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Los dientes de león

Los dientes de león

martes 15 de enero de 2013, 09:30h

En la Grecia del siglo VII. a.C. se vivió un desarrollo de la lírica sin precedentes que autores como F. R. Adrados han considerado revolucionario. En esa época se multiplicaron las ideas y el arte se transformó, comenzando a existir incluso concursos musicales de carácter internacional. Este cambio tuvo una sólida base económica: los griegos aumentaron su riqueza con la colonización del mediterráneo, intensificaron sus relaciones comerciales y, a través de Egipto, descubrieron el papiro, que permitía recoger los poemas por escrito sin demasiado coste.

De la relación entre la cultura y la economía nos habla también Virginia Woolf en A Room of One's Own, cuando nos recuerda que para escribir novelas se necesita dinero y una habitación propia.

Y es indudable que, por desgracia, así es; la cultura no está tan desligada de la economía como su carácter espiritual sugiere y no cabe duda de que una crisis tan prolongada puede tener consecuencias muy negativas para nuestra vida cultural.

No soy economista y quizá me equivoque, pero las noticias que leo cada día me invitan a pensar que estamos asistiendo a una redistribución regresiva de la riqueza, concentrándola en menos personas y aumentando las diferencias de renta entre los más favorecidos y los menos. En este contexto, parece también que los agentes que intervienen en el mercado cultural están sufriendo pérdidas generalizadas. En consecuencia, de seguir así, cada vez habrá menos productoras de cine, menos editoriales y librerías, menos galerías de arte, menos periódicos y emisoras de radio que hablen de cultura.

Conviene reflexionar sobre el coste real de lo que todo esto supone. Con cada productora que se hunde y cada librería que cierra; cuando una editorial deja de existir o un grupo de teatro no logra estrenar, desaparece una forma singular de ver el mundo.

Y quizá tengamos que renunciar a los anaqueles repletos de la librería escondida que nos descubre autores maravillosos y difíciles de encontrar; y quizá deje de haber grupos de música que se puedan sentir como propios al hablar con emoción de ellos a los amigos, que de nuestra boca escuchan su nombre por primera vez.

Sobrevivirán los más ricos, pero a lo mejor nos cansamos de lo que nos ofrece la bandeja de plata de las grandes campañas de publicidad, por muy bueno que sea.

El hombre es un ser social que también necesita de la singularidad. Y con la muerte de propuestas culturales cada vez hay menos ideas revoloteando a nuestro alrededor para que los cojamos al vuelo como a un diente de león destinado a alimentar nuestra especificidad. Entonces seremos menos ricos y también menos libres. Tenerlo en cuenta es importante.

En El martirio de San Mauricio y la legión tebana, El Greco perdió irremisiblemente el favor de Felipe II al no aceptar el monarca su revolucionaria expresión de la muerte del Santo, y si no llega a ser por los muchos clientes que encontró en Toledo, quizá poco más sabríamos de él. Y es que al final, es cierto eso de que en la variedad está el gusto.

Javier Rodríguez Alcayna

Escritor

http://javierrodriguezalcayna.wordpress.com

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