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Cuentos y cuentas

Cuentos y cuentas

lunes 11 de junio de 2012, 12:54h
En general los seres humanos somos mejores recordando lugares e imágenes que conceptos. Nuestros antepasados dedicaron mucho más tiempo a cazar y recolectar que al mercado de derivados bursátiles, y eso deja su huella en el cerebro de la especie. Conocedores del fenómeno, los especialistas en mnemotecnia suelen asociar los conceptos a imágenes y lugares para recordarlos más fácilmente.

En los últimos años se ha puesto de moda entre los expertos en comunicación otro instrumento, también relacionado con nuestras capacidades cognitivas, la técnica del storytelling, es decir, la de contar cuentos. Hay quienes se empeñan en enumerarnos la virtudes de un producto comercial, o de un candidato, como si nos dieran un puñado de perlas muy valiosas. Al principio las llevamos todas juntas en las manos, pero poco a poco las vamos perdiendo: unas ruedan debajo de la cama, otras se meten entre los cojines del sofá, otras se cuelan hasta el forro de la chaqueta por un agujero cuántico que tenemos en los bolsillos, indetectable para el dedo humano. La conclusión es que si nos dan un montón de datos, enseguida se nos olvidan.

Sin embargo, si esos datos vienen enlazados en una historia, los recordamos fácilmente. El sentido los va atravesando y los ata como el hilo del collar ata las perlas, de manera que se quedan colgados en nuestra memoria para mucho tiempo. Los seres humanos, con las excepciones de rigor, recordamos mejor los cuentos que las cuentas.

Antes de las últimas elecciones generales se extendió un cuento por la sociedad española: el cuento de la confianza. Se lo oí a varias personas, pero la versión canónica me la contó un obrero de mi pueblo. Unos meses antes de las elecciones, uno de sus jefes, un joven ingeniero técnico, le dijo: «a los dueños del capital no les gustan los que habéis votado, habéis elegido a gente incompetente y malos españoles, así que no cuentes con que mejore la economía mientras estos sigan gobernando. Eso sí, en cuanto gane el PP, que está formado por gente tan competente y patriota como los empresarios, volverá la confianza y los dueños del capital invertirán su dinero, y con las inversiones crecerá la economía y el empleo».

Aquel cuento llevó a unas personas a las urnas y alejó a otras; y así el PP obtuvo una abultada mayoría absoluta. Los primeros días de enero la gente se iba a la entrada de los pueblos a ver llegar la confianza y con ella las inversiones, y con las inversiones el empleo; pero no, la confianza no llegó. Así que allá por marzo la gente dejó de ir a la entrada del pueblo a esperar la confianza; y por eso no ha visto como, discretamente, los ricos han ido sacando su capital del país, en una cantidad que ronda los cien mil millones de euros. De modo que en lugar de poner su dinero a trabajar, los capitalistas amigos del PP lo tienen ocioso en un paraíso fiscal. Se llevaron su dinero y nos dejaron al PP, y ahora resulta que las cuentas no cuadran con el cuento.
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