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En Badajoz, con toros flojos y nobles de Garcigrande, a la que Padilla cortó un trofeo

Repaso de un humano Juli a un mítico José Tomás: cuatro orejas de verdad frente a tres casi regaladas

Repaso de un humano Juli a un mítico José Tomás: cuatro orejas de verdad frente a tres casi regaladas

lunes 25 de junio de 2012, 20:31h
El Juli desató toda su torería, entrega y garra para superar ampliamente, estadísticas al margen, a un mito venido a menos, José Tomás en el primer festejo de éste en la actual temporada. Con una corrida noblona y floja, El Juli cortó cuatro orejas de peso mientras el otrora Sumo Sacerdote echó tres muy facilonas en su esportón, mientras Padilla se llevó una.
¿Le tenía ganas El Juli, siempre en la arena, siempre dando la cara, siempre humano, al taquillero y mediático José Tomás, siempre mito escondido, por encima del bien y del mal? La respuesta puede estar en el viento, como dice la canción de otro mito, no taurino, claro, Bob Dylan. Pero en Badajoz, en la que iba a ser gran fiesta de la vuelta a los ruedos del otrora Sumo Sacerdote, se coló Julián López y le pegó un repaso. Sobre todo de rabia, de entrega, sí; pero también de torería dentro del clasicismo. De echarle la emoción que una corridita 'durse', de los hierros hermanos de Garcigrande y Domingo Hernández.

Que además de justita de trapío y fuerzas, y cómoda de cabeza, aunque no sospechosa, se dejó llevar por acá y por acullá dentro de su bondad y chochona colaboración infinita. Fácil lo tenía José Tomás, con un público festivo y favorable. Pero el de Galapagar, que intentó la pureza pero poco le salió, salvo algunos retazos aislados, anduvo frío y vulgarote con percal y muleta toda la tarde. Más en el blando primero, al que mató de un feo espadazo jaleadísimo y que le valió una oreja verbenera, de escaso fuste. Quizás espoleado por las dos que se llevó El Juli en su explosión con el tercero, Tomás apretó algo en el otro suyo, aún más flojo y que daba más pena que miedo, a base de arrimarse en los últimos compases de una faena en la que hasta ese momento ni había sonado la música
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Ortodoxia muleteril y grandes estocadas

Entonces, con el burel ya cerca de estado cadavérico, al menos el coletudo se metió entre los pitones, tragó e incluso extrajo una serie corta de naturales marca de la casa. Volvió a matar feamente, pero ya se había desatado la pasión y el forofismo en el graderío y lo que debió ser una oreja se convirtió en dos, por obra y gracia de un presidente de pañuelo fácil. Y El Juli, que había mecido el toreo a la verónica y por chicuelinas en ese tercero con mucha ortodoxia muleteril después y lo despenó de un estoconazo para echar dos orejas en el esportón, todavía apretó más en el que cerraba festejo. Hubo pasión y emoción, metiéndose también entre los pitones, imitando a Tomás, pero con muletazos más largos y mandones, y largándole otra gran estocada para redondear la tarde.

En fútbol sería un resultado de 4 a 3, pero la sensación general de los pocos espectadores analíticos y no triunfalistas fue la de un serio repaso de un Juli en plenitud a un Tomás muy lejos de sus mejores tiempos, aparte de ligeramente cojo. Lo que explica que se tape y se esconda en una ridícula minitemporada de sólo tres corridas -ésta, otra en Huelva y una encerrona en Nimes ante seis toros- indigna de quien es un mito mediático y (fue) Sumo Sacerdote. También hizo el paseíllo Juan José Padilla, muy espectacular -como sus pares de banderillas al cuarto- pero sin fondo artístico e incluso un punto más vulgarote que José Tomás, pero también un punto más entregado, con muchas ganas, que le valieron una ovación en el que abrió festejo y una oreja en el otro.

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