fuerza de un guión que reposa absolutamente en la capacidad interpretativa de sus dos actores, 'Madrid, 1987' está lejos de ser una obra de teatro filmada. Se trata, por el contrario, de una obra muy planificada, en la que el director guía al espectador hacia dónde él quiere, mostrándonos unos detalles que serían irreproducibles en escena. Dicho esto 'Madrid, 1987' dista mucho de ser una película perfecta, su discursiva es, a veces, pedante, similar a algunas películas de Eric Rohmer, lo que la aleja de ser una obra para todos los públicos. Algo de lo que la película es consciente, David Trueba no está escribiendo para el gran público, lo hace para sí mismo, lo que la convierte, por otra parte, en una película honesta. El mismo director ha comentado que en el personaje de Valverde hay muchas cosas suyas (en 1987 fue cuando comenzó a estudiar periodismo) y no es extraño ver algún parecido del personaje de Sacristán con el documental que dedicó Trueba a Fernando Fernán Gómez. Claro que en este personaje también se encuentra huellas de gente como Umbral o Vázquez Montalbán.

Sin duda, 'Madrid, 1987' es una propuesta personal y arriesgada, no satisfará a todos pero tampoco se lo propone. Lo mejor que tiene es que no se rinde al vacío nihilismo de salón, al placer de escucharse a uno mismo, al desencanto y la amargura; lo malo es que su propia incontinencia verbal juega un poco en su contra.

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