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El sargento igualitarista

El sargento igualitarista

lunes 18 de junio de 2012, 12:06h
Sería allá por junio de 1984, y recuerdo bien que estaba formado en el patio del cuartel con el resto de los artilleros de mi batería. El joven sargento recién llegado de la academia, había descubierto una enorme injusticia y estaba decidido a ponerle fin de inmediato. La injusticia se refería a la distribución de las guardias: los nuevos hacían muchas y los veteranos no hacíamos ninguna.

Mientras permanecíamos en posición de firmes, el sargento nos anunció que a partir de ese día las guardias se distribuirían igualitariamente. Tres cuartas partes de la formación, saltándose la disciplina, empezaron a protestar con fuerza y exigieron ser oídos por el capitán. El sargento se debió inquietar un poco, porque un sargento no tiene miedo, así que aceptó que uno de nosotros fuera a hablar, en nombre de todos, al capitán. Mis compañeros decidieron que fuera yo. Mientras caminaba hacia la oficina del capitán yo también sentía cierta inquietud, porque un artillero no tiene miedo, y pensaba rápido.

Tras escuchar la explicación del sargento, el capitán me dijo: «Mora, en el ejército esto no es muy ortodoxo, aquí no hay delegados de clase». Para mi fortuna, mi capitán es uno de esos militares que supieron convertir el ejército de una dictadura en una de las instituciones mejor valoradas por los españoles de la democracia. Así que siguió escuchándome mientras yo le decía: «usted conoce mi militancia política y sabe por tanto que yo soy un firme defensor de la igualdad; sin embargo, la igualdad debe ser justa. Un obrero cercano a la edad de jubilación probablemente tenga bastante más patrimonio que un obrero joven, e incluso que un ingeniero recién licenciado. Lo que aparece como desigualdad e injusticia si miramos un momento determinado de la vida de esas personas, lo vemos como igualdad y justicia si tomamos en consideración toda su biografía. Los soldados que nos vamos a licenciar ahora ya hicimos todas las guardias cuando llegamos, si ahora hacemos una parte de las guardias de los nuevos, a la hora de licenciarnos, los veteranos nos iremos del cuartel habiendo hecho muchas más guardias de las que habrán hecho los nuevos cuando ellos se vayan». El capitán anuló la orden del sargento.

Hace unos días un muy poco razonable periódico de Madrid decidió golpear a los rectores de las Universidades Públicas que se oponen a los recortes del gobierno del señor Rajoy, con la excusa de que cobran mucho. La consecuencia es que la Presidenta de la Conferencia de Rectores, rectora de la UMA y catedrática de biología celular, Adelaida de la Calle, tuvo que justificar que, en el cenit de su carrera académica y administrativa, cobra algo más de cuatro mil euros mensuales. Eso en el mismo país en que hace seis años un especulador de tres al cuarto podía ganar diez veces más que la rectora, sin que nadie pidiera explicaciones.

Malos tiempos para España estos en los que, envueltos en la bandera de todos, los mismos de siempre insultan a los maestros.
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