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Los secuestros de Catalunya

domingo 23 de diciembre de 2012, 11:19h
A Catalunya se la puede secuestrar de muchas maneras. Y desde fuera o desde dentro. También desde fuera y desde dentro al mismo tiempo.

Si secuestrar significa quitarle a alguien -persona o pueblo- la posibilidad de moverse y desenvolverse según sus propios deseos, desposeerle o limitarle esta elemental libertad constituye un secuestro.

Imponerle a una persona o a un pueblo algo que no le es propio o no quiere, es caer en este abuso. Aunque sea en nombre de intereses o valores que alguien considere superiores. Superior a la libertad solo hay la vida, y ante todo la vida de las personas.

La historia, y la actualidad, nos muestra muchos casos de estos tipos de secuestro. Aquí y más allá. Casi nunca reconocidos por el secuestrador y con frecuencia asumidos -consciente o inconscientemente- por la resignación de los secuestrados. Es la eterna e injusta dialéctica de los poderosos y los débiles, cualquiera que sea la clase de poder y quien lo sustente.

Una concepción unitaria y uniformista del Estado, en los casos en que se da, suele comportar una sumisión o avasallamiento de las partes integrantes que tienen personalidad propia. Es decir, su secuestro, más o menos explicito.

Ciertos acontecimientos históricos y de diversa índole (guerras, dictaduras, pactos de estado, flujos demográficos, situaciones de debilidad o pobreza, etc) han situado a Catalunya, como a otros pueblos, en situaciones efectivas de secuestro, en diversos grados. Y llega un momento, en que se produce una reacción de rebeldía o de ansias de liberación. De anhelo de ser.

No es nuevo. Pero ahora, por razones conocidas de determinados abusos centralistas y uniformadores, está ocurriendo de forma especialmente remarcable y tensa. Sin reconocer el hecho elemental de la diversidad y pluralidad -de la pluralidad nacional del Estado español-  no se encontrará nunca la solución del deseable equilibrio entre respeto y colaboración (autonómica, federal, confederal) Produciéndose, en consecuencia, el enfrentamiento entre legitimidad y legalidad vigente. Podria calificarse de secuestro externo.

Pero hay otro nivel de posible secuestro, nada desdeñable y también peligroso. El secuestro interno.

Ocurre cuando dentro de un colectivo, de una comunidad o de un país, una parte intenta imponerse a las otras partes integrantes. Por distintas motivaciones, igualmente inaceptables. Pueden ser étnicas, de procedencia, de cultura, de lengua, de religión, etc. Suelen articularse políticamente entorno a una ideología partidista, que se eleva a la categoría de verdad para todos.

Se da en los casos extremos de una concepción global de esa colectividad, sin tener en cuenta tampoco su diversidad y pluralidad interna. Los nacionalismos radicales -reactivos o dogmáticos- pugnan por el secuestro del todo en detrimento de las partes que lo componen.

Estamos, en cierto modo, en uno de esos momentos. El pacto CiU-ERC -con componentes de reacción y de fundamentalismo- se inicia como impositivo al resto de posiciones legítimas, más que respetuoso e integrador. Las llamadas a la colaboración suenan más a virtuales y tácticas que a sinceras.

Puede ocurrir con cualquier otra formación política que, creyéndose poseedora de la verdad, se cierre al dialogo y a la colaboración. Pero Catalunya no es un todo compacto y uniforme. La diversidad y pluralidad es más que patente en su ciudadanía. Podrá saber mal a algunos, pero es así.

No reconocerlo constituiría simiente de discordia y una tentación secuestradora. Igual que en el secuestro exterior, no sería aceptable una posición homogeneizadora. Más aún, los derechos de los ciudadanos siempre han de prevalecer a las ambiciones -interesadas o ideológicas- de un colectivismo, siempre más utópico que real.

Aunque la gobernabilidad requiere de normas compartidas o comunes, lo democrático es respetar lo diferente, lo "propio" de "los otros", su grado de legítima identidad.

Catalunya no puede ser objeto de secuestro ni desde el exterior ni desde el interior. Merece el respeto de todos, y para todos sus ciudadanos.
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