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¿Fin del Tea Party?

¿Fin del Tea Party?

lunes 17 de septiembre de 2012, 17:16h
Respeto. Siempre hay un día  en el que te miras al espejo y no te gusta del todo ni tu cara ni quién eres. Es cuando el cuerpo te pide cambio y surge la gran pregunta: ¿me lo puede permitir? Esperanza Aguirre cree que sí y ha tenido la valentía de afrontarlo. Las decisiones personales que toma la gente sobre su vida merecen un respeto.

Crítica. Quien concurre a unas elecciones pidiendo el voto para cuatro años de trabajo y promete mejorar la vida de los ciudadanos suscribe un compromiso con los electores que no se debe romper de forma caprichosa, voluntaria y a mitad de camino. El político que es elegido debe cumplir y no dejar su responsabilidad hasta las siguientes elecciones. Marcharse, aunque sea a su casa sin obtener un nuevo cargo, es defraudar a los ciudadanos y a la democracia. Y actitudes como la de Esperanza Aguirre fomentan el desapego de la gente por la política y por los políticos.

Condolencias. A todos los medios de comunicación porque perdemos el caudal incesante de titulares que Aguirre nos daba todos los días. Toda una crack mediática la señora Aguirre. Y no va a haber otra u otro que  en mucho tiempo la pueda sustituir en la primera página de los periódicos o en las cabeceras de los informativos.

Éxitos. Una liberal, personalista y llena de desparpajo se ha llevado de calle los votos en una comunidad autónoma que era de izquierdas. Aguirre levantó el orgullo de ser de derechas en Madrid.

Fracasos. Lo intentó pero no pudo disputarle el liderazgo a Mariano Rajoy cuando fue derrotado por segunda vez por Zapatero. Perdió la batalla final con Gallardón: ella se va a su casa y su "enemigo político" es ministro y se está convirtiendo en un referente ideológico del PP. Todo un converso. No supo o no quiso controlar, hasta que el escándalo llegó a los tribunales, a los políticos corruptos de su partido en el caso Gurtel. Y nadie duda de que era su jefa política.

Alivio. El de Mariano Rajoy que difícilmente la va a perdonar la escandalera que montó en los medios de comunicación con el caso Bolinaga. Justo en el momento más delicado que ha pasado este Gobierno ante las victimas de ETA y ante su electorado  el PSOE fue mas solidario que Esperanza Aguirre. Alivio porque en Moncloa ya estaban hartos de que la lideresa llevara la contraria a todas las políticas del Gobierno: la subida de impuestos, la política con las autonomías, la educación, la bronca por la financiación, el trato a los funcionarios...

Esperanza Aguirre era una genuina representante del tea party en España y se estaba convirtiendo no solo en la lideresa del ala más radical del PP sino en la aglutinante de miles y miles de votantes del PP que están desesperados con la política que está haciendo el Gobierno de Rajoy. ¿Habrá alguien que recoja el testigo? Se esperan movimientos.

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