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Contados avances tras el fin de la violencia terrorista

El primer año sin ETA marca el fin de la campaña electoral vasca

El primer año sin ETA marca el fin de la campaña electoral vasca

> Este sábado 20 de octubre llega el primer aniversario sin la banda

viernes 19 de octubre de 2012, 08:27h
Este sábado se cumplirá el primer aniversario del "cese definitivo" de la violencia de ETA, una escenificación en tres actos que culminó con el anuncio largamente esperado por la sociedad española, el del fin de la amenaza terrorista, y que abrió un nuevo camino en el que se han dado contados avances. Esta 'onomástica' coincide con el final de la campaña electoral vasca, que esta noche vivirá sus últimos mítines.

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El primer acto tuvo lugar el 17 de octubre en el Palacio de Aiete de San Sebastián, reconvertido en Casa de la Paz, que acogió una Conferencia sobre el fin del terrorismo avalada con su presencia por el ex secretario general de la ONU Kofi Annan.

La Conferencia concluyó con una declaración que pedía a ETA el "cese definitivo de su actividad armada", instaba a los gobiernos español y francés a negociar con la banda las "consecuencias del conflicto" -aspectos técnicos relacionados con los presos, las víctimas y el desarme-, y animaba a comenzar un diálogo sobre las cuestiones políticas.

Un día después, en el segundo acto, el dirigente de la izquierda abertzale Rufi Etxeberria hacía suyas la conclusiones de la Conferencia y asumía, por primera vez, la petición a ETA para que anunciara el final definitivo de su actividad terrorista.

El camino aparecía así despejado para el acto final, un comunicado que todos los partidos y observadores esperaban en breve y que únicamente tardó dos días en llegar.

El 20 de octubre, ETA, con las mismas palabras empleadas en Aiete, anunciaba el "cese definitivo" de su "actividad armada".

Desde entonces, los pasos que se han dado en los dos carriles apuntados por la Conferencia de Aiete -el técnico y el político- han sido escasos en un año con dos citas electorales y en un país acuciado por una profunda crisis económica que ha situado el "problema vasco" en un lugar secundario de la agenda política.

El final del terrorismo, como siempre que las armas han callado en Euskadi, fue respondido con el respaldo electoral a la izquierda abertzale que, a través de Amaiur, se convirtió el 20 de noviembre en la primera fuerza política vasca en el Congreso de los Diputados, en unas elecciones que situaron a Mariano Rajoy en la Moncloa con una amplia mayoría absoluta.

El pasado 26 de febrero, la izquierda abertzale expresó su "profundo pesar" por las consecuencias de la "acción armada" de ETA y asumió que su propia posición política ha podido causar "un dolor añadido" o un sentimiento de "humillación" a las víctimas.

Este compromiso tuvo su única consecuencia práctica en la presencia del diputado general de Gipuzkoa, Martín Garitano (Bildu), en el acto de homenaje de una víctima de ETA, el empresario Joxe Mari Korta, el pasado 8 de agosto en Zumaia.

A partir de ahí, este sector no ha atendido los reiterados requerimientos para condenar la propia historia de ETA, ni para exigir su disolución, un paso que la organización terrorista no parece dispuesta a dar a corto plazo.

El Gobierno, que se ha mantenido firme en su posición de no negociar con ETA, ni dialogar con la izquierda abertzale, también ha querido hacer algún gesto, como cuando anunció, el 26 de abril, la puesta en marcha de un plan de reinserción de reclusos de ETA, a quienes se exige que se separen de la banda y se arrepientan, en la misma línea de la llamada "vía Nanclares" impulsada por el ejecutivo anterior.

La política penitenciaria ha sido un foco de discordia durante todo este año, en el que el Gobierno ha mantenido la dispersión de los presos y ha defendido la llamada "doctrina Parot", cuestionada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

El caso del etarra enfermo Iosu Uribetxebarria significó el momento de mayor tensión de una cuestión que la izquierda abertzale ha convertido en su bandera y que al Gobierno de Rajoy le ha costado críticas de algunas de las principales asociaciones de víctimas del terrorismo.

Otro de los asuntos pendientes, el de la situación legal de la izquierda abertzale, comenzó a encauzarse cuando el PP renunció a exigir en el Congreso la ilegalización de Amaiur y Bildu y, posteriormente, cuando el Tribunal Constitucional avaló la legalidad de Sortu, el nuevo partido heredero de Batasuna.

Con una izquierda abertzale en vía de legalización, el PSE-EE ha accedido a mantener una línea estable de relación, mientras que el PP se ha cerrado en redondo a cualquier tipo de contacto.

Mientras en el terreno político la situación parece estática, la ausencia de ETA sí se ha dejado notar en la vida de las personas que más directamente sentían su amenaza, como los empresarios vascos, que han dejado de sufrir la extorsión de la organización terrorista.

Además, a muchos amenazados -como a la mayoría de jueces y fiscales- se les ha retirado la seguridad, mientras que otros afectados, como numerosos concejales vascos del PP y del PSE, han renunciado voluntariamente a su escolta y vuelven a disfrutar de una vida en libertad.


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