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¡Nada que investigar!

martes 29 de mayo de 2012, 20:13h
Es difícil señalar qué produce más asombro de entre las decisiones políticas adoptadas por el partido en el poder en los últimos días: si el desatino de las vagas declaraciones de Rajoy ante su comité directivo sobre la crisis financiera y en especial la de Bankia, o la negativa a investigar a los responsables de una mala gestión, como es la producida en Caja Madrid, que trae sus resultados de muchos años atrás, sin que nadie se sienta vinculado más que para percibir los abultados honorarios de una dirección cuando menos errática y turbia.

En el último artículo en este mismo medio ya me refería a la irresponsabilidad de gestores financieros y políticos relacionados con la designación de tan malos administradores de los capitales ajenos. Ya sabemos lo de la crisis económica, pero unas entidades han sabido sortearla ; y otras, no. Y además estas han engañado sobre su verdadera situación, llevando en ocasiones a que millares de ciudadano hayan suscrito de buena fe acciones de tales entidades siendo sorprendidos por la pérdida de su valor por razones objetivas, no por un capricho o una maniobra de los mercados. A eso se le acostumbra a llamar estafa.

En la confirmación, ahora, de unos resultados ruinosos que durante años se pretendía que eran positivos y dados al conocimiento público con toda suerte de parabienes para sus rectores, queda la duda de si la cúpula de tales entidades ignoraban la realidad, lo que supondría una negligencia culpable, o la conocían y lo ocultaron incurriendo en alguno de los supuestos de delitos societarios. Y  hasta aquí nos hemos referido a los "administradores de hecho o de derecho...que contraigan obligaciones a cargo de esta (la sociedad) causando directamente un perjuicio económicamente evaluable a sus socios, depositarios, cuantapartícipes o titulares de los bienes, valores o capital que administren..." (Art.295 del C.P.) Pero también existen unos censores de cuentas, internos y externos, que deben analizar las cuentas anuales y determinar si los balances y cuentas de pérdidas y ganancias responden a la realidad económica, para lo que tienen acceso a la contabilidad general de las entidades y pueden formular reparos a los criterios contables aplicados. Existe un Banco de España casi omnipotente en sus competencias aunque con normas de confidencialidad y prudencia que administra con  cordura, con un cuerpo de inspectores muy capaces. Todos pudieron y debieron detectar las anomalías de las entidades hoy cuestionadas.

Pero lo que se entiende menos es que el partido popular se niegue a abrir una investigación en el Parlamento o trate de desactivarla antes de comenzar. Eso es ceguera política, pero alguien podría interpretarlo como encubrimiento. El asunto es demasiado trascendente como para querer ignorarlo, disfrazarlo o demorar su exámen.
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