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Repaso a su carrera y a su nuevo disco

Bob Dylan, 10 discos fundamentales y una tempestad
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(Foto: EP)

Bob Dylan, 10 discos fundamentales y una tempestad

martes 11 de septiembre de 2012, 11:55h
Robert Allen Zimmerman saca nuevo disco este 11 de septiembre, 'Tempest' hace el número 35 de la carrera de Bob Dylan, al menos oficialmente, y es una nueva oportunidad para entrar en el maravilloso mundo dylanita. No hay ningún músico en la historia del rock que haya despertado una pléyade de seguidores tan fieles como los del autor de 'Highway 61 revisited'. Dylan es religión y aquí hablaremos de diez páginas de su testamento, además de repasar su flamante nueva tempestad.

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The freewheelin' Bob Dylan: El joven Dylan llegó a Nueva York en enero de 1961 y, a pesar de sus maneras toscas de chico de pueblo, en poco tiempo se hizo un nombre entre la comunidad folk que pasaba la gorra en los cafés de Greenwich Village. John Hammond, el hombre que descubrió a Billie Holiday o Count Basie, le fichó para Columbia donde entregó un disco de debut en 1962 plagado de versiones de viejos temas folk y blues, y en el que las dos únicas canciones que compuso 'Talkin New Tork' y 'Song to Woody' eran todavía pequeños homenajes/plagios al hombre que había tomado como principal referencia, Woody Guthrie. No fue hasta su segundo disco, este 'Freewheelin´', cuando Dylan se destapó como compositor, logrando ser elegido, sin su aprobación, la voz de una generación, el profeta que anunciaba nuevos tiempos, la figura indiscutible del folk. Canciones como 'Blowin´in the wind', 'Masters of war' o 'A hard rain´s gonna fall' pasaban directamente a ser himnos coreados por miles de jóvenes idealistas, ligados al Movimiento por los Derechos Civiles. Dylan había pasado a ser el portavoz de la juventud americana, el heredero de Guthrie o Pete Seeger, a pesar de que canciones como 'Don´t think twice it´s all right' o 'Girl from the north country' enseñasen que había mucho más que un cantante protesta. Era 1963, los Beatles estaban a punto de conquistar EEUU y a ser conquistados por las letras de un estadounidense.

Another side of Bob Dylan: Otra cara de Bob Dylan reza el título y no puede ser más específico. Después de entregar su disco más político con 'The times they are a changin', Dylan comienza a sentirse incómodo con su papel de portavoz generacional, descontento con el cerrado mundo folk, Dylan cada vez es más consciente de si mismo y menos de los demás. Estaba encontrando su voz y esta era una cosa absolutamente individual en la que ya no cabían las proclamas. 'Another side of Bob Dylan' contenía su habitual ración de clásicos, como "All I Really Want to Do," "Chimes of Freedom," "My Back Pages," "I Don't' Believe You," o "It Ain't Me Babe", pero esta vez no eran los tiempos los que cambiaban sino el propio artista.

Bringing it all back home: El comienzo de la Santísima Trinidad, la trilogía de discos que colocarían a Dylan en el centro de la leyenda. Desde las sesiones de enero de 1965 en las que se grabó este disco hasta el 29 de julio de 1966, en el que los frenos de su motocicleta Triumph 500 le mandaron al suelo y a una nueva etapa de su carrera y su vida, Bob Dylan iba a escribir algunas de las páginas más memorables de la historia del rock. La primera este 'Bringin it all back home' en el que el bardo de Minnessotta se hace acompañar por primera vez por una banda de rock, eso sí, sólo en la primera parte del disco. Curiosamente la segunda, totalmente acústica, es la mejor del disco, las cuatro canciones que la componen son verdaderas muestras del talento melódico y lírico de Dylan, 'Mr. Tambourine Man', 'Gates of eden', 'It´s all right ma (I´m only bleeding)' y 'It´s all over now baby blue'. Curiosamente sobre la misma fecha de su grabación los Byrds hicieron su archifamosa versión de la primera, dando fecha de salida al movimiento conocido como folk-rock. Dylan también se había dejado seducir por el poder de las guitarras eléctricas, no en vano la mayor pasión de su juventud había sido el rock´n´roll de los pioneros, Elvis, Chuck Berry, Fats Domino o Little Richard, y su primera banda, The Golden Chords, tocaba la música del diablo. La influencia del autor de 'Johnny B. Goode' se puede notar y mucho en la canción que abre el disco, 'Subterranean homesick blues'. Al igual que había hecho en sus inicios en el folk, tomando prestadas melodías de sus principales influencias, como Woody Guthrie, Dylan escupe frases surrealistas sobre una melodía muy parecida al 'Too much monkey bussiness'. Más originalidad se puede encontrar en dos de sus mejores canciones 'She belongs to me' y 'Love Minus Zero/No Limit', canciones folk tocadas con banda. El virus del rock se había vuelto a instalar en su cuerpo y como proclama en la desafiante 'Maggie´s farm' Dylan no estaba dispuesto a seguir encerrado en la granja del mundillo folk. El rey de la canción protesta había muerto, había nacido la estrella de rock.

Highway 61 revisited: Las surrealistas imágenes de 'Bringing it all back home' encuentran su fondo sonoro perfecto en 'Highway 61 revisited', con una banda de rock en plena forma, en la que destacaba el gran Mike Bloomfield a la guitarra, Dylan se saca de la manga el mejor disco de su carrera, nueve composiciones perfectas que van desde el arrolador inicio de 'Like a rolling stone', propulsada por el órgano de Al Kooper, hasta la poética incursión en el camino de la desolación, los once minutos más bellos del largo cancionero dylanita. Entre medias los blues de la lápida se mezclan con los aullidos a la luna del blues de Pulgarcito, Joan Baez se lleva un recadito y la autopista 61 se llena de imágenes apocalípticas que confirman a Dylan como el nuevo gurú del rock, un flautista de Hamelín que se convertirá en el espejo de las estrellas actuales, Beatles y Stones, y por venir, Hendrix o Bowie.

Blonde on blonde: El disco del sonido mercurial, el que escuchaba en su cabeza Dylan, el primer disco doble de la historia del rock. Dylan estaba inspirado y necesitaba espacio para derramar la que es probablemente su mejor colección de canciones. Un colofón abrumador al periodo más importante de su carrera, 'Blonde on blonde' no era tan afilado como 'Highway 61' pero sí mucho más variado, el hipster cínico seguía escupiendo algunas maldades como las de 'Leopard skin pill box hat' o 'Most likely you go your way and I´ll go mine' pero también caben simples canciones de amor como 'I want you' o pasionales, como los torrenciales 12 minutos de 'Sad eyes lady of the lowlands' que ocupaban toda una cara del vinilo original y es que Dylan estaba recién casado con Sara Lownds. Eso sí, también había sitio para invitaciones a colocarse como 'Rainy Day Women #12 & 35' o para alguna de sus canciones más redondas 'One of Us Must Know (Sooner or Later)', 'Visions of Johanna', 'Just Like a Woman' o 'Absolutely Sweet Marie'. Pero como apuntaba en 'Stuck Inside of Mobile with the Memphis Blues Again', (que tradujo acertadamente Kiko Veneno como "oh mama, ¿esto puede ser el fin? Atascado con el blues de Memphis, sin poder salir"" ) los aires de cambio volvían a aparecer.

Nashville skyline: Nueva etapa, Dylan el padre de familia alejado de los focos y la carretera, recluido en su granja de Woodstock con su queridísima The Band. El primer acercamiento al country se produjo con 'John Wesley Harding' que contenía genialidades como 'All along the watchtower' o 'I´ll be your baby tonight' pero el disco definitivo de esta época es este 'Nashville skyline', de 1969, en el que Dylan muda de voz como antes mudó de personaje. El nuevo Dylan canta como un 'crooner' country que envuelve a las canciones. Cuesta reconocer al furioso cantante de la etapa anterior, aun así 'Nashville skyline' vuelve a ser un acierto. Algunas de las delicatessen que encierra este disco, fundamental para lo que luego se llamó como 'country-rock', son la versión definitiva del 'Girl from the north country' en un dueto con Johnny Cash, la deliciosa 'Lay lady lay' o la encargada de cerrar con broche de oro el disco, 'Tonight I´ll be staying here with you'.

Blood on the tracks: En 1975 Dylan se estaba divorciando de su mujer y este hecho traumático se traspasó a este disco que abre otra de las mejores etapas del artista. A pesar de que el propio Dylan siempre ha negado que el album hablase de él, 'Blood on the tracks' es uno de los discos más autobiográficos de su carrera, como comentó su hijo Jakob Dylan, "son canciones con mis padres hablando". Sobre unas simples bases acústicas Dylan firma alguna de sus mejores canciones de siempre como 'Tangled up in blue' o 'Idiot wind'. Uno de los discos fundamentales de su carrera y que hizo que a partir de su publicación todos sus lanzamientos fuesen "el mejor desde 'Blood on the tracks'"

Desire: El disco que sirvió de banda sonora a los conciertos de la Rolling Thunder Revue, un Dylan maquillado y con la mejor voz de toda su carrera, embarcado en el caos de su reciente divorcio ('Sara'). Musicalmente destaca la utilización del violín de Scarlet Rivera y los duetos con Emmylou Harris. Entre las canciones 'Isis', 'One more cup of coffee' y uno de sus grandes clásicos 'Hurricane'

The Bootleg Series, Vol. 4: Live 1966: The "Royal Albert Hall" Concert: Uno de los directos más increíbles de la historia, rodeado de leyenda y misticismo, pero que pasa perfectamente la prueba del tiempo. El concierto del Royal Albert Hall no fue realmente en el mítico edificio londinense sino en el Free Trade Hall de Manchester, el 17 de mayo de 1966, y supone la culminación de la etapa más productiva de la carrera de Dylan. El cambio de trovador folk al Dylan eléctrico había sido polémico desde el principio, con el público folkie gritando traición y vendido en el sacrosanto Festival de Newport de 1965, donde Dylan tuvo que terminar su actuación con su guitarra acústica y su armónica después de que el pope Pete Seeger amenazase con cortar los cables de su banda eléctrica. Fue la última concesión del cantante, fichó a The Hawks una aguerrida banda de rock canadiense (que con los años transmutaría en simplemente The Band) y se lanzó a la carretera como una piedra rodante, desafiante y eléctrica. Sus actuaciones se dividían en dos, una primera acústica y una segunda totalmente eléctrica. El resultado solía ser el terminar las actuaciones entre abucheos. Cansado de esto el batería de los Hawks, Levon Helm, había abandonado la gira y había sido sustituido por Mickey Jones. Así se presentaban las cosas en la primavera de 1966 cuando Dylan llegó a Inglaterra. Entre sus seguidores ingleses, había también mucho talibán folk, dispuesto a dejarse una pasta en la entrada para poder abuchear a gusto. Ese 17 de mayo, uno de ellos provocaría la reacción más ardiente y poderosa jamás escuchada, por suerte alguien estaba allí para grabarlo. Después de un set acústico increíble, basado en la gran trilogía, Dylan incendia Manchester con un set eléctrico brutal en el que entrega las versiones definitivas de canciones antiguas como 'I don´t believe you' o 'Baby let me follow you down' pero el momento definitivo llega cuando después de la increíble 'Ballad of a thin man' un espectador le grita: "Judas". Harto, Dylan le responde "No te creo, eres un mentiroso" para momentos después girarse hacia Robbie Robertson y Cía. y decirles 'Tocad jodidamente alto' y atacar la más gloriosa de las versiones de 'Like a rolling stone' que existen. Cuarenta y seis años después habrá que dar las gracias a aquel intolerante seguidor.

Love & Theft: Después de 'Desire' llegó una de las etapas más oscuras de Dylan, su conversión al cristianismo, que resultó en una trilogía de discos bastante discutibles. Eso ayudó a que los 80 los pasara en el ostracismo. Había dejado de ser el niño mimado de la prensa y discos notables como 'Empire burlesque' pasaron sin pena ni gloria, unidos a fracasos de verdad como 'Shot of love' o 'Down in the groove'. Todo esto cambió con la aparición, en 1997, de 'Time out of mind', producido por Daniel Lanois. Pero fue su siguiente disco, este 'Love & Theft' el que volvió a demostrar que Dylan pasaba por una ¿tercera? juventud. Swing, rockabilly, blues, folk y country se daban la mano en un disco con sabor añejo, como la voz de Dylan, convertida en gruñido macerado por el alcohol. 'Summer days', 'Mississipi' o la increíble 'Cry a while' son solo una muestra de su potente colección de canciones. Su mejor disco desde 'Blood on the tracks', a partir de ahora será este disco con el que tengan que compararse los siguientes trabajos del autor de 'The man in me'

Tempest: Estamos de enhorabuena, Dylan recupera la buena forma de 'Love & Theft' y 'Modern times' y olvida el resbalón que supuso 'Together through life' y el manido disco navideño 'Christmas in the heart'. El sonido sigue siendo bebiendo de las mismas fuentes que los anteriores, rockabilly, blues, country, boogie, las raíces de todo que Dylan interpreta magistralmente con una banda con la que se entiende a la perfección. Su rasposa voz vuelve a estar en primer plano, como cada vez que Dylan ejerce de productor. Hay veces que uno se imagina a Dylan escupiendo sangre después de acabar de cantar, así de rugosa suena, como si se pasase por el filtro de un papel de lija. Eso sí, pocas voces más ajustadas y expresivas existen para recitar las que siguen siendo las mejores letras que se pueden escuchar en la actualidad. Trenes, asesinatos, el hundimiento del Titanic o un recuerdo para un compañero de generación, John Lennon, Dylan ha recuperado sus mejores musas para escribir uno de sus discos más sombríos. El momento en el que en 'Roll on John' canta ese 'I heard the news today, oh boy' haciendo referencia al asesinato de Lennon y al 'A day in the life' es escalofriante, otros grandes momentos son el inicio con 'Duquesne Whistle' y su encantador riff, la delicada belleza de 'Soon after midnight', el blues juguetón de 'Narrow way', el clasicismo de 'Pay in blood' o el folk irlandés de la canción que le da título, catorce minutos sin estribillo sobre el hundimiento del Titanic, con Leonardo Di Caprio incluido, en una muestra más de la socarronería de un artista que, superados los 70, sigue en plena forma embarcado en su "gira interminable".

Una gira en la que vuelve a sacar su lado más socarrón en la presentación, una especie de parodia/homenaje a los múltiples títulos de James Brown, que dice así: "Damas y caballeros, permítanme presentarles al poeta laureado del rock'n'roll. La voz de la promesa de la contracultura de los sesenta. El chico que forzó al folk a meterse en la cama del rock. Que se atavió de maquillaje en los setenta y desapareció en el humo del abuso de sustancias. Que emergió para descubrir a Jesús. Se le consideró una figura acabada al final de los años 80, y de pronto cambió de marchas publicando algunas de las mejores canciones de su carrera desde finales de los 90. Damas y caballeros, el artista de Columbia Records, Bob Dylan" El artista de Columbia Records, Bob Dylan. Si hay algo que le ha gustado a todos y cada uno de los Dylan posibles es tocar los co... Que lo siga haciendo por muchos años.

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