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La prensa simbólica que está en las calles

La intrahistoria del periódico 'La Farola': ¿un salvavidas para los más necesitados?

La intrahistoria del periódico 'La Farola': ¿un salvavidas para los más necesitados?

sábado 28 de julio de 2012, 14:13h
Fundada por George Mathis en 1994 en Barcelona, 'La Farola' se define a sí misma como 'El periódico de la esperanza'.  Vender esta publicación por las calles de las grandes ciudades es, muchas veces, la única salida digna para la gente que no tiene recursos: parados de larga duración, inmigrantes sin empleo, vagabundos sin techos, familias sin recursos... Pero, ¿qué hay detrás de esta fachada?

'La Farola', que actualmente va por las ediciones nº 323-325, "ante todo es un símbolo'' comentan Louis y Godpowers de Nigeria. "Normalmente la gente no me pide que le dé un periódico, simplemente me dan dinero", dice sorprendido Godpowers al solicitarle uno de sus ejemplares. Pero no todos están dispuestos a vender su ejemplar. "Es el último que me queda, no puedo permitirme vender este último, ya no tengo dinero para comprar más", declara un vendedor sudafricano que ejerce cerca de Palos de la Frontera. Su edición era muy antigua y la lleva envuelta en una carpetita transparente de plástico para no estropear el material. Pero, ¿qué significa que no tiene dinero para comprar más? ¿Acaso es un sistema de reventa?

En efecto, 'La Farola' está ideada dentro de un sistema en el que las tiradas se venden a los trabajadores que tengan un carné acreditado para que, más tarde, ellos revendan el periódico a un precio mayor y poder conseguir beneficios. Concretamente a ellos les cuesta un euro y la revenden por dos. Así el sistema puede mantenerse: recaudan dinero para elaborar nuevas tiradas, mientras que los trabajadores ganan una pequeña diferencia, simple. Este carné puede sacárselo cualquier persona, pero también posee un carácter simbólico. Dana, que tiene dos hijos de dos y diez años, aún no tiene el carné. "Lo sacaré la semana que viene", comenta mientras me ofrece todo tipo de productos como mecheros  y llaveros en el barrio de Argüelles. Es de Rumanía y tiene todos los papeles en orden, su marido le compra los periódicos que ella sale a vender todas las mañanas. "La cosa está muy mal, mi principal objetivo del día a día es conseguir comida para mis hijos, el resto ya se verá"... Ni ella ni su familia tienen intención de volver a Rumanía: "Aquí se está mejor", asegura. Godpowers tampoco tiene el carné de acreditado, lo perdió hace tres meses, pero no le importa: "Me lo venden igualmente. Puede sacárselo cualquiera, es muy sencillo", explica.

¿Dónde comprar 'La Farola'?


El pequeño local donde se produce el contacto entre los vendedores y la distribuidora se encuentra en la calle Juan Antón, cerca de la casa de Campo de Madrid, (metro Alto de Extremadura). El local parece abandonado recubierto de rejas y no se puede ver el interior, lo único que se puede vislumbrar es una hojita que indica el horario: martes y miércoles por la mañana (también indicado en el periódico). La mujer que lo lleva de unos 60 años no está acreditada para dar información pero aclara y desmiente uno de los rumores que se expandió sobre el cierre del diario hace cinco o seis años: "Nunca hemos dejado de repartir ediciones ni hemos cerrado el periódico, seguimos adelante, nunca han existido problemas, por lo menos aquí abajo. Una vez cambiamos de local, pero eso fue por culpa del alquiler, el otro local era muy caro". Junto al mostrador se encuentra un tablón en el cual cuelga una hoja de indicaciones que recuerda 'Dar propina al distribuidor cuando venga con los nuevos pedidos', 'solicitar ayuda de vecinos del barrio para trasladar los paquetes del camión al local', 'un euro por un ejemplar'...

¿De dónde viene La Farola?

Los ejemplares son editados en Italia, dependiendo del diario existen distintas direcciones: o Génova o Roma. Esta actividad la dirige la editorial Amici di Qui-Z, que como el mismo diario no posee ni página web ni dirección. Las tiradas son irregulares y el periódico carece de fechas en su portada, pero suelen ser quincenales.

 El diario se compone de 24 páginas en las que se desarrollan artículos sacados de internet de fechas atrasadas, sin nombres de periodistas o redactores, relacionados con economía y sociedad, redes sociales, cooperación, cambio climático, cultura, cocina, algunas entrevistas y sólo las dos últimas páginas dedicadas a publicidad dirigida exclusivamente a los propios vendedores ofreciendo ofertas de viviendas muy baratas, trabajos y productos que pueden conseguir a menos precio acreditando el nº de carné de vendedor. Pero curiosamente sólo dos de los individuos entrevistados habían leído La Farola que vendían. "A veces [leo] cuando me aburro, pero no entiendo muy bien el idioma", comenta Louis que ejerce en la C/ Princesa y que desconocía los descuentos a su alcance. Sin embargo Godpowers, de 39 años, sí que estaba al tanto de las ofertas, las cuales había solicitado alguna vez. Los demás no habían tenido interés o no conocían el idioma, lo importante era vender el producto. Esto principalmente fue lo que produjo las polémicas del 2009 que llevaron a juicio a Mathis, varios individuos sentían que era una manera de explotar a los necesitados para difundir La Farola como producto. 

¿Pueden los vendedores subsistir con La Farola?

Normalmente los que distribuyen este periódico solo se dedican a eso y efectivamente, la mayoría sí que subsisten a base del periódico y la limosna. Louis vende 4 o 5 al día a lo que suma lo que le dan los viandantes que no solicitan el periódico. Su objetivo al llegar a España era conseguir papeles, aún no los ha conseguido pero no tiene en mente regresar a su país: "No lo sé, de momento tengo casa y este es mi trabajo", explica. Aunque no todos se encuentran a gusto como para considerarlo 'trabajo'. Godpowers puede subsistir, pagar su piso de alquiler en Parla (500 euros) e incluso de vez en cuando pagar a una asistenta que le limpia la casa pero se siente muy incómodo: "No me gusta estar molestando en la calle pidiendo dinero, está feo y no es agradable, yo se que molesto"... Ejerce cerca de Serrano y es consciente de su situación, como él mismo reconoce: "No hay más salidas''. Acude una vez al mes al local de La Farola y compra 16 periódicos para todo el mes. "Si necesito más vuelvo, pero en general esto me vale para un mes", dice Godpowers. En 5 o 6 años tiene planeado volver a Nigeria con su familia, mientras tanto, camina con cuidado e intentando pasar desapercibido: "Existe mucho racismo en España, por lo menos en mi barrio. Ven mi color negro y ya me miran con rechazo, yo lo único que quiero es que nadie se dé cuenta de que estoy, podrían exportarme", advierte este nigeriano que sobrevive gracias a La Farola.

Normalmente los que distribuyen este periódico solo se dedican a eso y efectivamente, la mayoría sí que subsisten a base del periódico y la limosna. Louis vende 4 o 5 al día a lo que suma lo que le dan los viandantes que no solicitan el periódico. Su objetivo al llegar a España era conseguir papeles, aún no los ha conseguido pero no tiene en mente regresar a su país: "No lo sé, de momento tengo casa y este es mi trabajo", explica. Aunque no todos se encuentran a gusto como para considerarlo 'trabajo'. Godpowers puede subsistir, pagar su piso de alquiler en Parla (500?) e incluso de vez en cuando pagar a una asistenta que le limpia la casa pero se siente muy incómodo: "No me gusta estar molestando en la calle pidiendo dinero, está feo y no es agradable, yo se que molesto"... Ejerce cerca de Serrano y es consciente de su situación, como él mismo reconoce: "No hay más salidas''. Acude una vez al mes al local de La Farola y compra 16 periódicos para todo el mes. "Si necesito más vuelvo, pero en general esto me vale para un mes", dice Godpowers. En 5 o 6 años tiene planeado volver a Nigeria con su familia, mientras tanto, camina con cuidado e intentando pasar desapercibido: "Existe mucho racismo en España, por lo menos en mi barrio. Ven mi color negro y ya me miran con rechazo, yo lo único que quiero es que nadie se dé cuenta de que estoy, podrían exportarme", advierte este nigeriano que sobrevive gracias a La Farola.

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