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La tambaleante 'marca España'

La tambaleante 'marca España'

domingo 23 de septiembre de 2012, 14:00h
Ignoro qué tendrá en la cabeza la persona, relevante empresario pero deficiente relaciones públicas, a la que se encargó poner en marcha y dinamizar la 'marca España'. Pero el retraso en poner en marcha iniciativas en ese proyecto -alguna afortunadamente se abortó- es evidente, y las circunstancias internas y externas me temo que ayudan poco a sacar lustre al prestigio -ahora se llama reputación-de un país que sufre bastante en silencio, que cumple lo que le exigen mientrasprotesta, en lo que cabe, poco, y que sabe aún  menos de cómo sacar rentabilidad a su imagen. Lo digo aprovechando que el Rey y el presidente del Gobierno se encuentran en la meca de la 'photo opportunity', los Estados Unidos, compartiendo momentos con el hombre que seguramente volverá a ganar las elecciones en el país más poderoso y envidiado del mundo.

Me consta que han sido muchos los especialistas en comunicación, los empresarios y los periodistas que se han ofrecido, por supuesto 'gratis et amore', a cooperar en sacar lustre a la marca. Y me consta la decepción sufrida cuando altos funcionarios de Exteriores o de Presidencia no les han hecho maldito el caso. Parece que la idea sigue siendo más o menos lo de siempre: gran festejo para 'vips' notorios y la ciudadanía, la sociedad civil, a las puertas.
Ya digo que la ofensiva exterior no consiste solamente en que el Rey, ahora que ha recuperado, para bien, su plena actividad, el presidente del Gobierno y algún ministro anden de gira por ahí, con ser eso evidentemente bueno. Ni tampoco bastaría una operación de 'lavado de cara' ante los medios extranjeros más influyentes, en los círculos políticos internacionales, cerca de los premios Nobel, pongamos por caso, aunque ello, que aquí no se hace, resultaría claramente positivo, y, si no, mire usted lo bien que le va a Mario Monti.

Todo eso estaría muy bien, pero sería, ya digo, insuficiente. Me parece que los mercados internacionales de la reputación, que no son solamente, pero también lo son, los financieros, están esperando una enorme movida de ficha política en España. Y esa movida es obvio que no llega, mientras los retos internos y externos se multiplican. A ver quién es capaz de sostener que lo de Artur Mas, que no se comprende en ningún círculo influyente europeo, y no digamos ya norteamericano -Rajoy y el Rey, que el martes se ve con Mas en Barcelona, lo están comprobando en Nueva York en estas horas--, beneficia a la 'marca España'. A ver quién es el guapo que sostiene que nuestro país se beneficia en algo de la movida que los indignados preparan esta semana en torno al Congreso. A ver qué dicen por ahí si, en la próxima Conferencia de Presidentes Autonómicos, Rajoy no es capaz de dar un giro copernicano, incluyendo una propuesta de reforma constitucional, al que ya es un problema económico-territorial de primer orden. Y así podríamos seguir, pero para qué eternizarse.

Yo creo que Rajoy tiene al toro cuadrado para la última suerte, la pelota ante la portería contraria sin demasiada defensa que le impida chutar a gol. El presidente cuenta con la complicidad casi explícita, aunque crítica, de un líder de la oposición que se le ha ofrecido sin condiciones para arreglar el 'problema catalán' -me parece que a Mas las cosas, en su debate de política general en el Parlament, las cosas se le van a poner más difíciles de lo que él preveía-y también, pienso, para, Griñán mediante, ordenar en lo posible el lío autonómico, ya digo que reforma constitucional del Título VIII incluida.

El presidente del Gobierno sigue teniendo margen de maniobra aunque no cuenta ya con tanto respaldo de la ciudadanía: ha pisado muchos callos sin avisar, o diciendo que no iba a pisarlos, y eso le pasará factura, tanto como a Rubalcaba el prestarle su apoyo, por muy 'crítico' que sea. Ambos saben que tendrán que esa factura habrán de pagarla, y que tal vez eso de la 'marca España' incluya, mucho más que saraos, fiestas y fotos junto a Rafa Nadal, Casillas o Iniesta, el desgaste personal y moral de los dos políticos a los que toda España mira con aprensión, con desconfianza, pero también, me parece, con todavía un rayo de esperanza, porque no hay más que eso.

- Lea el blog de Fernando Jáuregui: 'Cenáculos y mentideros'

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