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Un tal Bergoglio

Un tal Bergoglio

miércoles 13 de marzo de 2013, 23:57h
Fue, en efecto, una sorpresa. Una sorpresa que acaso no debería haberlo sido tanto, porque ya tocaba que el mayor porcentaje de católicos en el mundo, los hispanohablantes, tuvieran 'su' Papa. Un latino, un argentino. En el que, por cierto, nadie había pensado, acaso por sus concomitancias -o por su no condena explícita, al menos-con el régimen terrorífico de Videla. O porque la partida se jugaba más fuerte entre Italia, los Estados Unidos y Brasil, ese país siempre lanzado a por todas en lo que a diplomacia y dominio del mundo se refiere. Bergoglio nos parecerá mejor o peor, pero, para quien esté en este segundo bando, digamos que menos mal que, sin duda, para la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, no debe haber sido una gran noticia el ascenso al papado de alguien con tan argentino nombre como Jorge Mario Bergoglio, que fue blando con la dictadura de los generales y duro con los Kirchner.
 
El tal Bergoglio -de él se hablará mucho, se ha hablado muy poco-va a tener un poder efectivo sobre el mundo, y no solamente sobre el que se reclama oficial u oficiosamente católico (ml doscientos millones de personas): el hombre que ocupa el principal despacho en El Vaticano es más que un jefe de Estado, más que un dirigente espiritual: es el líder de la cristiandad, el hombre que ejerce influencia sobre la espiritualidad, sobre el pensamiento, sobre la Historia occidental. Mucho más, en efecto, que un jefe de Estado como cualquier otro. Mucho más que los restantes inspiradores de una religión. Guste o no guste, el sucesor de Pedro no es un personaje importante como los demás personajes importantes: nadie en el planeta ejerce un liderazgo, para bien o para mal, positivo o negativo, sobre tal cantidad de gentes de todos los continentes. Y es de suponer que Bergoglio no va a ser un Pontífice de transición -pese a su edad: está a punto de cumplir 77 años--, alguien que se resigna a un papel continuista, sin asumir que el mundo está en un proceso de cambio acelerado, que nada puede ser como con Juan Pablo II, ni como con Ratzinger, pese a que Ratizinger no era precisamente alguien que se resignase a pasar inadvertido.
 
Y ese Papa resulta que es argentino, que comparte idioma, costumbres, historia, con otros cuatrocientos y pico millones de personas. El colectivo católico más importante, el que tiene más futuro y casi ya más presente. Dijo el ministro español de Exteriores, García Margallo, que ya era hora de que alguien hispanohablante ocupase la sede vaticana. Lo dijo antes de la 'fumata bianca' y ahora, se supone, debe de estar encantado, sea cual sea el pasado 'político' de este Papa Francisco . No es, ahora, lo más importante. Lo más importante es el futuro, ahora que hemos entrado en una nueva era, en la que la Iglesia católica ocupará nuevamente un papel destacadísimo. Desde este periódico, que siempre se ha manifestado aconfesional y en el que todo el mundo puede opinar, en materia religiosa y política, como le plazca -los hechos son sagrados, la opinión, libre-damos la bienvenida a un tal Bergoglio, destinado, confiamos, a cambiar muchas estructuras arcaicas, muchos dogmas anticuados, no pocas creencias ancladas en un pasado imposible en este presente acaso aterrador, pero que admite la esperanza.

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