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Es la dignidad, estúpido

Es la dignidad, estúpido

martes 25 de septiembre de 2012, 20:56h
Los acontecimientos se precipitan a velocidad de vértigo. La clase política, en concreto el gobierno catalán, abandera la reivindicación que le viene impuesta por una masa enorme de catalanes -un millón y medio de la manifestación de la Diada- que busca un líder que les lleve a la Tierra prometida y que parece haber encontrado en Mas el Moisés dispuesto a culminarla la expedición hacia el Estado propio o a la inmolación si preciso fuere.

Artur Mas se podría haber ahorrado dos de sus últimas actuaciones. Fue a Moncloa con las cartas marcadas -Rajoy no descubría nada sobre lo que era el pacto fiscal, porque se lo había enviado por escrito en verano- e intuyendo un no rotundo del presidente español. Aunque se quiera decir lo contrario, el portazo lo dio Mas, no Rajoy. Uno dijo no toca ni ahora ni más adelante, pero el otro -Mas- dijo adiós. ahí os quedáis. El segundo episodio que se podría haber ahorrado dos días era el anuncio de elecciones anticipadas para el 25 de noviembre. El president habló de reflexionar pero no ha esperado siquiera al fragor del debate de política general abierto este martes en el Parlament para ver si, como consecuencia de un clamor generalizado, le convenía llamar a las urnas en busca de un apoyo plebiscitario que le legitime para dar más pasos hacia la estación término.

Vamos, pues, a elecciones a menos de la mitad de mandato. El guión previsto -pacto fiscal- ha quedado obsoleto y se va a buscar nuevas metas.

A partir de aquí, permítanme que introduzca un elemento en el debate. Desde la opinión publicada en gran parte de los medios de comunicación radicados en Madrid se quiere vender el "órdago" de Mas como unas huída adelante para evitar que se hable de los recortes y demás aspectos negativos de un mandato marcado por las vacas flacas. Que en cualquier caso Mas no ha negado y que fue el primero en aplicar. Aquí no se ha estado agazapado estratégicamente a ver si convenían o no determinados ajustes porque venían elecciones en Andalucía primero y ahora en Euskadi y Galicia.

Se ha querido vender también la efervescencia independentista como un suflé que se evaporaría con el paso de los días. Nada más lejos de la realidad. Esta apuesta soberanista no forma parte de una estrategia de salón de los partidos, sino que éstos se han visto superados por la calle y ahora nadie puede quedarse fuera de la manifestación. Bien, quien lo hace es consciente de porqué lo hace e incluso se es coherente con ello, pero otros, me refiero a los socialistas catalanes, han de templar gaitas entre quienes no quieren quedar fuera de la fiesta y quienes legítimamente reclaman seguirse sintiendo españoles.

Parafraseando el "es la economía, estúpido" de Clinton a un Bush padre encerrado en la política exterior, ahora no es el bolsillo lo que prima el sentimiento de cientos de miles de catalanes, sino el respeto y la dignidad. El "basta ya" que yo pronosticaba en mi artículo del 10 de setiembre y que se confirmó en las calles de Barcelona. el basta a tanto agravio, a tanto gratis total que pagan los catalanes, a que cualquier mindundi se mee en nuestra oreja y encima vaya de solidario, etcétera. Es la sentencia que recortó el Estatut, es la discrecionalidad en trazar trenes de alta velocidad que van casi vacíos mientras se abandona el Corredor Mediterráneo que aporta el 40 por ciento de las exportaciones de España, son los agravios con otras comunidades receptoras de la solidaridad catalana que nunca se había discutido pero sí en el volumen desorbitado -un ocho por ciento del PIB anual-,  lo que ha llevado al hartazgo. Olvídense del bolsillo, es la dignidad, estúpido.

Lo peor es que algunos que tienen responsabilidades de gobierno no se dan cuenta de lo que les viene encima. Una excepción, y sin que necesariamente comulgue con el tono de su carta: el rey Juan Carlos aprecia la gravedad de la situación e intenta parar el golpe, lo que pasa es que lo hace más con ansias de contentar a la milicia, él por encima de todo es soldado, y a los defensores de la unidad patria sin acentos, que con la voluntad de buscar atajos que resuelven un contencioso más que secular que Ortega y Gasset definió como "conllevancia" pero que entre otras cosas se llevó por delante a su abuelo Alfonso XIII.

En 2009, cuando se montó la primera consulta soberanista en Arenys de Munt, cierta prensa madrileña con fuerte aparato resonador habló de charlotada. Hubo otros domingos similares incluso en Barcelona con fuerte respuesta simbólica de catalanes que votaban sí a un Estado catalán integrado en Europa y la prensa foránea seguía hablando de "charlotada" y de "circo". La prensa extranjera, ni caso. Inmóviles en sus pupitres en Madrid, creían que todo era una gran mascarada.

Nadie quiso enterrase de la envergadura de lo que venía encima. Cada vez que un miembro del gobierno ha abierto la boca contra las reclamaciones catalanes ha armado un batallón de independentistas. "¡Pero si nos han hecho la campaña ellos solos!" clamaba este mediodía un destacado diputado de CiU.

Se nos mean en la oreja y la policía dice que llueve, dicen las pintadas ácratas.
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