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Las lágrimas de Colau

Las lágrimas de Colau

miércoles 27 de marzo de 2013, 10:40h
Una fotografía vale más, dicen los cínicos del sector, que cien crónicas. No siempre estoy de acuerdo. La imagen de las lágrimas de Ada Colau, cabeza visible de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y animadora, a lo que parece, de ese escrache que lleva a llamar 'asesinos' a algunos políticos a la puerta de sus casas, puede significar muchas cosas. La más significativa, a mi modo de ver, que la señora Colau no puede hacer frente a su obvio exceso de protagonismo; se ha roto, haciendo buena la máxima según la cual para conocer a alguien hay que darle poder. El poder de Colau está en la calle, en la acción extrema, como aquel alcalde andaluz, el señor Gordillo, usted recuerda, arrastrando el carrito del pillaje en una gran superficie. Otra foto impagable, pero insuficiente, porque requería de una crónica explicativa, de algún tipo de glosa escrita.
 
Comprendo el hartazgo de amplios sectores de la sociedad española. El paro, el mileurismo, la falta de perspectivas, se suman a una manera de gobernar a los ciudadanos particularmente hermética, tradicionalmente poco transparente, y está claro que no me refiero (solo) al actual Gobierno, ni al anterior, ni al anterior al anterior; la democarcia, en España, siempre ha estado lejos de ser perfecta. Pero nada de eso justifica la inmensa difamación que supone plantarse a la puerta del domicilio de un político, o de quien sea, y gritarle, encabezando el coro de la plebe, 'asesino', algo que sin duda no es. O, ya que estamos, nada valida sellar las puertas de un comercio que quiere abrir un día de huelga. O, menos aún, asaltar un supermercado para, a lo Robin Hood de Marinaleda, repartir los alimentos entre los pobres.
 
Claro que comparar algunas de estas actitudes con las asesinas de esa ETA que falsamente renace ahora con amenazadores comunicados-brindis al sol (ETA está acabada y ya ni sabe hacer comunicados) es otra demasía, y entre demasías no puede transcurrir la vida política y social de un país, como señalaba Rajoy, diciendo que, así, el nuestro se convertirá en un país "invivible". No tuvo razón la habitualmente acertada delegada del Gobierno en Madrid cuando comparó el 'escrachismo' (el palabro es mío) con actitudes etarras. Entre otras cosas, porque de ahí a prohibir las manifestaciones de protesta en la calle (y Ada Colau y los suyos han protestado con lógica contra algunos abusos) va un paso, de ahí a calificar de terroristas a cuantos se oponen, vociferantes, a la política gubernamental, va apenas otro paso.
 
En Italia, los que protestan contra un estado demencial de cosas se hacen payasos o políticos. O ambas cosas. Lo mismo ha ocurrido en Francia. En Gran Bretaña, nacen partidos al borde del sistema democrático, pero dentro del mismo, al fin y al cabo. Lo mismo que en Holanda o en los países nórdicos. Claro que en todas esas naciones y sociedades se da la protesta ordenada. En España, el motín se llama 'indignados' -con los que simpaticé en su primera fase; imposible hacerlo en sus derivaciones posteriores--, se llama sanchezgordillismo -imposible sentir afinidad con esos métodos--, o se llama escrache, que es término nacido de la peor acepción de la movilización en el peor momento de la peor Argentina.
 
Se impone la reflexión. En las calles, plenas de gentes que protestan a muy justo título. En los partidos políticos, en los sindicatos, que deben -deberían-- ser los que encaucen  las movilizaciones ciudadanas. Y, claro, en los gobiernos, que han de darse cuenta de que hay que variar, y mucho, la manera de representar a los ciudadanos. Llamar 'filoetarras' a quienes protestan más allá de lo razonablemente aconsejado por una democracia templada es un boomerang que se vuelve, como toda exageración, contra quien lo arroja. Las lágrimas fanáticas, desbordadas, de la señora Colau armada de su micrófono tampoco sugieren el sosiego que reclama una sociedad en vertiginoso cambio, en tránsito hacia quién sabe dónde, en inquietud por el futuro. Aquí están fallando demasiadas cosas; en nuestros representantes, sí. Pero también en eso que llamamos la sociedad civil, que, aunque sea cargada de razones, comienza a desbordarse.


>> El blog de Fernando Jáuregui: 'Cenáculos y mentideros'>>
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  • Comentarios

    Últimos comentarios de los lectores (5)

    19547 | felipe - 29/03/2013 @ 10:29:46 (GMT+1)
    Repartir por igual a un adulto y aun discapacitado social sólo denigra a quien pretende pontificar desde su poltrona conformista. ¡Lástima la forma de desaprovechar el megáfono que le brinda la sociedad y así mostrar apoyo al necesitado sin tener que recurrir al carrito de la compra.
    19520 | Rosa Paredes - 28/03/2013 @ 13:55:06 (GMT+1)
    Mi queriodo Robin Hood. Ayer "aclarando conceptos", me olvidé de tí. Te dejé nadando en el tintero. Vamos pues a ventilarte antes de que se seque la tinta. Dice la leyenda que robabas para dárselo a los pobres. Pues déjame que te diga algo importante. Ahora en nuestro siglo, tienes "imitadores" ¡ya lo creo que sí! Los hay que te emulan y tiran del carro para entregárselo a los que tienen el frigorífico vacío. Haciendo un inciso, reconozco que tendrían que usar métodos "menos descafeinados", pero bueno, lo que cuenta es que ayudan al prójimo y como dice la parábola, "dar de comer al hambriento" Amigo Robin, las cosas por estos parajes andan muy mal y hemos llegado a unos extremos muy alarmantes. Algún día tú y yo, tendremos una extensa charla y te pondré "más detalladamente, al corriente del asunto". Quiero hablarte de otros que te imitan.¡ Esos sí que roban a mansalva y no tienen perdón de Dios! La diferencia que existe contigo, es que ellos roban y se lo quedan. ¿Y sabes a quién roban? a los pobres. Como verás, se han invertido los términos. Muchos de tus imitadores, no trabajan solos. Tienen a sus espaldas una tropa con la que repartir. Se está trabajando duro en la corte para que esos bandidos vayan a parar a las mozmorras del castillo. No sé en que parará la cosa porque percibo que anida en este asuntillo, mucho paso de caracol. Tú te escondías en los bosques. Éstos intentan, por todos los medios, traspasar fronteras... Pues todo ésto te cuento, querido amigo. ¿A qué alucinas en colores? Tranquilo. Te seguiré informando acerca de lo que vaya aconteciendo con esos forajidos mangantes que roban a diestro y siniestro para llenar sus propias arcas. Chao
    19498 | Rosa Paredes - 27/03/2013 @ 20:10:39 (GMT+1)
    Sr.Jáuregui, tras leer su artículo entrecomillé varias frases que me han llamado la atención: "se impone la reflexión" "la sociedad civil comienza a desbordarse" "menciona al gentío que sale a la calle a protestar" "subraya actitudes de unos cuantos Robin Hood" etc.etc. Vamos por partes. Está claro que Vd.no forma parte de ese grupo numeroso de gentes que se "desbordan." invaden las calles y portan pancartas, por muchos y muchos motivos justificados.¡No hay trabajo y, por tanto, escasea la pela para ir a comprar viandas al supermercado y dar consuelo a ese estómago que protesta! ¡Largan con una falta total de humanidad a las gentes a las calles a merced de las duras inclemencias del tiempo! ¡El Sastrecillo Valiente y sus aprendices de taller, se pasan el día haciendo recortes de tijera y vaciándonos a los desgraciados,/ entre los que me incluyo/ lo poco que tenemos! Si yo le contara... ¿Sabe Vd.quién tendría que reflexionar viendo como se hunde la barca y nos lleva a pique? El gobierno, pero no, ellos, y otros muchos, tienen las espaldas bien cubiertas y les molesta que la gente haga ruido y ejercite sus derechos de la manera que sabe y puede. ¡Si hay que salir a la calle, se sale y si hay que desbordarse, se desborda! Reconozco, no obstante, que hay momentos que se pierden los nervios y se producen escenas fuera de lugar. Don Fernando, ¿sabe qué pasa? que el ciudadano se cansa de estar parapetado tras el dique de abrigo sin hacer nada de nada y expuesto a que esas olas gigantescas que crecen y crecen, los envuelva y los arrastre al mar. Ya vale de tanto pañito caliente en la gangrena. ¡Si hay que tomar medidas drásticas para que no se llegue a cortar, se toman! No quisiera dar la imagen de agresividad, pero le puedo decir que estoy harta de todo en general. Es muy elástico cuando no se carece de nada, protestar por los que protestamos. Lo único que percibo es que a medida que van transcurriendo los días, por parte del Gobierno no se soluciona nada de nada. Al contrario. Cada vez es más la desidia y la miseria que nos rodea. Paro, desahucios, recortes... es cansino todo y termina produciendo aburrimiento. ¿A quién le importa?. Termino exponiendo una escena que presencié una tarde de verano desde la ventana de mi salón. Grupos de personas felices y volando cometas de colores en el Monte de San Pedro./lo tengo enfrente de mi ventana/ Al otro lado de la calle, mendigos hurgando en los contenedores de basura. Una de esas personas y de edad avanzada, cogió una manzana medio podrida, la limpió en la manga de su chaqueta y le dió un mordisco. El zumo le resbaló por la comisura de los labios. Un niño de corta edad, miraba la escena con envidia... Estas son las escenas que vemos día a dia. Unos tiran, y otros recogen. ¡Que hartazgo de tanta miseria moral, injusticias de todo tipo, ausencia total de fraternidad de unos hacia otros... Todo sigue igual. Sinvergüenzas que se están pegando la vida padre a costa de estafar y engañar a la gente decente y honrada, y que no tienen castigo a sus villanías. Con sucias argucias y artimañas, terminan librándose de ir al talego que es donde tendrían que estar. Me aburre decir siempre lo mismo. Creo que ya no voy a volver a escribir mis paridas. Las dejo para otros. Se acabó la historia. FIN. http://rosaparedes-rosa.blogspot.com
    19477 | kroker - 27/03/2013 @ 13:21:15 (GMT+1)
    Amén.
    19475 | Argantonio - 27/03/2013 @ 12:11:21 (GMT+1)
    Vale calificar de desmesuradas tanto las reacciones de los ciudadanos desesperados como las de los políticos desbordados por esta situación. Pero, sr. Jáuregui, nuevamente le pierde su empeño en no mancharse, usted siempre en su nube de equidistancia racional. Al menos reconozca que las desmesuras de los políticos (de cualquier color, especie o matiz) son mucho más criticables que las de los ciudadanos: los primeros cobran (de los segundos), prometen (a los segundos), "sirven" (a los segundos), les piden el voto (a los segundos), están obligados (con los segundos). En definitiva, el nivel de exigencia ético debe ser mucho más elevado para con el político con el resto de los ciudadanos.

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