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La carta remisa de Duran i Lleida

La carta remisa de Duran i Lleida

miércoles 31 de octubre de 2012, 15:44h
Siempre me ha parecido acertado el aforismo de Unamuno "hay ocasiones en que callar es una forma de mentir". Pues bien, admito que mientras Artur Mas ejercía de aprendiz de brujo a la vuelta del verano, mi atención estaba centrada en otros líderes del catalanismo político, como Pujol o el mismo Duran i Lleida. Y su silencio público me pareció un completo engaño al pueblo catalán. Es cierto que observé una toma de TVE en que aparecía Pujol con un rostro que era toda una pancarta de rechazo a la operación de Mas. Pero su silencio cómplice no le reivindica. 

Pues bien, ahora, a toro pasado, ha trascendido una carta que Duran i Lleida habría dirigido al Consejo de su partido, en la que muestra su desacuerdo con el camino fácil emprendido por el señor Mas. Aparentemente, la idea es hacer patente sus dudas del proceso soberanista sin contradecir públicamente al President de la Generalitat. Pero la verdad es que lo que a Duran realmente le preocupa es su propio capital político. Eso lo ha dejado completamente claro: "No seré yo -dice- quien salga a calle a explicar esto y a echar un cubo de agua fría sobre tantas y tantas personas que han recuperado una ilusión", y para hacerlo todavía más patente, agrega: "Sé que acabaría condenado a la hoguera pública y que desde nuestra propia casa ayudarían a encender el fuego".

Dicho en breve, el pueblo catalán puede despeñarse por el precipicio pero yo trataré de ponerme a salvo como pueda. Es difícil obtener una declaración más clara de inmolación en el altar del servicio al bien común. En realidad, desde el análisis de la cultura política, cabe preguntarse cuál es ambiente que se respira en la clase política catalana para que se pueda decir algo tan cierto en la forma como cínico en el fondo, sin que sea rotundamente rechazado. Y la respuesta que se me ocurre es la siguiente: estamos en presencia de una cultura política, la del catalanismo, que ha ascendido en los últimos años a las cumbres más altas del fenicismo político. Todo se compra y se vende; con todo se puede hacer retórica; cualquier cosa es buena si gano algo con ello; la cuestión es barrer para dentro.Me van a perdonar, pero ese tipo de cultura política es una vuelta al pasado. Representa la cultura del capital comercial de los orígenes del mundo moderno. 

Corresponde al nivel más bajo del estereotipo del catalán que se tiene en el resto de España: un tipo pragmático, egoísta, capaz de orientarse ideológicamente de acuerdo al soplido de los vientos del momento. ¿Será que al catalanismo le importa un pito lo que se pueda pensar de sus planteamientos en el resto de España? ¿Será por eso que al señor Mas no se le mueve un músculo de la cara cuando, desde otras comunidades autónomas, muestran sus dudas acerca de si es ético anunciar la independencia de España en el mismo momento que se acude precipitadamente a recibir fondos del Estado español?

Pues bien, esa cultura política del catalanismo, expuesta sin tapujos por Duran i Lleida, es la explicación que me parece más sólida para comprender el silencio de algunos de sus líderes en el crucial momento en que Artur Mas se lanzó en su irresponsable fuga hacia delante. Claro, el problema es que una vez echada a rodar la bola de nieve no es tan fácil pararla. Algo que también debe pesar sobre los socialistas catalanes, cuya debilidad política también les hizo desaparecer por el foro en el momento de puesta en marcha de esta locura política. Y en esto incluyo a Carme Chacón, que ha tenido que esperar para mostrar su "rotundo rechazo" al independentismo a que desde Bruselas hayan advertido que el nacimiento de un nuevo Estado dentro de otro Estado miembro debe contar con el voto unánime de todos los países de la UE. Es decir, que el camino hacia una Cataluña independiente dentro de la Unión es realmente una quimera.

Claro, podrá argumentarse que más vale tarde que nunca. Y es completamente cierto. Cada día que pase sin que los responsables históricos y políticos del catalanismo rompan su silencio público para salir al paso del engrosamiento de la bola rodante, mayor cantidad de frustración se acumulará luego en sectores del pueblo catalán y más alto será el riesgo de que aparezcan episodios de ruptura de la convivencia pacífica en Cataluña. Estas preocupaciones deberían ser las que imperaran en los líderes del catalanismo como servidores del bien común. Aunque corran peligro de quemarse en el intento de parar este desatino. Porque el rasgamiento de vestiduras ex post acabará siendo otra expresión de cinismo político.

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