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Lealtades cautivas

Lealtades cautivas

viernes 08 de marzo de 2013, 13:51h
Hablar en el mundo político de lealtad es referirse a una actitud con escasa uso, importada de otros ámbitos en los que tal virtud es también una rareza, porque como muchos otros valores sociales e individuales ha sido sustituida por el egoísmo y la ambición .Pero de un tiempo a esta parte se nos han ofrecido en el caos político que nos aqueja casos de lealtades ejemplares -pocas- y muchos más casos de deslealtades, casi siempre argumentadas por sus actores en un maltrato profesional o un cambio en la relación de poder.

Cuando todo el mundo habla del caso Bárcenas, cuyo esclarecimiento y condena supondría una explosión en la línea de flotación del partido popular, surgen otros casos conexos y muy especialmente entre las diligencias  seguidas por este asunto  y las del caso Gürtel, que ya empiezan a ser de vieja memoria. Y sorprende que un personaje de la máxima influencia en el partido, extraordinariamente bien tratado económicamente y  con una larga trayectoria de servicios, se revuelva contra sus principales y facilite la publicación de las cuentas "B" del partido popular, porque no cabe entender otra  cosa distinta salvo que hubieran sido obtenidos por hurto. Y queda fuera de toda duda que las listas manuscritas publicadas por "El País" y reproducidas en otros medios son autoría del tantos años tesorero, tanto por el análisis grafológico como por los contenidos, algunos de ellos comprobados. Tan dura deslealtad tiene que responder a razones muy graves y poderosas, pese a que del "innombrable" solo indirectamente han trascendido posibles razones, pero no reveladas por el partido popular que se ha limitado a exponer aunque confusamente su situación laboral.

Pero no es el único caso de deslealtad. Con un perfil muy distinto el llamado caso Nóos arranca del enfrentamiento de dos socios de un sucio negocio, en el que uno de ellos se considera maltratado por la otra parte, dando a la luz pública los correos electrónicos cruzados entre ellos que comprometen no solo a Urdangarín sino también a otras personas.

En estos y muchos más casos desaparecen lealtades que parecían bien trabadas, como también ocurre en los casos de ceses de cargos políticos, en los que es frecuente pasar del ardor inquebrantable al aborrecimiento. La gente no entiende esas mutaciones de la noche a la mañana, pero tienen una explicación muy lógica. Las lealtades cautivas por el dinero o el poder, son frágiles. Pueden romperse en cuanto falta cualquiera de los dos vínculos y extraña que en el partido popular no lo supieran y pusieran remedio a tiempo. Porque desde hace más de dos años las relaciones entre el ahora ex  tesorero y la dirección del partido no eran buenas, y presagiaban lo peor: un chantaje no explícito que tiene acorralado al partido popular y a sus dirigentes.

Cuando la sociedad clama por devolver a la política todos sus componentes nobles y se establecen comparaciones con los años de la transición política española y su carga de honradez y altruismo, deberían tomar nota las organizaciones políticas y sociales de los elementos reales de la lealtad, que poco tienen que ver con el dinero o el poder. Una lealtad mercenaria, no es verdadera lealtad.
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