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Gran acto multitudinario en la capital

Artur Mas defiende en Madrid un referéndum sin pronunciar en ningún momento la palabra independencia

Artur Mas defiende en Madrid un referéndum sin pronunciar en ningún momento la palabra independencia

> El president alega que "Cataluña se ha cansado de España"

jueves 13 de septiembre de 2012, 11:19h
El presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha intentado rentabilizar en Madrid el éxito de la Diada del 11-S en Cataluña, pero ha evitado en todo momento hablar abiertamente de 'independencia'. En un desayuno multitudinario al que, sin embargo, no han asistido ni miembros del Gobierno ni del PP ni de la oposición, Mas ha hablado de "transición en Cataluña", se ha quejado de la "invasión competencial permanente", ha pedido "soberanía fiscal" y ha abogado por convocar una consulta popular para conocer la opinión de los catalanes sobre la creación del Estado catalán. Lo más cercano a la palabra 'independencia' ha dicho es que "Cataluña es como un río: está intentando recuperar su cauce natural".

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Eso sí, el referéndum debe ser convocado exclusivamente en Cataluña, no en el conjunto del Estado español, porque, según el presidente de la Generalitat, Artur Mas, las consultas hay que hacerlas donde se entiende que hay cierta soberanía: "Si la consulta la quieren hacer a nivel del Estado lo más probable es que salga que no... lo normal es consultarlo a los catalanes". A pesar de todo, en 90 minutos de conferencia y preguntas Artur Mas obvió por completo la palabra 'independencia', aunque sí estuvo presente en el fondo de sus planteamientos.

Resulta evidente que el presidente de la Generalitat vino a un desayuno multitudinario de Nueva Economía Fórum en Madrid para rentabilizar el éxito participativo de la Diada del pasado 11 de septiembre. Rentabilizarla de cara a 'España', y rentabilizarla de cara al encuentro que Mas mantendrá con el presidente del 'Gobierno español', Mariano Rajoy, el próximo 20 de septiembre en La Moncloa.

De lo que va a exigir en ese encuentro Mas habló sin tapujos: "Las relaciones entre Cataluña y España tienen que ser de tú a tú", y hay que partir de la base de que "aquí ha despilfarrado todo el mundo", por lo que si la Unión Europea le ha concedido una rebaja de un punto a España en su déficit para este año que supone 10.000 millones de euros menos de recorte, esa disminución del esfuerzo debe repartirse equitativamente entre el Estado y las Comunidades Autónomas, y no exigir mayores recortes a quienes más gastos públicos tienen.

Eso por un lado, pero lo esencial es que Mas va a exigir ahora a Rajoy con más fuerza que nunca la "soberanía fiscal" en Cataluña: "Queremos ser responsables de los ingresos y gestionarlos", para lo que los nacionalistas exigen salir del 'café para todos' de la Ley Orgánica de Financiación Autonómica (LOFCA) -"no tiene sentido estar en un régimen común"-, crear una especie de 'concierto económico' específico de Cataluña y reducir considerablemente el déficit fiscal, que, según Mas, arroja saldos negativos anuales para los catalanes próximos a los 16.000 millones de euros.

¿Y si no se le hace caso? Incluso en ese supuesto Mas huyó de pronunciar abiertamente la palabra 'independencia', pero sí volvió a utilizar eufemismos como que "Cataluña necesita el instrumento de un Estado. Ése es el clamor de la gente", que pensaron que 'ese Estado podría ser España', pero que es evidente que no sirve. Ahora bien, en su toma y daca Mas lanzó un significativo: "No nos hemos vuelto locos, no nos hemos subido a la colina [eufemismo de 'echarse al monte'], y en todo caso el Govern, y los nacionalistas de CiU sin duda, defenderán un Estado propio dentro de Europa y del euro. En este punto, la amenaza para España: "El futuro de Europa es el de los Estados que representan a naciones".

Una reivindicación permanente

El desayuno fue realmente multitudinario: había auténtica expectación -más bien empresarial que política- por ver qué tenía que decir en Madrid el presidente catalán dos días después de una Diada tan multitudinaria y reivindicativa que fue realmente histórica. Había multitud de asistentes -se llenaron dos salones del Ritz y allí estaban representantes de todos los medios de comunicación-, pero había, curiosamente, muy pocos políticos que no fueran los propios nacionalistas catalanes y algunos vascos. Del resto, se pudo ver entre la multitud al ex ministro de Zapatero y ex presidente de la Generalitat, José Montilla; el presidente de CEIM, Arturo Fernández; la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes; el ex duque de Lugo, Jaime de Marichalar, o el Jefe de la Casa Real, Rafael Spottorno.

Todos, junto al empresario presente, escucharon decir una vez más a Artur Mas que Cataluña aporta mucho a España y a cambio recibe una "invasión competencial permanente", que el Estado ha incumplido incluso la reforma del Estatut de 2006, que la financiación autonómica siempre está por debajo de la población catalana, que "no se nos pagan las deudas", y que por todas esas cosas, y por muchas otras más que sería prolijo relatar en una crónica, "la desafección ha ido a más" y "entre Cataluña y España se ha producido un sentimiento de fatiga mutua": "Se está produciendo entre Cataluña y España un paralelismo a lo que ocurre entre la Europa del norte y de la sur: El norte se ha cansado del sur", y de la misma manera "entre Cataluña y España se ha producido un cansancio mutuo".

La 'transición política' catalana

Ése es, precisamente, el argumento del presidente catalán para asegurar que Cataluña ha iniciado su propia 'transición política' como en 1977 lo hizo España: "Durante décadas, nuestro objetivo y nuestra política era ayudar a transformar el Estado para que fuera también el nuestro, un Estado amable. Pero esto no ha sido posible, a lo mejor es que no hemos tenido suficiente fuerza y tiene que entenderse que Cataluña necesita un Estado. La pregunta es si en el conjunto de España se puede aceptar que Cataluña es una nación. Si negamos la pura evidencia, hay muchas cosas que no se pueden resolver".

Y eso es lo que evidenció la manifestación de Barcelona del 11-S, con un éxito tan clamoroso que, según un Mas un tanto demagogo en este punto, ese "millón y medio" de catalanes que salieron a las calles equivalen en "proporción" a nueve millones de españoles en la calle y "un mandato de la calle, de la población, no se puede ignorar, hay que escucharlo y encajarlo".

Y desde esa plataforma, el lanzamiento permanente de la queja y de la reivindicación: "Se ha presentado a Cataluña como un pedigüeño que no tiene más remedio que pedir dinero", pero, "¿cómo puede ser que con un déficit anual de 15.000 millones, tenga que pedir recursos para financiarse? No tiene sentido que las dificultades las sufran quienes generan los recursos", dijo el president catalán.

Con esos antecedentes, Mas reivindicó una vez más en Madrid que Cataluña ha apoyado siempre al Gobierno central, pero que "a cambio" lo que ha recibido de Cataluña es una "invasión competencial". La idea que quiso transmitir es que eso se ha acabado, y que no se le ocurra al Estado aplicar el supuesto constitucional de la suspensión de la autonomía catalana, porque sería "una sinrazón".




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