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Lo que no se dice en las conferencias de presidentes

Lo que no se dice en las conferencias de presidentes

martes 02 de octubre de 2012, 11:45h
Ya sé que el patio no está, para unos españoles empobrecidos, que están preocupados por las condiciones en las que vivirán sus hijos mañana y por las que viviremos todos hoy mismo si acabamos pidiendo el 'rescate' a los 'hombres de negro' europeos, para grandes disquisiciones de alta teoría política. Y, sin embargo,  hay que insistir en que es política, antes que económica, la mayor parte de la crisis galopante que vivimos: está en juego el porvenir de la nación, nada menos, merced a una combinación de actitudes torpes, egoístas y bastante miopes. El gran misterio, en estos momentos, consiste en saber si Mariano Rajoy, sus  ministros y los más rígidos de sus 'barones' territoriales lograrán mantener la casa-España tal y como está, apenas con ligeros retoques en el mobiliario, o si el enorme debate que se ha abierto en la clase política del país acabará afectando a la Constitución y a lo que algunos consideran las esencias patrias.

Y, así, se ha producido, sin que nadie se diese demasiada cuenta de ello, la enorme brecha. Los portavoces del PP insisten en la vigencia plena de la Constitución prácticamente inalterada --o al menos insisten oficialmente en ello--, mientras que los socialistas han abierto ya irremisiblemente una compuerta que quiere  conducir a un federalismo que no sé si está demasiado bien explicado y que me parece que no es aceptado por los nacionalismos más contumaces, que rechazan la igualdad 'a diecisiete'. Enorme dilema que está afectando a la convivencia interterritorial, a la economía e incluso está agravando ese nacional-pesimismo que ya ha arraigado en la conciencia de los ciudadanos.

Claro que un acto oficial como la conferencia de presidentes no sirve para tratar a fondo estas cuestiones cruciales. Si no se quiere hablar del soberanismo planteado por los nacionalistas vascos y, sobre todo, catalanes, menos aún se ha querido poner de pleno sobre el tapete la propuesta de derivar el Estado autonómico hacia un Estado federal, cosa que, se quiera o no, necesitaría una reforma constitucional 'agravada', es decir, compleja y acompañada de un pacto  entre, al menos, las dos principales fuerzas políticas nacionales, PP y PSOE. 
Pacto que, hoy por hoy, ya se ve que no es sencillo: priman intereses electoralistas, rencillas de baja intensidad, vuelos alicortos.

Las muchas diferencias, me parece que más forzadas que reales, que separan a los 'populares' gobernantes de los socialistas opositores se han agrandado así con el debate sobre el federalismo, introducido, como relativa novedad en el panorama político, por Alfredo Pérez Rubalcaba. Una idea en todo caso innovadora sobre el yermo panorama nacional, pero que hubiese necesitado de más explicaciones y un mejor desarrollo: una vez más, la comunicación le falla estrepitosamente al PSOE. Y, por cierto, también al PP: no basta con despachar la iniciativa de Rubalcaba como una 'ocurrencia' pasajera y sin mayores aanclajes, porque tiene, sin duda, más calado que eso. Porque lo cierto es que algo hay que hacer para frenar fenómenos como la irresponsabilidad de un Artur Más cuya última 'boutade' ha consistido en jactarse de que el Estado (España) "no podrá utilizar las armas" para frenar el proceso soberanista que se propone poner en marcha, dice, si gana las elecciones del 25 de noviembre. 

El Estado, que somos todos, y también, por supuesto, una Cataluña que ni es independiente ni va a serlo, al menos sin un proceso de ruptura doloroso, largo e infeliz, no puede permanecer inmóvil ante lo que está ocurriendo, limitándose a defender que el déficit se contenga, ni las autonomías pueden quedarse en seguir  preguntando qué hay de lo suyo. Eso significa, sin más, la quiebra del Estado autonómico, tal y como hasta ahora lo hemos conocido, con sus ventajas y sus  defectos. Y su imposible sustitución por otra fórmula, ya sea federal o, como dice algún nacionalista más o menos animoso, más o menos despistado, confederal o, menos aún, de regreso al centralismo. Por supuesto que no es la hora de dramatizar, pero no son pocos los que se interrogan: quo vadis, España? Eso alguien tiene que responderlo con algo que no sea el silencio que ya nos atenaza.

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Chat: Basagoiti responderá en Diariocrítico tras la Conferencia de Presidentes (03-10-2012 a las 13:00 horas)
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